lunes, 14 de noviembre de 2011

MANUEL PALOMERO DIAZ

EL TIO PALOMERO.


Se llamaba Manuel Palomero Díaz, fue un hombre muy popular el la primera mitad del siglo pasado... que expresión tan distante para un cambio que se ha producido hace once años.

Era un tipo pintoresco, extraordinariamente popular, con los que la gente de Plasencia algunas veces se asombraba y otras se divertía.

Era alto delgado, impulsivo sin casi pelo en la barba. Se afeitaba, los cuatro pelinos de na, que tenía. Vivía a la salida de la puerta de Coria en una casa de amplio corral. Era un individuo entre genio y loco, así lo definen los que le conocieron. Trabajaba retocando a lápiz las fotografías que realizaba don José Diez en su estudio de la Plaza. Lo hacía hábilmente con la mano izquierda, pues la derecha la tenía inmovilizada como consecuencia de una hemiplejia o por la “paralís” como antiguamente la llamaban.

Palomero enseñaba a todo el mundo su mano izquierda, diciendo” que había sido estrechada por el gran pintor Joaquín Sorolla. Por algún motivo que desconocemos, Sorolla frecuentaba el estudio de José Diez, quizás por afinidad artística, ya que don José fue profesor de dibujo en el Instituto de Gabriel y Galán, cuando estaba ubicado en la calle Matías Montero, dando clase en los años cuarenta a los alumnos de primero segundo tercero y cuarto. En unas de las visitas de Sorolla al estudio de don José Díez, coincidió con Palomero a quién saludo y le felicitó por su habilidad por sus dibujos y el esfuerzo de realizarlos con la mano izquierda, que estrecho cariñosamente.

El tío Palomero estaba obsesionado con el imposible movimiento continuo, que relacionaba con una inventada y extraña teoría del que el peso era igual a la fuerza. Para desarrollar su postulado sobre tales elucubraciones mentales solo se le ocurrió comprarle un “tío vivo” a unos de los feriantes que había venido a unas ferias de Junio. El objetivo era aprovechar el motor del artilugio para intentar demostrar su descabellada ocurrencia. El “tío vivo” ya sin motor, lo instaló en el corral de su casa donde estuvo muchos años para extrañezas de los mayores y admiración de los pequeños, pues como el muro del corral no era muy alto y el corral se encontraba al principio de la bajada al puente de San Lázaro, los caballitos de colores se veían perfectamente desde la salida de la puerta de Coria, al final de la calle de Eulogio González.

Otras de las excentricidades de este personaje, muy conocida, fue la adquisición de una zorra y tratar de domesticarla. Le puso un bozal y la ató a un pequeño carro donde llevaba enjauladas unas gallinas, que luego intentaba vender, recorriendo las calles de Plasencia. Constituía un insólito y divertido espectáculo del que disfrutaba la gente que se cruzaba a su paso. Un día creyéndola en razón y ya domesticada, la dejo suelta en el corral, y como es también de razón, la zorra se comió todas las gallinas.

En cierta ocasión compró un caballo blanco a un rico de Plasencia, todo con el fin de ir a la feria de Sevilla, para presumir, lo paseo por toda la feria, regresando a Plasencia sin parar. Ni que decir tiene que el caballo murió reventado.

Estos detalles pintorescos que hemos descrito de este estrafalario personaje, es que para su recuerdo permanezca en lo posible, formando parte de esa singular historia anecdótica placentina.

Tan solo falta hacer una pequeña mención a su cualidad de dibujante, tan meritoria de una persona sin formación y trabajando con la mano izquierda, a lo que tuvo que acostumbrarse, con gran esfuerzo y mérito a consecuencia de su parálisis. Proliferó en este arte a la vista del tesón de sus principios, aunque fue posible que no fuese reconocido por la gente de entonces, dada la procedencia de los dibujos y las excentricidades de su autor.

Sus creaciones, la mayoría han desaparecido junto a la casa, posiblemente por el propio descuido del dibujante, poco afanado en prodigar sus trabajos en periódicos o exposiciones, aparte de su despreocupación por conservarlos. Unos de sus dibujos le mostramos en este trabajo, es la Plaza Mayor, y en su parte inferior tiene escrita una letanía que hay que repasar con lupa. Dice así:  Plaza de Plasencia 1910, pintada por un aficionado sin nociones de dibujo ni de pintura”. M. Palomero Díaz.
El dibujo tiene buena factura de perspectiva y ejecución, aparte de su gran mérito.

                 Departamento de divulgación y investigación de la A.C.P."PEDRO DE TREJO"
                                             "SEMBRANDO INQUIETUDES"




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