viernes, 26 de marzo de 2010

SEMANA SANTA PLACENTINA 2010

EL SÍMBOLO DE LA CRUZ.
El símbolo de la cruz existía en la antigüedad, hace más de 8 mil años. La cruz, en sus diversas formas, era conocida y venerada por todos los pueblos del mundo.
En los primeros años del cristianismo, la Cruz fue un símbolo perseguido, pues representaba una nueva religión que estaba prohibida por los judíos y por Roma ya que se oponía a las creencias oficiales de ambas. Para conocerse los primeros cristianos tuvieron que utilizar varios símbolos, entre ellos estaba la paloma, la palma, el barco, el pez, el cordero, el pastor, el áncora, etc.…
Una de las primeras representaciones del símbolo de la Cruz lo tenemos en un altar de Palmira, elevado en "honor de aquel cuyo nombre es bendito en la eternidad", en el año 134.
El término griego para "cruz" (stuaros; verbo stuarooμ; lat.lat. latín crux, crucifigo, “aseguro a una cruz”) significa en primer lugar estaca o viga vertical, y secundariamente estaca utilizada como instrumento de castigo y ejecución.
Según los historiadores, esta condena era practicada por los habitantes de Babilonia, Persia, Egipto. Los griegos adoptaron la crucifixión de estos pueblos antiguos, y de los griegos pasó a los romanos.
En tiempos de Cristo existían varios tipos de cruz: la “la crux commisa• (llamada cruz de san Antonio), la cual tiene la forma de una T mayúscula; la crux decussata (llamada cruz de san Andrés); la crux immissa, la cual es conocida como cruz de dos barras. Así mismo se empleaba el “stuaros” simple, el cual consistía en un poste de madera clavado en el suelo donde el condenado era clavado con las manos por cima de la cabeza
Las cruces estaban hechas de madera barata y dura, generalmente de roble u olivo. La “cruz immissa” se hacía de dos tablas toscas y fuertes, unidas en forma de cruz. Las cruces eran desde los 2 hasta los 4 metros de altura. Por delitos graves se crucificaba en cruces altas, por delitos menores en cruces bajas. A veces clavaba en la cruz una estaca en forma de cuerno, esto servía de asiento y era llamado “sedile” o “cornu,” sobre esta estaca el condenado se sentaba para que no se le desgarren los músculos de las manos en las muñecas. Con frecuencia, en lugar de un asiento, se clavaba debajo de los pies del crucificado un soporte, generalmente hecho de la misma tabla que la cruz, sobre el cual el desdichado se apoyaba. Este soporte se llamaba “suppedaneum lignum,” en griego “ipopodion.”
Para nosotros los católicos, la Cruz en que murió Cristo fue una “cruz immissa.” o Cruz latina., pero no todos los cristianos aceptan que fuese la “cruz immissa.” la Vera-Cruz. La ejecución se realizaba de la siguiente manera: luego de la lectura de la condena de muerte, escribían en una tablita la culpa por la cual era crucificado el condenado. Esta tabla era generalmente de color rojo, cubierta de yeso y la inscripción era hecha con grandes letras negras. La tabla se llamaba “titulus,” en griego “titlos.”
El evangelio de Lucas dice: "había sobre El una inscripción, escrita en palabras griegas, romanas y hebreas." "Jesús Nazareno Rey de los Judíos" (Lc. 23:38; Jn. 19:19).
En el templo de la Santa Cruz de Jerusalén se guarda un trozo del “titulus”, en el cual se pueden ver algunas letras en latín y griego. Las letras son de color rojo sobre fondo blanco.
Tiene un tamaño de 23 por 13 centímetros, y está muy deteriorada.
Según el tipo de cruz donde iba a ser crucificado, el reo llevaría la cruz completa, el madero horizontal, o ninguno si la ejecución se realizaba en el “stuaros” simple, el cual permanecía clavado sirviendo para todas las ejecuciones.
A los condenados se les solía azotar por el camino, con lo cual llegaban muy agotados, por lo que opondrían poca resistencia a la hora de la crucifixión.
La sujeción al madero se realizaba, según los casos, con ataduras de cuerdas o con clavos. Los clavos eran de acero, con puntas de entre 13 y 18 centímetros de largo aproximadamente con una cabeza cuadrada de 1 centímetro aproximadamente. Aunque en las representaciones modernas del Crucificado se ve con los pies cruzados y con un solo clavo, en las antiguas se mostraban los pies separados y clavados con dos clavos, incluso hay pinturas que se muestran los pies clavados en los laterales del madero y no de frente.
Con estos datos podemos hacernos una pequeña idea de lo terrible que tuvo que ser la muerte por crucifixión. Y comprendemos mejor el gran sacrificio que realizó Jesucristo por nosotros.
Nosotros, los cofrades de la Santa y Vera Cruz, debemos de tener en cuenta que la Cruz es solo y exclusivamente un símbolo de la Pasión de Cristo, y no un objeto de culto por si mismo.
Las reliquias del Lignum Crucis que se conservan en distintas iglesias, solamente tienen valor porque se supone que estuvieron en contacto con el cuerpo de Nuestro Señor.
Son cada vez más los teólogos que nos advierten de este fenómeno, llegando a decir que “La cruz ha recibido un culto similar, si no igual al de Cristo; este madero sagrado es adorado casi igualitariamente a Dios mismo”
La adoración esta solo y exclusivamente reservada a Dios y todo lo demás es idolatría.
Sepamos ver en nuestro símbolo identificativo de cofrades, la representación de Dios Verdadero que es la finalidad de la Cruz.
José Antonio Pajuelo Jiménez y Pedro Luna Reina
Hermanos cofrades de la Santa y Vera Cruz de Plasencia
Departamento de divulgación  e investigación de la A.C.P."PEDRO DE TREJO"
                                    "SEMBRANDO INQUIETUDES"

jueves, 18 de marzo de 2010

JUAN BREBOS




Don Román Gómez Guillen (+), Canónigo Prefecto de Música, de la catedral de Plasencia, escribió en su época un articulo que fue publicado en el periódico El Regional, sobre Juan Brebos, organero flamenco. Dicho articulo lo reproducimos a continuación.



UN ORGANERO FLAMENCO EN PLASENCIA
Tuvieron gran fama en el siglo XVI los organeros flamencos, que en aquella época gozaban de gran prestigio. A este respecto, escribe muy acertadamente González Amezúa lo siguiente: “La organería extranjera era entonces bien conocida en España, como vemos por la expresa alusión a los “mestres flamenchs” cuya perfección de trabajo es elogiada y puesta como modelo. Muy conocidos son Giles Brebos y sus hijos — que por encargo de Felipe II construyeron los órganos del Monasterio de El Escorial, familia de la que nos da cumplida noticia el eminente musicólogo holandés Dr. Vente, gran conocedor y apasionado defensor del órgano clásico español”. (Ramón González Amezúa y de Noriega, “Perspectivas para la Historia del Organo Español”, Madrid 1970, pag. 14). Por desgracia aquellos órganos ya han desaparecido.

¿Quién fue Giles Brebos?. Un célebre constructor de órganos flamenco, llamado también Mase (o Maese) Giles y Mesagiles, y que al parecer, llamóse realmente Giles Brebos. Trabajó en Lovaina, Amberes y España. Entre otros órganos famosos que construyó figuran, como antes hemos apuntado, cuatro para los dos coros de El Escorial. Murió en 1584. Datos que hemos tomado de J. Ricart Matas. (“Diccionario Biográfico de la Música”, pag. 399.)

Uno de sus hijos, Juan continuó la tradición de su padre en España cuidando los órganos de propiedad real. Y precisamente este fue organero de nuestra catedral de Plasencia a principio del siglo XVII durante varios años. Organero, como podemos ver, de verdadera categoria Bien lo merecia nuestra catedral, centro esplendoroso de música por aquel tiempo, a pesar de estar el Cabildo más que agobiado en las obras de la catedral nueva. Pero para la música no se escatimé nada. Y magnífico ejemplo a seguir en la actualidad.

De este famoso organero hemos encontrado los siguientes datos:
“Cometieron a los señores Mayordomos y Visitadores de la Fábrica y don Diego de Aguilera, Chantre, hagan que este maéstro de aderezar órganos, criado de Su majestad que ha venido por orden del Cabildo, adereze todo lo que fuere menester de los órganos y Realexo de esta Sancta Iglesia.” (Archivo Catedral, Actas Capitulares, libro 17, fol. 472,v°)Sucedía esto en viernes, 26 de abril de 1602.
Antes de esta fecha encontramos otro documento que dice así: “Cometieron al Sr. don Diego de Carvajal, Tesorero, embíe a llamar al Maestro de aderezar órganos que está en Alcántara para que aderece el órgano y Realexo.” (Actas Cap. Libr. Cit. Fol440)Data este documento de 22 de enero del mismo citado año 1602.
¿De que organero se trata en el precedente documento? ¿Es acaso Juan Brebos? ¿O se trata de Horacio Fabri, de ascendencia italiana, que anteriormente trabajó en la catedral y con quien tuvo relaciones el Cabildo por este mismo tiempo? A pesar del esfuerzo que hemos hecho en este punto, nos ha sido imposible aclararlo.
Con fecha 15 de mayo de 1602, encontramos otra referencia sobre Juan Brebos que exponemos a continuación:
“Ordenaron y mandaron que se de libranza en Racionero Braceros, Mayordomo del Cabildo, para que a cuenta de lo que la Fábrica de esta Sancta Iglesia ha de haber en el partido de Bejar, de y pague CINCUENTA DUCADOS a Joan Breboz, Maestro de Órganos del Rey Nuestro Señor, por el trabajo y aderezo que ha hecho y puesto en los Organos y Realexo de esta Sancta Iglesia y que con la dicha libranza se lo pase en cuenta de los dichos mrs (maravedíes) el Sr. Mayordomo y Obrero Mayor de la Fábrica.Entraron los Sres. don Joan de Henestrosa, arcediano de Trugillo, Pedro Martínez, coadjutor, Dr. Pila y Diego de Sosa Solano, canónigos.
Cometieron al Sr. don Diego de Aguilera, Chantre, y Sres. Visitadores de la Fábrica Joan de Lobera y Lic. Benavides, canónigos, traten y concierten con Joan Breboz, Maestro de Órganos del Rey Nuestro Señor, venga cada año una vez a esta ciudad a templar y aderezar los órganos y Realexo de esta Sancta Iglesia y le señalen el salario que les pareciere y con el concertaren y sobre ello hagan y otorguen la Scriptura o Scripturas necesarias y para ello les dieron comisión bastante y a cada uno in solidum.” (Act. Cap. Libro 17, fol. 478, V0)
Dos años más estuvo Juan Brebos de organero de nuestra catedral, ya que en mayo de 1605 aparece en tal cargo Juan Francisco Fabri, hijo, como creemos, del citado Horacio Fabri y que se establecieron de un modo permanente en nuestra ciudad. De ellos hablaremos en mejor ocasión.
Los órganos que cuidó Juan Brebos eran los que había en la catedral vieja, trasladados ya a la nueva desde que esta se abrió al culto público en 1578. Uno de estos órganos, precisamente el grande, habia sido construido por el celebre organero Cristóbal Cortejo a principios del siglo XVI, unos cien años antes.
Es muy oportuno divulgar estos datos ahora que nos hemos embarcado en esta noble empresa de restaurar el único órgano que tiene nuestra catedral. Otro excelente organero de nuestros tiempos se encargará de llevar a feliz término esta obra, para lo que hemos firmado ya el correspondiente contrato. Para ello ya se está trabajando fuera y pronto veremos trabajar en la misma catedral. Queremos revivir esta gloriosa tradición organero y organística de Plasencia, pero necesitamos una cooperación económica aun más eficaz por parte de los placentinos.

No vale cruzarse de brazos y no vale exigir cuando no se da nada. Es cosa de todos; una vez más nuestra apremiante llamada a favor de esta obra que ha de dar esplendor y nobleza a la catedral y a Plasencia.

                Departamento de divulgación e investigación de la A.C.P.”PEDRO DE TREJO"
                                                SEMBRANDO INQUIETUDES



miércoles, 10 de marzo de 2010

SEMBLANZA A DON DEMETRIO

La muerte de D. Demetrio a todos nos ha conmovido. No temía la muerte, es verdad, pero amaba la vida, y aportaba razones para mejorarla. Ofrecía su fe, su amistad, su capacidad de comunicación y sacrificio, su compromiso tenaz por dignificar a las personas y a las instituciones, así como su inteligencia para leer los signos de los tiempos.
Fue, ya sabemos, hombre inteligente, lúcido y comprometido; nunca callaba si es que tenía que hablar. Brilló con luz propia en todos los campos pastorales que desarrolló -porque fue ante todo sacerdote-.en las parroquias, también en las pequeñas, como pastor; en la Diócesis, como Vicario; en el Seminario y Centros de estudio, como profesor; en las comunidades religiosas, como capellán y confesor; en los Movimientos eclesiales, como promotor -tales como Cursillos de Cristiandad, Equipos de Nuestra Señora, Pastoral de la Salud, Vida Ascendente-... Fue siempre incansable, de mucho temple y voluntad; no ahorraba fatigas ni sacrificios. Llegó a ser el mejor conocedor de la Iglesia diocesana: No hubo pueblo que no visitara, sabía los caminos y los atajos. Le gustaba la geografía, conocía la rosa de los vientos, le gustaba contar y calcular.

Defendió siempre un tipo de católico más activo, más responsable y más comprometido, “incluso, pensando en el laico, en lo social y político. Fue una de sus ideas fuertes en la pastoral
De su talante espiritual, aparte de su fe -una fe muy bien cultivada en todos los campos- y de su gran amor a la Iglesia, yo quisiera destacar dos cosas: La austeridad, realmente significativa; y la humildad, que pudo chocar con algunas de sus actitudes en los primeros tiempos -D. Juan Pedro decía que le quería gobernar-; supo madurar en línea de misericordia, supo retirarse y dar paso a otros, quiso escoger para sí lo pequeño, lo que nadie quería... Debió ser lo más costoso para él, dadas sus capacidades.

En lo que atañe a la parroquia de El Salvador, trabajó en ella hasta el agotamiento a lo largo de 25 años (1956-1981) La primera entrevista con el párroco, el venerable D. Julián Polo, resultó chispeante: “He enterrado a más de un coadjutor que venía con deseo de sucederme”. Este joven coadjutor era inteligente y activo, tenía iniciativa y empuje, era incansable trabajando y haciendo trabajar. Se ganaría el título de “piloto”.

En la parroquia empezaron a surgir nuevas realidades y grupos, como la Junta parroquial, germen del futuro Consejo de Pastoral; las Visitadoras, caridad sensible y despierta; las Conferencias de S. Vicente, los grupos de A. C., incluso de jóvenes, chicos y chicas que alegraban la parroquia con múltiples actividades, la Escuela parroquial, Guardería, Movimiento Scout, Hoja parroquial, vehículo de comunicación parroquial; la renovación de las catequesis y de la liturgia...

Fue un gran acierto la adquisición de la antigua casona-escuela del famoso Don Bonifacio, que sirvió de sede parroquial; hoy convertida en viviendas, despachos y salones
La obra más significativa fue la restauración del templo parroquial, ya viejo y deslucido. Fue como un símbolo de otra restauración más profunda de la comunidad.. Ahora todos se admiran contemplando esta obra digna, que tiene estilo y espíritu, pero no todos saben cuántos sacrificios y desvelos se sembraron en ella. D. Demetrio fue un gran sacerdote, que brilló con luz propia en nuestra Iglesia diocesana y más allá. Guardamos esta luz en nuestros corazones, -recordando-.

SOBRE RUEDAS.
Hombre sin pereza, extraordinariamente activo, le gustaban los rosarios de la aurora y las procesiones mañaneras, bocina en mano, lanzaba al aire saludos despertadores, cantos del Ave y piropos a la Virgen.
El día trabajado en busca de la verdad, sembrando la belleza. La noche siempre era joven para él, abierta a la broma y la confidencia, tertulia de amigos, trajeados de gozosa intimidad.

No tenía miedo al frío, apenas usaba el abrigo, quizá tenía dentro mucho fuego, como decía Jesús a Teresa: “Yo soy tu verdadera calor
Se le vio primero montado en una Guzi, para llegar pronto a la llamada pastoral; después será un SEAT 600, buen instrumento para dar cauce a su dinamismo apostólico a lo largo de las carreteras diocesanas.
Venía a ser lo que el borriquillo fue para Jesús. Al que viaja en borrico o en Seína se le mira con simpatía y con esperanza, porque así son las cosas de Dios.
Su corazón apostólico le hizo correr mucho, cuántos kilómetros sólo él, buen contador lo sabe; eran carreras para sembrar y extender el Reino de Dios. Ahora llegó ya a la meta, fatigado y roto, pero contento, después de 82 años de peregrinación, -el 3.2.20 10- entró en la Jerusalén dichosa, no en un burrito, sino en el Mercedes de la fe, bien equipado con amor, con mucho amor.

                 Departamento de divulgación e investigacion de la A.C.P."PEDRO DE TREJO"
                                            "SEMBRANDO INQUIETUDES"







miércoles, 3 de marzo de 2010

IGLESIA Y CONVENTO DE SAN VICENTE FERRER.(SANTO DOMINGO)



Este convento de San Vicente Ferrer lo mandaron construir los duques de Zùñiga don Álvaro de Zùñiga y su segunda mujer doña Leonor de Pimentel, por el año de 1.464.
Cuenta una vieja tradición que mandaron construir el convento por haber recibido del santo el milagro de resucitar al hijo de los duques don Juan de Zùñiga, el cual llegó a ser Maestre de Alcántara a los 14 años, a Cardenal Arzobispo de Sevilla y murió electo para Santiago en el año 1.504. Su capelo de cardenal está colgado del crucero de la iglesia. Nicolás Díaz y Pérez, en su libro “El Plutarco Extremeño”, dice que se erigió para conmemorar el nacimiento de este hijo. Este D. Juan fue el último Gran Maestre de Alcántara, ya que renunció de su cargo a favor de los Reyes Católicos los cuales lo ostentaron desde entonces. En el orden cronológico ocupó el puesto 37 de Gran Maestre de Alcántara.
El convento se empezó a construir en el año 1.473, y se terminó en el año 1.487. El autor de los planos fue Pedro de Ezquerra, y su hijo Juan fue el autor de la escalera al aire. El cantero Pedro González fue el maestro de toda la obra. Este cantero era natural de Plasencia y esta considerado el mejor cantero de la ciudad. Este hombre era viudo y al terminar el convento entró de fraile en el mismo.
Aunque fueron los duques los que lo oficialmente lo iban a costear, no fue bastante el dinero que tenían y tuvieron que recurrir al Papa, Sixto IV, el cual concedió que los bienes del casi extinguido convento de San Marcos, las fundaciones de doña Sevilla de Carvajal, para religiosas, la de doña Catalina Jiménez, para un hospital, y otras que aun no estaban ejecutadas ni cumplidas las voluntades de sus fundadores. Todas fueran a parar para la ejecución de la iglesia y convento. También hay que reseñar que la mota o fortaleza que había en el solar donde se realizó el convento era de la ciudad y por lo tanto el Duque se apropió de terreno público para su uso particular.
Este Papa conocía a la duquesa de cuando era cardenal y se llamaba Francisco de la Rovera, y vino a Castilla como procurador general de los franciscanos, en esa época fue protegido de la duquesa.En la catedral se conserva una imagen de este Papa, está en la primera columna entrando por la puerta norte.
Así y todo tampoco fue bastante, y la duquesa se dirigió al rey D. Enrique IV. el cual expidió una cédula por la cual concedió un Juro perpetuo de Servicio y Montazgo en el puerto de Malpartida, de 50.000 mrs. a beneficio del convento.

Al final la realidad fue que los Duques pusieron muy poco dinero suyo para la edificación del citado convento, pues se apropiaron con artimañas de todas las fundaciones que se iban a realizar en la ciudad. Estas fundaciones tenían bienes en casa y fincas para que se realizaran, pero la Duquesa se los quitó y no se realizaron nunca más. Entre los bienes que se apoderó la Duquesa estaban los del priorato del convento de San Marcos con sus casas, rentas y haciendas. La dehesa de Mironcillo, la mitad de Valtravieso, parte de la de Paniagua, la heredad del Berrocal, la cuarta parte de la dehesa de Aldeanueva de Beringues, la octava parte del molino de Tajabor, la dehesa de la Herguijuela, la de Guadalerva, la de Mari-Juan, la de la Bazagona, etc. En 1.462 se apropiaron los Duques del pago de la moneda foránea, que fue también a parar al convento.
Así mismo pasaron al convento las grandes fincas de olivos
El día 13 de abril de 1.487 se bendijo la iglesia y el convento y tomaron posesión de ellos los frailes dominicos. Estos frailes ya estaban en la ciudad desde hacía casi trescientos años, y al cambiarse de convento, el antiguo pasó a llamarse Santo Domingo El Viejo, este viejo convento estaba emplazado detrás de la ermita de San Miguel, frente al quinto cubo contando desde la Puerta de Talavera a la del Sol. Estaría en lo que hoy es la Avda. del Valle, cerca del Caño Soso.
Como este convento estaría en muy mal estado, la Duquesa mandó construir otro pequeño en el año 1.468, pero suficiente para los frailes que había en ese momento en la ciudad. Este segundo convento estuvo habitado durante unos veinte años. La calle donde estaba situado este segundo convento, recibió su nombre pasando a denominarse calle de Santo Domingo el Viejo, cerca de la calle Ancha. Por lo tanto, los Dominicos tuvieron en la ciudad tres conventos, aunque no simultáneamente, sino uno tras de otro.
Fue muy famosa la biblioteca del tercer convento pues estaba considerada una de las mejores de su época.
Los primeros libros fueron los de la biblioteca de Rodrigo Carvajal y Nieto, caballero de Santiago, su entrega la realizó Gonzalo de Carvajal y Trejo, con poderes del propietario. Se entregaron 2.809 libros, entre manuscritos e impresos, relativos a los santos Padres, biblias, glosas, libros griegos, hebreos e italianos.Estos libros estaban en la biblioteca de la casa del Berrocal.

Para darnos una idea diremos que un apéndice de ella era la biblioteca entera del don García de Loaysa, arzobispo de Toledo. Por herencia llegó a su sobrino D. Pedro de Carvajal, obispo de Coria y este la dejó en su testamento al convento en el año 1.750. Esta entrega se realizo como pago de cierta deuda que tenía D. Diego Esteban de Carvajal, el cual puso como condiciones del pago la obligación de no vender ningún libro jamás, excepto los que pudieran resultar duplicados, y aun esos habían de ser exclusivamente de las secciones hebrea, griega e italiana. Así mismo impuso otra condición, la cual fue que se pusiera un rótulo en la biblioteca que dijese así:

El señor García de Loaysa arzobispo de Toledo e maestro del príncipe Don Phelipe III dejó su librería a sus sobrinos Don Pedro de Carvajal, Dean de Toledo y Obispo de Coria y Don Álvaro de Carvajal Capellán y Limosnero Mayor de S. M. y Abad de Santa Leocadia, electo Obispo de Zamora. Los cuales la dexaron al señor Don Diego Esteban de Carvajal y Nieto, Comendador de Castroverde de la Orden de Santiago su sobrino. Y su hijo Don Rodrigo Ignacio de Carvajal, cavallero de la dicha Orden la entregó a este convento con algunas cargas, como consta de escriptura. Año de MDCL.”

Hoy en día se conserva una parte de esta biblioteca en el convento dominico de San Esteban de Salamanca. Otra parte importante está en el Escorial, pues en 1.739, reinando Felipe V., salió un cargamento de libros sin que se sepa el número que lo componía. La segunda salida de libros para el Escorial se realizó en el año 1.753, en virtud de la orden dada por el ministro de Estado, José Carvajal y Lancáster, el cual comisionó a Ascensio de Morales para recoger documentos por todo el país con el fin de escribir una nueva historia de España. El total de volúmenes enviados a Madrid fue de 146, y a cambio de ellos la comunidad recibió una serie de libros que previamente habían solicitado, pero que no fueron de su agrado.
De los libros que se mandaron a Madrid, se cree que un 60% fueron catalogados, y el resto, muchos de ellos sin encuadernar, se perdieron.
Uno de los libros que fueron enviados al Escorial fue el manuscrito de “Los Cien Capítulos”, de este manuscrito solo se conocen 4 ejemplares. El manuscrito de Plasencia está catalogado con el nº Ms.8405 BNM.
Este libro de Los Cien Capítulos es uno de los principales ejemplos de prosa sapiencial castellana. En el año 1.960, Agapito Rey hizo una nueva edición de esta obra.
Con la ocupación francesa en la ciudad, (1.808) se terminó de perder lo poco que quedaba de la biblioteca. El convento fue utilizado como cuartel de las tropas gabachas y los destrozos que realizaron fueron acompañados del expolio de las obras de arte que les gustó, las cuales se fueron a Francia, sin que se sepa nada de ellas.
(D. Virgilio Vegazo, Deán del Cabildo de la Catedral ha estudiado la ubicación de esta biblioteca de Santo Domingo, y es el autor de los datos aquí recogidos.)
Los estudios realizados en este convento estaban adscritos al convento de San Esteban de Salamanca, y convalidados por la Universidad de Salamanca, por lo cual podemos decir que en este convento de San Vicente estuvo la primera universidad de Extremadura. Estaba dotado de Cátedra de Teología Moral, para la cual estaban destinados exclusivamente cinco religiosos del convento. Así mismo se estudiaba Filosofía y Estudios de Arte. En el año 1.628 fue elegido como uno de los conventos para los Estudios Generales de la Orden Dominica.
En 1.606 para adecuar los estudios y comportamientos sociales a los Estatutos y Privilegios de los Colegios Mayores, pidieron al Papa Pablo V que "calificase esta casa con estatuto de limpieza, para que no pudiese vivir en ella ninguno que fuese de linaje de judíos o moros, ni de otra ninguna secta nuevamente convertido a la fe, ni penitenciados por el Santo Oficio", estas peticiones se fundamentaban en que así los que estudiasen en el convento adquirirían " más nombre y fama de limpios y calificados" pues se tenía el proyecto de traer a Plasencia el Santo Tribunal de la Inquisición que estaba en Llerena, y los frailes que pertenecieran a el tenían que estar totalmente fuera de sospechas de tener sangre de judío o moro.
La iglesia tiene una nave magnifica, de estilo gótico tardío y cinco capillas laterales, donde se enterraban las familias importantes de la ciudad. Cuenta Antonio Ponz en su viaje por España: “En una de estas capillas (la de San Juan), se ve un magnífico sepulcro consistente en un nicho adornado con dos columnas corintias a cada lado; sobre una urna hay una estatua de rodillas, ejecutada en mármol y con armadura de lo más excelente que yo he visto por España desde que se hicieron las Bellas Artes, llena de gracia, grandiosidad y expresión, de suerte que manos y cabeza parecen obra de antiguos griegos."
Esta estatua representaba a don Martín Nieto, Bailio de la orden de San Juan de Malta, de las Nueve Villas y comendador de Yébenes, que falleció en el año de 1.597. En 1.810 las tropas francesas decapitaron y arrancaron las manos de la estatua y quemaron las capillas y retablos de la iglesia.
Hoy en día se puede admirar los restos de esta magnífica obra en la entrada del Parador de Plasencia.

Esta Capilla del Sagrado Corazón, se llamó antes de Santo Tomás y San Juan Bautista, y fue propiedad de don Pedro Barona, hijo de don Iñigo Barona y Pacheco, Caballero de Alcántara. Este don Pedro vendió la capilla a la familia Nieto, la cual hizo en ella sus enterramientos, entre ellos el del célebre Bailio y Canciller de la Orden de San Juan de Malta, don Martín. (J. Rosado)

Como nota curiosa diremos que el duque fundador del convento e iglesia dejó en su testamento la siguiente manda:
Quiero y mando que cuando Nuestro Señor pluguiere llevarme de la presente vida que mi cuerpo sea sepultado en el monasterio de3l Señor San Vicente de la orden de los predicadores que yo y la duquesa doña Leonor mi esposa que Dios tenga en su santa gloria mandamos hacer y edificar en la my ciudad de Plasencia. Y mando que me sea hecha una noble y rica sepultura con un bulto de alabastro con todo lo demás que pareciere que fuere necesario según pertenece a mi estado y según fuese bien visto a mis testamentarios”.
Pues a pesar de la manda testamentaria, de haber edificado el edificio y de quedar testamentarios para realizarlo, nunca se hizo el túmulo de alabastro ni ningún otro para el duque, simplemente se le enterró en la cripta que posee la familia en los bajos de la iglesia.
La cabecera de la iglesia es pentagonal, y está separada del resto de la iglesia por unas empinadas escaleras.
La fachada es más moderna, del año 1.577, la realizó el maestro Juan Álvarez, es de estilo compuesto, con cuatro columnas y un ático encima, en el frontal se pueden observar los escudos de la Orden Dominica y de los fundadores.
El retablo del altar mayor es de estilo renacentista, esta compuesto de tres cuerpos de diez columnas clásicas jónicas y corintias. lo adornan 12 pinturas de la escuela española del siglo XVI, debidas al pintor placentino Miguel Martínez, ayudado por su esposa Luisa de Quintana.
El claustro es de estilo isabelino; se adorna con escudos papales y de los Zúñigas y Pimentel, en el aun se conservan algunos trozos del artesonado mudéjar
Todo el convento es de piedra de sillería, dando una imagen de gran fortaleza.
En la antesacristía se puede contemplar una escalera renacentista muy singular: es toda ella de piedra, y haciendo el vuelo en forma de cuadro, no se apoya en ningún lateral. El tercer arco es el más espectacular, al tratarse de un arco carpanel en bajada.
Encima de la escalera hay una inscripción que dice así: Juan Álvarez 1.487. Este Juan Álvarez fue aparejador de la catedral en el año 1.574. Esta escalera es conocida en la ciudad con el nombre de “Escalera al aire”.
En la sacristía se conserva un panel de cerámica de Talavera, del siglo XVI en el cual está representada la pasión de Jesucristo. Este panel de azulejos tiene gran valor artístico, se atribuye al artista flamenco Juan Flores. El friso consta de 1390 azulejos, tiene una anchura de casi diez metros, y una altura en su centro cercana a los cinco metros. Este panel está dividido en ocho apartados en los cuales se ven diversos santos como San Pedro, San Pablo, Santa Catalina, Etc...
También se pueden ver estos azulejos en el refectorio (comedor), en el cual hay un zócalo de azulejos talaveranos pintados, del siglo XVI. Al destinar el convento a Parador Nacional, se han subido estos azulejos más altos para evitar el roce de las personas con ellos y así preservarlos del desgaste.

El órgano, o los restos de lo que quedan de el, lo construyó en el año 1.756 D. Francisco de Yustas, (el cual era muy famoso construyendo órganos). La caja del órgano la realizo Francisco Gómez de Aguilar, y la doró Alfonso de San Juan. Costó toda la obra 30.000 reales.

En el solar de lo que hoy es el convento, había una mota o fortaleza mora y una sinagoga judía, esta mota y la sinagoga fueron destruidas al edificarse el convento. Nos encontramos con la curiosidad de que el mismo solar ha servido a las tres grandes religiones monoteístas. Aunque el convento está desde su creación bajo la advocación de San Vicente Ferrer, en Plasencia se le conoce como el convento de Santo Domingo, debido a la larga permanencia de los Dominicos en él. Los Dominicos tenían tanto poder que consiguieron del Papa Gregorio XIII, que el día de su patrón, Santo Domingo, se considerara fiesta en las poblaciones donde ellos tenían conventos. Así en Plasencia, en el sínodo que convocó el Obispo Noroña, en el año 1.582, se dice textualmente:

"A çinco de Agosto, dia de Sancto Domingo, solamente en esta çibdad, por aver monasterio suyo en ella por propio motu de Gregorio deçimoterçio, so pena de pecado mortal. Y se a de guardar asimismo en otra qualquiera parte deste Obispado donde aya dicho monasterio."
Las Cofradías del Santísimo Rosario, Niño Jesús y la Soledad, tenían su sede en este convento. La cofradía del Santísimo Rosario tenía por misión el fomento del Rosario ente la población, no olvidemos que el creador del Rosario fue Santo Domingo, patrón de esta orden. La capilla de esta cofradía tenía concedido por el papa Pio IV jubileo plenísimo el día de San Vicente Ferrer (segundo domingo de julio) y el día de Pascua de Resurrección.

Si se visitaba esta capilla en los días nombrados, habiendo confesado y comulgado, se conseguían los siguientes beneficios: Remisión de todos los pecados, aunque fuesen muy graves y enormes y reservados a la sede apostólica, excepto los que se contenían en la bula “In Coena Domini”.
Quedaban perdonados todos los votos que se hubiesen hecho y no se hubiesen realizado, excepto los de visitar Roma, Santiago de Compostela y Tierra Santa, así como los de castidad y religión.
Este jubileo se podía ganar para vivos o muertos, es decir, que la persona que lo ganase lo podía aplicar por el alma de un difunto, con lo cual iría al cielo casi con seguridad, o bien por un enfermo que no pudiese visitar dicha capilla.

En el año 1.838 se mandó bajar las campanas de este convento, pues las autoridades del momento no querían que sonasen, alegando que su sonido molestaba a los obreros.
Los dominicos estuvieron en este convento hasta la desamortización de Mendizábal. Después de la Guerra Civil lo habitaron los Claretianos y después llegaron los Servitas, los cuales estuvieron hasta su cierre.
En esta iglesia fundó el sacerdote D. Eladio Mozas Santamera la cofradía de la Santísima Trinidad, la cual estaba representada en una de las capillas laterales. Este sacerdote fue el fundador de las monjas Josefinas.

Esta iglesia de San Vicente Ferrer se cerró al culto en el año 1.988, y en el año 1.989, se firmó la cesión del templo por parte del Obispado, a la Junta de Extremadura.
La cesión se hizo por un periodo de 99 años, y la Junta se comprometió a su restauración y mantenimiento.
El Obispo Aceves, autorizó el desmantelamiento de los altares, objetos, imágenes, y accesorios del templo; se llegó a quitar incluso varias rejas de las capillas laterales, que fueron a parar a otras iglesias de la diócesis.

NOTAS SACADAS DEL LIBRO DE BECERRO DEL CONVENTO DE SAN VICENTE FERRER
Crescencio Palomo, O.P.
Con la desamortización se abandonó el convento, los libros que se salvaron fueron a parar al convento de las Dominicas de esta ciudad. Se conservan en un arca llamada “El Arca de San Vicente”

El fondo documental está compuesto por 14 libros, entre ellos el llamado Becerro, del cual copiamos lo siguiente:
En el año 1550 Gabriel Rena, vecino de Plasencia, vendió a este convento un pedazo de corral que él tenía en su casa que lindaba con casas de Cosme Gutiérrez y con el sitio y gradas del convento. Costó esta casa 46 ducados. Posteriormente fue derribada para hacer la Plazuela delante de la portada del convento.
En el año 1620 compró el convento una casa que estaba delante de la puerta de la iglesia, lindante con las escaleras que bajan a la calle Coria, esta casa se compró para derribarla y dar mayor espacio a la fachada que se tenía que construir y así mismo conseguir más anchura en las citadas escaleras.
En el año de 1655 don Gonzalo de Carvajal y Trejo, en nombre de don Rodrigo de Carvajal y Nieto, caballero del hábito de Santiago, donó a este convento 2.809 libros entre manuscritos e impresos. Había entre ellos escritos de los Santos Padres, bíblias, glosas, libros griegos, hebreos e italianos. Esta fue la base de la biblioteca del convento, ya que su total era de tres mil y pocos volúmenes.
Otro legajo contiene lo siguiente: Compra de unas casas solares y corrales que nos vendió el Deán don Diego de Jerez, que alindaba con un solar nuestro y con los palacios de don Fadrique de Zúñiga para que de ellas pudiésemos hacer la iglesia y entrada para este convento, sobre dichas casas tenia el cabildo mayor de Plasencia 300 maravedíes de censo y tributo y 3 pares de gallinas de censo y tributo. La venta se realizó en el año 1.517 y costaron 200.000 maravedíes.

Don Juan Antonio Menjibar dejó en su testamento que se hagan en este convento unas escuelas, con tres generales de arte y una grande de teología, para lo cual hizo venir un maestro de arquitectura el cual tasó la obra en 3.000 ducados. Así mismo mandó que se pusiese una losa de cantería con la siguiente inscripción: Estas escuelas fundaron y mandaron hacer a su costa el licenciado don Juan Antonio de Menjibar, prebístero, abogado de los Reales Consejos que primero fue regidor perpetuo de esta ciudad de Plasencia, y doña Estefanía Yánez, su mujer y eligieron por patrona a su madre santa Rosa de santa Maria. Este mismo señor donó al convento un olivar en el sitio que llaman de Valdesoriano, que lindaba por arriba con la finca de la Florida y por abajo con la heredad llamada de la Trucha, por un lado con la dehesa de la Vinosilla y por el otro con el Camino Real.

En el año 1586 vendió el convento la capilla de santo Tomás a don Pedro de Godoy Vergara. El dinero que pagó fue de 450 ducados, el cual sirvió para ayuda de la obra de la escalera que estaba haciendo que sube del claustro a los dormitorios, (parece ser la escalera de la sacristía, llamada ”Escalera al aire”, aunque también podría ser la otra que va a la celda del padre prior).

En el año de 1586 concedió el convento permiso a la señora doña María de Zúñiga, marquesa de Mirabel, esposa que fue de don Luis de Zúñiga, para que pudiese abrir una puerta a la calle en su capilla de santo Domingo el Viejo. Parece ser que a esto se opusieron bastante de los frailes del convento alegando que se perdería el recogimiento de la iglesia, al final se le concedió previo pago de 41.240 maravedíes al contado y 1.120.500 maravedíes cuando el convento tuviese agua, comprada o dada por la ciudad para meterla en este convento, y esto de la manera siguiente: que llegado el caso de dar la ciudad agua a este convento, su señoría ha de traer la dicha agua a su costa desde el arca de la Fortaleza hasta el patio de su casa. Si por algún motivo no se trajere el agua, su señoría está obligada a dar al convento los 1.250.000 maravedies, (cosa que así sucedió), y además con estas otras condiciones:

1º - Que la puerta se hiciese a su costa.
2º - Que habían de hacerse dos puertas, una a la calle, de la cual tendría la llave la Marquesa, y la otra puerta que corresponde a la capilla y de la cual solo tendría llave el sacristán del convento.
3º - Por esta puerta solo podrán entrar la Marquesa, su familia e invitados para oír misa.
4º - Cuando su señoría o sus hijos estén en la ciudad, el padre sacristán tendrá la obligación de abrir la segunda puerta todas las mañanas.
5º - La puerta que da a la calle (de la cual tiene llave su señoría), deberá estar siempre cerrada, salvo cuando su señoría o sus descendientes vinieren a la iglesia.
6º - Cuando su señoría o sus descendientes quisieren venir a la iglesia por la tarde, tendrán que comunicarlo al padre sacristán para abrir la puerta de adentro.
En el año 1615 pidió el convento permiso para abrir una puerta en la muralla, en el sitio donde estaba el corral del convento, se alegó para esto que era indecente entrar los carros por la portería que está inmediata a la puerta de la iglesia. Su Majestad lo concedió y se hizo un arco de piedra de sillería, tiempo después se cerró y se volvió a abrir, cerrándose definitivamente en tiempos del rey Felipe V., cuando las guerras con Portugal.
En el año de 1.533 este convento cambió a don Fadrique de Zúñiga dos casillas que poseía junto a la fuente de san Nicolás por un solar que tenía arrimado a la pared de la iglesia y a su casa de las Bóvedas. Este solar se empleó para hacer plazuela y cementerio y dar ornato a la iglesia.

             DepartAmento de investigación y divulgación de la A.C.P."PEDRO DE TREJO"
                                        "SEMBRANDO INQUIETUDES"








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Jose Antonio:Médico. Pedro:Industrial,Documentalista. Pero sobre todo, y desde hace cuatro décadas, personajes incansables rescatando el recuerdo de nuestras raíces culturales. Nuestro deseo es compartir esa experiencia, con el ánimo de continuar con la herencia de nuestros antepasados.