jueves, 23 de julio de 2009

JOSE MARIA DIEZ OLIVARES


Nació D. José María Diez Olivares, en la ciudad de Mérida el 19 de marzo de 1825. Miembro de una familia pobre pero distinguida, hubo de sentirse luego victima de cruel desgracia quedando huérfano de padre en edad muy temprana y al cuidado de su madre y de otros cinco hermanos a quienes cuidaba y sostenía con decisión, amor y entereza impropios de sus escasos años y de sus escasos recursos. Así se consagró en Cáceres al Magisterio, haciendo con desacostumbrada brillantez sus estudios, mientras que dedicaba en otros ramos todos sus esfuerzos al sostenimiento de su dilatada familia.
Termina su carrera con las mas altas calificaciones, hizo oposición a la escuela pública superior de esta ciudad, vacante a la sazón con otras, y tales fueron sus ejercicios que mereció ocupar el primer puestos de la terna, siendo nombrado y posesionándose de ella, si mis datos son correctos a finales del año 1849.
Trasladose a Plasencia con toda su familia y poco después contrajo matrimonio por poder, en Cáceres, con la señorita María Josefa Guerra, perteneciente a una bien reputada familia de aquella capital.
Desde entonces, se consagró a la constante práctica del magisterio, con verdadera conciencia de su misión insigne y la escrupulosidad y vocación de un verdadero sacerdote, compartiendo tan duros deberes con los tiernos cuidados de la familia y los afanes del estudio.
Enviudó muy joven, quedándose con el legado de sus tres hijos varones, y algún tiempo después, contrajo segundas nupcias con nuestra distinguida paisana D.ª María Zancudo, de ilustre y honrada familia, consiguiendo ser un matrimonio envidiable, de este llegaron otros tres hijos.
En resumen, la vida de este ilustre profesor, puede condensarse en estas frases, amó con idolatría a su familia, a sus amigos, y a sus discípulos; les consagró todas sus fuerzas y tras esa vida de inmaculada honradez y titánicos sacrificios lego a los suyos la gloria de su nombre. inteligencia privilegiada, talento clarísimo y profundo, ilustración extraordinaria, originalísima sagacidad de ingenio, sublime elevación de sentimientos humanitarios, modestia, humildad, ingenuidad incomparables; padre ejemplar, modelo de esposos, de amigos y de ciudadanos
Fue un notable publicista, numerosos periódicos acogieron en sus columnas los frutos preciados de su inteligencia, entre ellos. La Ilustración Republicana Federal de Madrid; El Extremeño y El Cantón Extremeño, donde colaboro con el pseudónimo de Camilo Ruiz; como rica prueba de sus privilegiadas aptitudes, publicó la preciosa colección del semanario satírico político, que se editó en Plasencia en el año 1869 con el titulo “El Tío Lilailas”. También nos dejo publicadas algunas obras didácticas en la que figura un tratado elemental, metódico y razonadísimo de Gramática Castellana en dos pequeños tomos y otro de Ortografía, así como composiciones líricas y poéticas que fueron incluidas en diversas publicaciones
En atención, al celo, método y resultados de su enseñanza recibió distintos premios por los años 1869 y 1871, haciéndose mención de ellos en la Gaceta Oficial de Madrid. Falleció el 13 de Enero de 1877, cuando tena 62 años.


Departamento de Recopilacion y Divulacion de la A.C.P."PEDRO DE TREJO"
SEMBRANDO INQUUIETUDES

jueves, 16 de julio de 2009

SERRADILLA " LA TORRE DEL RELOJ"


SERRADILLA –LA TORRE DEL AYUNTAMIENTO
Una de las más típicas imágenes por las que se reconoce al pueblo, y que sirve de presentación a Serradilla ante cualquier visitante, es "LA TORRE DEL AYUNTAMIENTO" o "TORRE DEL RELOJ", como se la conocía más popularmente hace años. Todos conocemos este edificio, repetido en múltiples fotografías, de las que casi todos los serradillanos tenemos alguna en casa.
Lo que ya no saben ni conocen tantos serradillanos, es el hecho de que esta torre que ahora podemos observar no es la misma que ha presidido siempre nuestra plaza mayor y Casa Consistorial. Y lo que aún menos personas conocen, es la imagen de la antigua torre, que fue derribada en 1.917, y que ni era parecida, ni estaba exactamente en el mismo lugar que la actual. Sobre todo ello tratará el presente artículo, que informará a quien desee conocerlo y quiera saber un poco más sobre nuestra historia local.
Yéndonos algo más atrás en el tiempo que cuando sucedieron los hechos que nos ocupan, recordaremos que cuando en 1.557 fue Serradilla declarada independiente de la jurisdicción de Plasencia, el Concejo acordó construir Casa Consistorial y una plaza donde colocar el Rollo o "picota", donde figuraban los símbolos de la villa (cuatro cabezas de lobo y la cruz). Para ello eligieron un lugar céntrico y suficientemente extenso, encontrando así como más adecuada una huerta que era propiedad de la Parroquia. La Iglesia la cedió mediante la oportuna escritura de censo.
El Concejo cortó por donde le convino, y así la huerta fue convertida en plaza de la villa y en su lado norte se construyó el ayuntamiento o Casa Consistorial.
Algunas personas creen, o han oído hablar alguna vez de que este primitivo edificio no tuvo torre; extremo que no he podido confirmar por ningún medio. Desde aquí hacemos un llamamiento por si alguien pudiese asegurarnos esta circunstancia.
En las obras realizadas a lo largo del tiempo en el edificio del ayuntamiento, nos encontramos con la realizada en el año 1.885. En esta obra se acometió una reforma a fondo de todo el edificio, aunque no parece que fuese necesario derribarlo.
En el pleno celebrado el 7 de diciembre de 1.884 se expresa la urgencia que requiere la realización de estas obras, y habiendo crédito suficiente en la Casa Consistorial se encarga a una comisión de concejales que estudie la situación del inmueble y, a falta de arquitecto municipal, haga presupuesto y proyecto de obras. Todo con carácter de urgencia.
En su extenso informe hacen una detallada lista de las obras de mejora inmediatas e imprescindibles, que precisa el edificio. No hablan de derribo, pero nombran como urgentes el cambio de la mayoría de las vigas de los "dobles", todas las puertas y marcos, las escaleras, su balaustrada de madera, los balcones, apertura de otros nuevos, de más ventanas, arreglos de los corrales, de las paredes medianeras con otros inmuebles,... así como la nueva construcción de habitaciones para archivos, juzgado y cárcel. Todo ello lo valoran en un total de 2.750 ptas., que distribuyen en 1.150 la carpintería, y 1.600 la albañilería.
El 27 de enero de 1.885 acuerdan el pliego que reúne todas las condiciones de obras, así como su terminación y lo exponen al público.
El 1 de marzo, en reunión celebrada al efecto, se adjudican las obras a dos vecinos de Serradilla: Demetrio Barbero Alvarez (albañil) y Antonio Fernández (carpintero) por el montante antes indicado.
En ningún lugar de informes, presupuestos o proyectos se habla de torre ni de reloj.
Sin embargo, once años más tarde, en 1.896 y siendo alcalde Diego Sánchez, la alcaldía recibe del Gobierno Civil una partida de dinero que, al parecer, ya antes se había solicitado para acometer unas obras de ampliación y reforma de la casa y escuela de niños y, también, para la adquisición y colocación de un Reloj de Torre.
Concretamente se conceden 2.200 ptas. para este segundo concepto. Ante ello es nombrada una comisión que estudia innumerables catálogos en fábricas españolas, suizas y francesas, pero no gustó ninguna, por lo que se sacó a subasta pública, pero " ... depués de examinar, dicha comisión, el sitio que ocupa el RELOJ VIEJO que va a sustituirse". De lo que se deduce que había reloj y debía hacer ya bastante tiempo, puesto que es necesaria su sustitución por el nuevo.
En el pliego de condiciones que sacan para las posibles casas interesadas en esta instalación, detallan minuciosamente cómo debe ser el engranaje del reloj: ejes, ruedas dentadas, grueso del cristal, piñones, duración de la cuerda, rodamientos, aros, pasadores,... así como que la esfera deberá medir 1,20 m. de diámetro, la campana pesar unos 130 kg y el martillo (que se ha de levantar 22 cm. para tocar las campanadas) pesará 9 kg. Por cierto que se especifica y exige la construcción de un templete de hierro con cuatro columnas de 2,5 m. de alto, rematado por una veleta, que será donde el relojero instale la campana. Y todo ello, con el reloj funcionando, por las referidas 2.200 ptas que mandó el Gobierno Civil.
Así ocurrió, que al finalizar el plazo de presentación, el 22 de agosto, se esperó en el Salón de Actos a que transcurriese la hora indicada, y nadie había hecho proposición alguna. Se declaró desierto y se dio nuevo plazo hasta el 1 de septiembre, con idénticas condiciones y con idénticos resultados. Ante esta situación se comunicó al Gobierno Civil, que optó por dar permiso para que hiciesen una adjudicación directa, sin subasta.
Por fin, Emilio Alvarado, un relojero de Béjar, fue encargado de la instalación del reloj de la torre, aunque lo hizo con una serie de "rebajas" respecto al pliego original: el reloj fue de 33 cm. de diámetro y aunque él instalaría el templete para la campana, los gastos del herrero serían por cuenta del municipio, así como los gastos que se ocasionasen de material de carpintería y albañilería.
El 7 de febrero de 1.897 la comisión "del reloj", compuesta por los Sres. Concejales D. Juan Rodrigo, D. Cándido Vega y D. Juan Julián Mateos dan cuenta y certificado de la terminación de la instalación. Son felicitados por su dedicación, y todos de acuerdo pagan a Alvarado el primer plazo establecido de 1.100 ptas; éste a cambio y en espera del segundo plazo, les ofrece una garantía de perfecto funcionamiento durante 6 años, salvo maltrato o imprudencia del encargado. Dando un salto en el tiempo llegamos hasta 1.917, donde nos hallamos con que un vecino, Ruperto Mateos Mateos, presenta ante el ayuntamiento una instancia en la que expresa su temor ante el estado ruinoso en que, a su juicio, se encontraba la "Torre del Reloj de la Villa", que amenazaba al edificio de su propiedad contiguo a ella.
El ayuntamiento, presidido entonces por el alcalde D. Juan Sánchez Recuero, encargó a un Maestro de Obras de Plasencia, D. Eugenio Mirón, para que dictaminase sobre el estado de dicha torre.
El informe no pudo ser más definitivo: se observaron numerosas grietas en la cimentación de los muros, debido a la baja calidad de los materiales que sustentaban el enorme peso; numerosos ángulos estaban desunidos y cedidos; los arcos de sujección agrietados... de lo que se deducía la amenazante ruina, por lo que a fin de evitar desgracias, ya que se temía el desplome de la misma tarde o temprano, recomendó que se procediese a su reforma y arreglo de forma inmediata.
Se nombró a una comisión de obras (8 de mayo de 1.917) para que estudiasen toda la documentación al respecto y examinase también la torre. Comisión de obras que emitió su informe en un pleno celebrado el día 10 de junio, reconociendo el estado ruinoso tanto exterior como interior, así como que en caso de desplome aplastaría, sin remedio, el inmueble adosado a ella, propiedad de Ruperto Mateos.
En esta ilustración que acompañamos se puede ver el aspecto de la primitiva torre. Está tomada de una fotocopia hecha de una fotografía antigua, que por su mala calidad apenas permitía una buena observación. Por ello hemos sacado el dibujo a mano alzada, siendo lo más file posible a lo que se podía ver en esa fotocopia.
Pero sigamos con la historia. Tras dar su dictamen tan negativo, esta comisión recomendó que la torre fuese demolida en su totalidad, ya que las reparaciones no evitarían la ruina. Recomiendan también la construcción de una nueva torre, para lo que aportaron informe, presupuesto y plano de la misma, que fueron examinados por los concejales, hallándolos adecuados y acordando su aprobación por unanimidad.
El presupuesto total del derribo y nueva construcción (que permanece en los archivos municipales, escrito de puño y letra) se estimó en 1.894,81 ptas. ("de las de entonces"). Como curiosidad, incluimos los precios de algunas partes de la obra:
· - cimentación completa....................................................................... 15,00 ptas.
· - los solares de baldosas de los dos pisos de la torre y de un pasillo..... 10,95 ptas.
· - levantar las cuatro caras de la torre...................................................707,04 ptas.
· - el lucido completo, con cal, de las 4 caras ........................................ 124,84 ptas.
Como hemos observado en la ilustración anterior la torre actual varió de sitio unos metros respecto a la anterior. Ello se hizo para evitar problemas futuros con los vecinos colindantes, como el que había dado lugar a esta situación , además de ganar espacio interior para otras dependencias.
Del pliego de condiciones para optar a realizar la obra (que consta de hasta 31 puntos a cumplir por el contratista) entresacamos algunos: parte de los materiales los pondría el ayuntamiento (piedras, algunas vigas de hierro, cal, algunos ladrillos y baldosines); el desmontaje del templete y maquinaria del reloj no lo harían los albañiles; el ayuntamiento nombraría un vigilante de obras al que contratista y peones habrían de obedecer, bajo castigo de multas de 5 a 15 ptas, incluso podrían ser despedidos... así hasta las 31 citadas.
El 29 de agosto de 1.917 se abrieron las plicas presentadas, que según figura en el acta correspondiente fueron tres:
.- Sinforiano Alonso, por 1.358 ptas.; .- Isidoro Ropero, por 1.493 ptas; .- Marceliano Díaz, por
1.494 ptas.
La obra fue adjudicada al maestro albañil Sinforiano Alonso.
Pocos datos más hay sobre esta obra. El desarrollo de la misma no fue impedimento para que el ayuntamiento siguiese realizando su trabajo en el mismo edificio.
Agustín Sánchez Rodrigo, en "El Cronista", comentó algunos breves detalles: el 5 de diciembre de 1.917 ya estaba acabada la mampostería de la torre, aunque aún faltaban la ornamentación y el revoque. En 1.918, el 5 de marzo nos dice que ya se está terminando, tan sólo falta el lucido de la fachada. El reloj... "hace unos días que lo están montando los afamados relojeros Hermanos Luengo, de Plasencia, que han limpiado y reparado la maquinaria, quedándola como nueva." Posteriormente ofrecía un diálogo que, sobre la nueva torre, tenía lugar días más tarde, entre los vecinos de Serradilla:
" - Mia que ha queau bonita la torri del reló.
- Ya paici estu una capital; te digu yo a tí que está buenu.
- Y la campana pa llamal, se devi de tocal muchu mejol.
- Lo que se ha vistu es que se toca demá de bien."
Hablan estos serradillanos de la campana, refiriéndose a su nueva ubicación, ya que en la antigua torre no existía lugar para ella, sino que estaba situada en una espadaña al lado y se tocaba mediante una larga cuerda (al estilo del "esquilón" de la iglesia o de Santa Catalina), por lo que costaba más trabajo realizar repiques con el badajo, como se hace hoy al llamar a fuego o anunciar la salida del toro en las capeas de las fiestas.
Los restos y escombros de la obra se aprovecharon para arreglar el suelo de la plaza, de lo que se encargó una comisión nombrada al efecto. También por entonces, con este arreglo y nueva imagen de la plaza, se acordó retirar el Rollo y trasladarlo al Ejido, cerca de San Antonio. Aunque después se abandonó la idea, ya que como todos sabemos éste se derribó en 1.932... pero esa es ya otra historia.
Fuentes: Archivo Municipal, Revista "EL CRONISTA".
Departamento de Divulgacion e Investigacion de la A.C.P."PEDRO DE TREJO"

SEMBRANDO INQUIETUDES.

lunes, 6 de julio de 2009

ORIGEN DEL NOMBRE DE TORNAVACAS




Los orígenes de Tornavacas se remontan a la época de los vettones, siendo en ese tiempo un asentamiento de pastores pues su situación es envidiable ya que está situada en la cima de un puerto teniendo en sus cercanías los frescos pastos de la sierra y las abrigadas tierras de la dehesa extremeña.
En tiempos de los romanos fue un asentamiento militar con su “catrum militari” para controlar el paso del puerto.
El primer nombre conocido de Tornavacas fue el de Villaflor de las Cadenas. El actual, posiblemente, le fue dado por la batalla contra los árabes en el siglo X.
Lo acontecimientos de dicha batalla fueron los siguientes:
El rey leonés Ramiro II batallando con los árabes llega al puerto de Tornavacas con la intención de conquistar el valle del Jerte, pero se encuentra con una fuerte oposición de las tropas sarracenas cordobesas acaudilladas por Ahmad Ben Yala. Los primeros enfrentamientos tuvieron lugar en el sitio llamado “La Vega del Escobar”. Al ser rechazados cada vez que intentaban avanzar, idearon una estratagema consistente en atar unas teas encendidas a los cuernos de las numerosas vacas que pastaban en esa zona, y por la noche azuzarlas hacia el campamento enemigo, dando al mismo tiempo grandes gritos y haciendo mucho ruido, para hacer creer a los árabes que era un ataque de una numerosa tropa cristiana. La idea tuvo éxito y el ejército agareno salió en estampida hacia la población de Ambroz, hoy Plasencia. Una vez que las vacas rebasaron el campamento, se dispersaron en la noche, y las tropas cristianas volvieron a su asentamiento esperando la llegada del día para ver el resultado de la estratagema.
Al clarear el día vieron como los animales, guiados por su instinto, volvían a sus lugares de pastoreo, y de hay que al verlas llegar pronunciaran la frase de “ya torna las vacas”, frase que daría lugar al nombre actual del puerto, y población.
Cuentan que cuando el cartógrafo don Tomás López recorrió estos lugares en el siglo XVIII., se le comunicó la existencia de una inscripción latina en lo alto del puerto que decía lo siguiente:
"Iluminatio mea terruit turbas maurorum sarracenorum que fugere fecit
Dicha inscripción se perdería y hoy no se sabe nada más de ella.
En el siglo XIV, concretamente el día 6 de junio de 1369, el rey Enrique II de Trastámara, como otros mucho reyes anteriores y posteriores, para pagar la ayudas que les prestaban los nobles en sus continuas guerras, desgajó el terreno que rodeaba al puerto de Tornavacas, el cual era propiedad de la ciudad de Plasencia, y se lo regalo a la casa de los Álvarez de Toledo, los cuales ya eran señores de Valdecorneja, Jarandilla y Oropesa, estas dos últimas también sustraídas de las Tierras de Plasencia.
Después de varios confirmamientos por distintos reyes la propiedad del señorío de Tornavacas llega a los duque de Frías, los cuales lo pierden por desaparecer los señoríos en el siglo XIX.
Como recuerdo de la batalla de la Vega del Escobar queda el escudo de Tornavacas, en el cual podemos ver dos vacas con dos teas encendidas en los cuernos, así como el ajedrezado de los Álvarez de Toledo-


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