sábado, 28 de junio de 2008

IGLESIA DE SAN JUAN


DATOS SOBRE LA IGLESIA Y BARRIO DE SAN JUAN DE PLASENCIA

La iglesia de San Juan fue fundada después de la batalla de las Navas de Tolosa, a principios del 1200, esta iglesia fue la parroquia de Malpartida de Plasencia, que por esas fechas se consideraba un barrio de Plasencia. Dejó de serlo a mediados del siglo XVI que el obispo Vargas Carvajal edificó una iglesia en el pueblo.

Saliendo a la derecha empezaba el barrio morisco del Toledillo, donde existía una pequeña mezquita, la cual a finales del siglo XVI fue convertida en la ermita de Santo Tomás Apóstol, y que en el siglo XIX era un mesón. Más adelante estaba el barrio de las Tenerías, lo que más adelante se llamó El Barrio Nuevo, en el cual se asentaron las barrerías y ollería de la ciudad, las cuales estaban en San Juan, pero los obligaron a trasladarse porque el humo que producían estropeaba los órganos y el retablo de la Catedral.

Hortelanos - La festividad de San Juan era muy festejada por este gremio, pues en esta fecha se cambiaba la justicia del colectivo. Solían celebrar las hogueras en la Plazuela de Carreteros, donde quemaban las esteras, serones, albardas y demás enseres viejos.

CHINATOS
En el año 1.550 Malpartida de Plasencia deja de ser un barrio de la ciudad y pasa a ser una entidad con jurisdicción propia. Al ser un barrio de la ciudad tenia su parroquia en la iglesia de San Juan, la cual estaba presidida por una imagen del Bautista. Como se construyó una iglesia en Malpartida, se decidió que la imagen del Santo se pasara a esta nueva iglesia, a lo cual se opusieron los placentinos. Los chinatos vinieron una noche a Plasencia, sacaron la imagen del santo y se la llevaron a Malpartida, una vez allí se celebró una misa delante de la imagen con lo cual tomaban posesión de ella.
Los placentinos al enterarse salieron detrás de los chinatos, pero estos se defendieron en el puertecillo que comunica las dos poblaciones, y en las peleas que se produjeron fue cuando se quedaron con el nombre de “ Chinatos” los habitantes de Malpartida, pues tiraban a los de Plasencia grandes piedras y les decían que eran “chinas”.
El día 16 de Abril de 1.409, en el arrabal de San Juan, se fundió la campana llamada Alta Clara, la cual estaba quebrada, de ella se sacaron dos campanas llamadas San Gervasio y San Protasio, y se le colocaron asas nuevas a la llamada Camacha. Costó 4.000 mrs., la catedral costeó el gasto de los operarios y seis pares de fuelles de ferrero.

Cuenta Barrio Rufo que cuando el era monaguillo de la catedral tuvo lugar un hecho que se consideró milagroso: Estando arando don Vicente Sambade y su criado en la finca de San Marcos, la cual estaba en el Barrio de San Juan, sucedió que de repente la yunta que el tenía se quedó clavada en el suelo sin moverse por más que la azuzara y castigara. Al mirar que es lo que sucedía para esta extraña forma de comportarse los bueyes vio en el suelo un copón con dos o tres formas. Llamó a su criado y de rodillas adoraron al Santísimo, acto seguido salió corriendo a la ciudad para comunicarlo a las autoridades. Al llegar las autoridades recogieron el caliz y las formas y se lo llebaron a la ciudad, una vez allí se miró para ver de donde procedía este caliz, y se vió que era de esta iglesia de San Esteban.
Parece ser que alguien lo robó y después viendo que no lo podría vender, decidió abandonarlo en pleno campo y así quitarse la prueba de su fechoría. Estos hechos sucedieron en las primeras décadas del siglo XIX. En el lugar de los hechos se hizo un cuadrado de piedra de aproximadamente un metro de altura, con una inscripción en la cual se leía el suceso allí acaecido. Este cercado de piedra duró hasta mediados del siglo XX, en el cual se hicieron bloques de viviendas encima del lugar del hecho.
El cáliz robado fue devuelto a su iglesia y hoy se le puede ver en el museo de la catedral.

IGLESIA DE SAN JUAN BAUTISTA O SAN JUAN DEL ARRABAL

Esta iglesia data del siglo XIII, su bóveda es de ladrillo y su estilo es de principios del gótico con muchos apuntes románicos.
D. Diego Gómez de Almaraz, el cual se enterró en esta iglesia, dejo en el año 1.406 una dehesa, cinco casas una huerta y dos viñas, con la condición de que se cantase una misa de la Santísima Virgen todos los sábados y aniversarios de sus familiares allí enterrados. Entre estos familiares estaban su abuelo, Juan Alfonso de Almaraz, Blasco Gomez su padre, Juan Alfonso su hermano y Esteban Fernandez del Bote su tío. El enterramiento de D. Diego Gomez era un hermoso lucillo de mármol blanco sobre el que estaba la figura yacente de D. Diego con traje militar. Este monumento funerario de vendió en el siglo XIX por el precio de 1.250 pesetas.
Los encargados de celebrar la misa sabatina eran los miembros de la Universidad de Curas de Plasencia, los cuales una vez finalizada se reunian en la sacristía de la iglesia para celebrar su cabildo semanal.
Esta iglesia era la parroquia del pueblo de Malpartida de Plasencia, cuando esta población era un barrio de la ciudad, los beneficios que producía este pueblo, que según Barrio Rufo, era de los más pingues de la diócesis, pertenecían a esta parroquia de San Juan. Al independizarse este pueblo de Plasencia perdió San Juan sus beneficios y para compensarle se le agregaron los de la villa de Almaraz.
Cuando se expulsó a los moriscos en el año 1.609 quedó casi sin feligreses. Durante la guerra de la Independencia fue quemada la cercana iglesia de San Miguel, por lo que su feligresía fue añadida a esta parroquia de San Juan.
En las revueltas de los comuneros, quemaron estos unas casas en lo que hoy es la Plaza de Ansano y como se extendió el fuego también quemaron la iglesia de Santa Isabel. A los incendiarios se les puso 120 ducados de multa, que fueron a parar al Cabildo de Curas con la condición que hiciesen un altar a esta Santa en la iglesia de San Juan, y así lo hicieron, colateral al de armas de los Reyes Católicos, al lado del Evangelio.
Por el año 1.860 se hundió el tejado, y el obispado en vez de arreglarlo, vendió la iglesia. La parroquia se trasladó a la iglesia de la Encarnación y después a la de las Claras hasta su extinción el 30 de junio del año 1.896.
Las losas de los sepulcros que había en el suelo de esta iglesia las empleó el alcalde republicano Evaristo Pinto para enlosar la calle de Santa Ana, en el siglo XIX.
En esta iglesia tenía su sede la cofradía de Nuestra Señora de Roqueamador, la cual era la más antigua de la ciudad. Esta advocación se importó de Francia, donde era originaria esta Virgen.
Vicente Paredes dice que por 1.900 era esta iglesia un cebadero de cerdos y después fue una fábrica de cerillas. En la segunda mitad del siglo XX el Ayuntamiento permutó el terreno de esta iglesia a sus propietarios por otro terreno municipal. Después de una controvertida restauración se ha recuperado de la ruina este emblemático edificio.
El campanario, o espadaña de esta iglesia estaba al lado izquierdo de la entrada, tenía dos campanas llamadas San Protasio y San Gervasio. Estas campanas se realizaron en el año 1.409,hoy se las conocen lomo la Cachorra y la Leona, y se encuentran en en la espadaña del Santuario de la Virgen del Puerto.
Fotos:Iglesia se San Juan , las campanas la Leona y La Cachorra.
SEMBRANDO INQUIETUDES. A.C.P. PEDRO DE TREJO.

domingo, 22 de junio de 2008

IGLESIA DE SAN MARTIN

Esta iglesia es tan antigua como la ciudad misma. En las jambas de la puerta que está próxima a la calle de la Tea, se puede leer: “Estos arcos fizo Joane era Domínguez, mayordomo. Era MCCXXVIII”. (Año del Señor de 1.200)
En la bula llamada fundamental, del papa Inocencio VI, expedida en el año 1.254, ya se hace mención a esta parroquia.
Considerada desde el punto de vista religioso, fue la que tuvo mayor número de clero, más solemnidades religiosas, considerables funciones y memorias. En esta parroquia se enterraron las mejores familias de la ciudad. Uno de los párrocos de esta iglesia pidió permiso al obispo para quitar las lápidas de mármol que llenaban el suelo; El obispo Casas y Souto que nada entendía de arte ni de historia lo autorizó, y se perdieron para siempre muchos datos para el estudio de la ciudad y su población.
De la antigua iglesia solo queda en la actualidad, las portadas que acusan el estilo ojival del siglo XIII, con reminiscencias del románico, y una ventana que daba luz a la nave colateral de Nuestra Señora.
Las reformas a que ha sido sometida han sido muchas. En el año 1.519 los ábsides central y derecho estaban casi destruidos, se construyeron de nuevo perdiendo entonces su apariencia de basílica romana con tres ábsides. En el año 1.557 se volvieron hacer grandes reformas.
La torre del campanario es gótica, y tiene la curiosidad de que la base de la torre es más estrecha que la parte alta de la torre; la campana de esta torre se hizo en el año 1.559, fue su autor Diego de Barcena, y para su construcción se le entregaron 10 arrobas de metal. (Se necesitó más metal para la construcción de la campana). Las campanas de San Martín tenían fama en la ciudad de ser las más sonoras y de mejor sonido.
El retablo se construyó a expensas del obispo Gutierre de Vargas de Carvajal, el cual colocó su escudo a los lados del retablo. El constructor de este retablo fue el maestro Francisco Rodríguez en el año 1.557. Se compone de zócalo, y tres cuerpos adornados con columnas compuestas, ángeles y guirnaldas. Tiene cinco hornacinas con diversos santos, siendo la central presidida por el titular, San Martín.
El retablo lo estofo, doró, y pintó, Diego Pérez de Cervera, vecino de Plasencia; se tasó este trabajo en 350.000 maravedies y tardó 17 años en realizarlo. (1.560 - 1.577). Fue ayudado por su hermano Antonio Pérez.
En el retablo del altar mayor de San Martín, hay 8 cuadros, de los cuales dos son más pequeños que los otros. De estos 8 cuadros se sabe con certeza que cuatro tablas fueron pintadas por Luis de Morales (El Divino) que era natural de Badajoz. Estos cuadros fueron pintados en Arroyo del Puerco (hoy Arroyo de la Luz), en el año 1.567, y fue su valor de 56.000 maravedies, o sea 1.652 reales y 94 maravedies. Los cuadros se terminaron de pintar en el año 1.570.
El retablo está presidido por una imagen de San Martín. La autoría de las otras pinturas es muy discutible ya que aunque no están documentadas, si parecen ser del mismo autor.
Las pinturas representan escenas de la vida de la Virgen: La Encarnación, La Visitación, La Natividad, La Epifanía, La Circuncisión, y San Martín partiendo su capa con un pobre.
Vicente Paredes Guillén informaba a la comisión de Monumentos de la Provincia de Cáceres a principios del siglo XIX, que se debería solicitar al obispo de la ciudad que tomase las medidas necesarias para la conservación del libro de visitas, también llamado del becerro, de la iglesia de San Martín.
En este libro se podía leer que en el año 1558 el obispo Gutierre de Carvajal nombra a Juan Correa mayordomo de dicha iglesia. Este Juan Correa fue luego canónigo de la catedral y escribió unos anales sobre Plasencia, dichos anales fueron de los que, años después, se valió Fray Alonso Fernández para escribir los suyos.
También estaba reflejado el pago de 300 maravedís que cobró Francisco Rodríguez, el cual era entallador, para que comprase una toza de castaño y con ella labrase una imagen del Señor San Martín. Dicha imagen es la que preside el retablo de esta iglesia.
A este mismo entallador se le mandó desmontar el retablo en 1556, para su estofado y dorado, cobró por ello 11 reales.
En el año 1558 se anota un pago de 3 reales realizado al pintor Córdoba, el cual encarnó el Cristo de la cruz de plata.
Se anota en el libro que el día 10 de abril de 1577, ante Juan de Prado, notario, Diego Pérez de Cervera, pintor, dijo: “Que por cuanto el hizo e pintó e doró y estofó el retablo mayor de la iglesia parroquial del Señor San Martín, y se tasó todo lo que hizo en 380.000 maravedís en 28 de enero de 1569, se da por pagado”.
Por los siglos XVI y XVII, era costumbre que los pasos de Semana Santa hiciesen el acto penitencial entrando dentro de algunas iglesias, una de ellas era ésta de San Martín. Como anécdota diremos que en una de estas procesiones al sacar de la iglesia a la imagen de San Juan, pegó esta con el arco de la puerta que da al Resbaladero de las Capuchinas, y a consecuencia del golpe se destrozó la cabeza de la imagen, por lo cual estuvo muchos años sin salir en procesión hasta que la repararon.
En esta iglesia estaba la cofradía de la Virgen del Puerto, cuya novena se celebraba en el mes de noviembre, y también celebraba Rosarios de la Aurora. La cofradía tenía tamborilero y pedidores propios.



SEMBRANDO INQUIETUDES. A.C.P. PEDRO DE TREJO.

jueves, 19 de junio de 2008

CRISTO DE LA VICTORIA

LA IMAGEN
Talla de madera, tamaño casi natural, abrazando la cruz con la mano izquierda, con la derecha se toca el corazón.
El pie izquierdo pisa una calavera, y la base de la cruz aplasta a una serpiente.
En el centro de la cruz se ve una corona, es un recuerdo de cuando estuvo en la Capilla Real de Madrid, en tiempos de Felipe IV.

FRANCISCA DE OVIEDO Y PALACIOS.
Nace en Plasencia, el año 1583, se bautiza en la iglesia de san Pedro. Al quedar huérfana se traslada a Trujillo. A los 20 años se va a vivir con unos parientes a Serradilla. Era miembro de la Orden Tercera de san Francisco, por lo cual se la denomina con el título de Beata.
Muere en el año 1659, a los 76 años de edad.
En Serradilla se dedicó a hacer obras de caridad. Le impactó mucho la muerte de una vida que solo tenía una estera como cama, y que al ir a levantar el cadáver este estaba pegado a la estera y se quedó la piel de la espada en ella. Ante este hecho decide fundar un hospital en el pueblo, para lo cual se marcha en 1630 a Madrid para pedir limosna en la Corte.
Al visitar la iglesia de Atocha se quedó maravillada de un Cristo que en ella había, y tomó la determinación de hacer una copia del mismo para llevarlo al hospital que quería fundar en Serradilla.
Se puso en contacto con el escultor Domingo de Rioja, el cual no la hizo mucho caso, pues no veía a Francisca con el dinero suficiente para pagar la talla.
La beata le pidió que le señalase el madero del cual saldría la Imagen, y una vez que lo vio, no se separaba de el. El escultor viendo tanta ansiedad, se decidió a tallar la imagen, y cuando la terminó, el mismo se quedó asombrado de su perfección, hasta el extremo de llega a decir: “ Esta no es obra mía, sino de Dios”.
Para recaudar fondos y que fuese adorada la Imagen, la puso al culto en la iglesia de san Ginés, donde creció tanto la fama de la talla que, llegó a oídos del rey, el cual quiso verla. Se trasladó el Cristo a la Capilla Real, donde fue durante algún tiempo visitada por el rey Felipe IV, y toda la Corte.
Cuando la beata, quiso recuperar la Imagen, se vio con muchas dificultades, teniendo que acudir a don Diego de Castrejón, el cual era Presidente del Real Consejo de Castilla, y que conocía a Francisca porque había sido Gobernador del Obispado de Plasencia, el cual consiguió recuperar el Cristo, llevándoselo a su casa hasta que fuera llevado a Serradilla.
El Cristo llegó a Plasencia en julio del año 1639 y, previo permiso del obispo don Plácido Pacheco, se instaló en la iglesia de san Martín. Fue mucha la devoción que inspiró en Plasencia la talla del Cristo, hasta el extremo de no querer permitir su traslado a Serradilla a pesar de los requerimientos de Francisca al Provisor de la Diócesis y al Consejo Supremo de Castilla.
El Oidor del Consejo se llamaba don Diego de Arce y Reinoso, el cual la dio largas alegando que no tenía poder para que la devolviesen la Imagen puesto que eso correspondía al obispo de la diócesis, puesto que estaba bacante en ese momento, pues el obispo don Plácido Pacheco había muerto el día 7 de octubre de 1639. Ante esto la beata le dice al Oidor: “Deme su Señoría su palabra de que si Dios le nombrase obispo de Plasencia me devolvería la Imagen”. Don Diego la tildó de loca y para que le dejase en paz se lo prometió. El día 8 de octubre del año 1640, don Diego fue promovido para obispo de Plasencia, al cual acudió al instante la beata para recordarle la promesa que le había hecho en Madrid
En el año 1641, mandó un auto bajo pena de excomunión, al cura de la iglesia de san Martín, por el cual le ordenaba la entrega de la Imagen a la beata Francisca. Ante esto el cura entregó la Imagen, la cual fue trasladada al Hospital de Santa María, estando en el mismo dos noches y un día.
Este tiempo fue aprovechado por los serradillanos para juntar ocho hombres, los cuales vinieron a la ciudad el día 13 de abril de 1641, a la una de la madrugada y cargando la talla, salieron por la puerta de Trujillo, con el mayor sigilo, camino de Serradilla.
Sin descanso, caminaron hasta llegar a la dehesa de la “Jerrera” en la cual les esperaban otros ocho hombres para relevarlos, así como gran número de vecinos de Serradilla.
A la entrada del pueblo se formó una procesión, que llevó al Cristo a la Plaza y desde allí a la iglesia.
Se le colocó en medio de la capilla mayor y allí estuvo durante 8 días, hasta que se arregló un altar donde debía estar.
Como era costumbre se celebraron diversos festejos, entre ellos se corrieron 2 toros, asistiendo mucha gente de los diversos pueblos de los alrededores e incluso de Plasencia.
El domingo siguiente se celebró la misa mayor presidida por el párroco de la iglesia del Salvador de Plasencia, a la cual pertenecía en esa época el pueblo de Serradilla. El sermón corrió a cargo de un fraile lector de Teología del convento de san Francisco de Plasencia. Terminado el acto, se representó una comedia en la puerta de la iglesia, y a continuación se trasladó el Cristo a la capilla de San Miguel, la cual había sido preparada para el.
El pueblo de Serradilla hizo votos de construir una ermita o iglesia para que la presidiera la Sagrada Imagen del Cristo de la Victoria. Pero surgieron dificultades, pues unos opinaban que sería mejor construir una nueva capilla en la iglesia y que se quedase la Imagen en ella, pero Francisca de Oviedo se oponía a ello, ya que su idea era fundar un hospital y que el Cristo presidiera el mismo. Al final se aceptó la idea de la beata, aunque minoritariamente, y se volvió a discutir el sitio donde se levantaría el hospital.
Francisca quería hacerlo en una casa que según la tradición había sido una mezquita, pero a eso se oponía casi todo el pueblo. En esos días visitó el pueblo el obispo don Diego, el cual enterado del problema, apoyó a Francisca e incluso se ofreció a contribuir a su construcción.
Ante esta imposición, los vecinos se retiraron y dejaron sola a la beata, bien por no estar de acuerdo, o bien por lo costoso que iba a ser la edificación del hospital e iglesia.
Francisca contaba en ese momento solamente con 200 reales para empezar las obras. Sin amilanarse, compró un farderillo, y se lanzó a pedir de pueblo en pueblo, recorriendo todo Extremadura y Portugal.
De esta manera se fue extendiendo la fama del Señor de la Victoria, y empezaron las primeras peregrinaciones, con lo cual las limosnas iban en aumento.
Por fin el día 14 de febrero de 1645, se llega a un acuerdo con el Concejo y se decide que se hará la iglesia en el plazo de un año, con la condición de que la propiedad de la Imagen pase a la Cofradía de la Vera Cruz y la Santa Misericordia y al Concejo y vecinos de la villa. Este plazo de un año no se pudo cumplir, y se tardaron 3 años en ver terminada la iglesia del Cristo
El día 14 de septiembre de 1648, se trasladó la Imagen a su nueva iglesia, siendo trasladado en medio de grades júbilos y festejos.
El Cristo de la Victoria es Patrón de la Villa de Serradilla desde el día 14 de septiembre del año 1662.
Este Patronazgo, dio pie a un pleito entre la Cofradía de la Pasión, la cual estaba establecida en la iglesia parroquial, y las monjas. El motivo era que la Cofradía alegaba que en las procesiones su estandarte debía de ir delante, pues era mucho más antigua que la del Cristo.
El pleito duró varios años, y termino resolviéndose a favor del Cristo por ser el Patrón de la Villa.
El fallo de la sentencia se realizó el año 1803.

PROCESIONES DEL CRISTO
Muy popular es la tradición de los milagros del Cristo para hacer que llueva, además de otros milagros.
La primera rogativa y procesión de la Imagen se realizó en el año 1685. Y llovió abundantemente.
El permiso lo concedió el obispo don José Jiménez Samaniego, el día 28 de abril de 1685.
El ritual de las rogativas es el siguiente:
Cuando la sequía es muy pertinaz y amenaza con destruir las cosechas, el pueblo pide al Alcalde que solicite un novenario al Cristo.
El alcalde convoca una junta a la que asisten los concejales, capellán del convento, el párroco del pueblo y demás sacerdotes que residan en el pueblo.
Si es aceptada la idea del novenario se nombra una comisión del Ayuntamiento para pedir permiso a las monjas.
Aceptado por las monjas, salen a pedir por el pueblo dos comisiones, una con el capellán y la otra con el párroco.
El novenario consiste en misa diaria, exposición del Santísimo, rogatorias, cantos penitenciales, etc..
Si cumplido el novenario no se ha conseguido el agua esperada, la madre priora se dirige al obispo pidiendo permiso para bajar al cristo de su camarín y sacarlo en procesión.
Obtenido el permiso se procede a bajar la Imagen por medio de un aparato especial que se conserva en el convento. El capellán y otros sacerdotes suben a camarín y le retiran la Cruz al Cristo, la cual es depositada en el altar del Sagrado Corazón de Jesús.
Al Cristo se le ponen dos túnicas, una blanca y la otra morada, y se le coloca en el aparato el cual mediante manivelas baja la imagen hasta depositarla encima del Altar Mayor.
Este acto está cargado de emotividad, pues mientras las monjas cantan el “Miserere”, el pueblo prorrumpe en gritos y sollozos pidiendo misericordia y perdón.
La imagen queda bajo dosel, y rodeada de velas, las cuales custodian dos hombres con las varas en la mano.
Al Cristo se le coloca para la procesión una cruz de madera de muy poco peso, la cual esta depositada en la clausura durante todo el tiempo que no hay procesión.
El Cristo permanece durante tres días en el Altar Mayor, recibiendo la visita de los pueblos de las cercanías.
El cuarto día se baja la Imagen del Altar y se la coloca sobre las andas, y por la tarde se realiza la procesión. Durante esta se realizan cuatro sermones; uno antes de salir, otro en la iglesia parroquial, otro en la plaza, y el último en el atrio de entrada del convento.
El Cristo procesiona bajo palio y con el estandarte de su advocación y con la cruz que tiene todo el año, la cual tiene el privilegio de portarla el párroco del pueblo de Torrejón.
Una vez terminada la procesión se vuelve a subir la Imagen con el mecanismo hasta su hornacina, con lo cual se da por terminada la procesión.

En señal de agradecimiento el pueblo de Serradilla hizo un “Voto de Villa”, es decir, se comprometió a celebrar una fiesta de acción de gracias en el domingo más próximo al de la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, (mes de mayo).
Vuelven a surgir los problemas entre el párroco y el capellán del Cristo, sobre la presidencia de los actos, teniendo que dictar la Curia eclesiástica de Plasencia a favor del capellán. Esto sucedió en el día 16 de marzo del año 1709. En el año 1879, otra vez surge el problema, esta vez estaba de obispo don Pedro Casas y Souto, el cual confirma la presidencia al capellán, y ratificando que las religiosas están exentas de la jurisdicción parroquial en las funciones de su iglesia, estando solamente sujetas al obispo de la diócesis.

LA IGLESIA
La primera iglesia del Cristo de la Victoria data del año 1648, era una iglesia pequeña, por lo cual, se plantearon derribarla y hacer otra con más capacidad. El permiso se consiguió el día 16 de mayo de 1672.
La planta de la iglesia es de cruz latina, de estilo renacentista, de una sola nave, rematada con una cúpula de media naranja. La fachada es de sillares, con tres hornacinas donde se alojan las imágenes del Cristo de la Victoria, san Agustín y santa Mónica. Remata la fachada el escudo de la Orden Agustina.
El encargado de la administración del dinero de las obras fue don Diego Sánchez, el cual era el capellán de la iglesia del Cristo, desde el año 1668 hasta el año 1695 en que murió.
La mayor parte del dinero la puso don Diego de Vargas, conde del Puerto y su esposa.
La edificación de la iglesia costó 20.000 ducados, cifra bastante elevada para la época.
En el año 1675 ya estaba terminada la nueva iglesia.

RETABLOS
Una vez terminada la iglesia se empezó con los retablos de la misma en el año 1699, y se terminaron en el mes de octubre del año 1701, valiendo más de 80.000 reales.
La iglesia tiene tres retablos, el mayor, el cual está dedicado al Cristo, y otros dos laterales, los cuales están dedicados al Sagrado Corazón y a la Virgen del Carmén.
El retablo central es obra del escultor madrileño Francisco de la Torre, el cual cobró 50.000 reales por su ejecución. La madera valió 10.694 reales.
Este altar está compuesto de tres cuerpos, base, medio y cuerpo superior. Cada cuerpo tiene varias hornacinas, separadas por columnas salomónicas.
En el centro del retablo está el camarín del Cristo, el cual tiene forma de urna cerrada con grandes cristales por los cuatro costados. En la base del camarín se encuentra una peana de plata, obra del platero Juan Domínguez, de Talavera de la Reina, la cual realizó en el año 1.705 y valió 6.600 reales.
Al lado del camarín del Cristo están las imágenes de san Agustín a la derecha y santa Mónica a la izquierda.
En la parte inferior del retablo, están colocadas las imágenes de Santo Tomás de Villanueva y de san Juan de Sahagún, santos de la orden agustiniana. Este Santo Tomás fue el que maltrataron los franceses.
Rematando el retablo está la imagen del Arcángel san Miguel
Los laterales fueron hechos por José de Pomar y Juan de la Rosa, los cuales cobraron 15.000 reales por su trabajo, y la madera importó 4.010 reales. Estos dos entalladores promovieron un pleito alegando que a ellos se les había ofrecido la construcción del retablo central. El convento, aunque ganó, tuvo que pagar la cantidad de 321 reales.
En el altar de la derecha podemos ver tres hornacinas, las cuales están ocupadas por la Virgen del Carmen en el centro, a la derecha santa Clara de Montefalco, y en la izquierda san Nicolás de Tolentino, santos agustinos los dos.
El altar de la izquierda tiene también tres hornacinas, ocupadas por el Sagrado Corazón de Jesús en el centro, a la derecha san José, y a la izquierda santa Rita de Casia,
Mucha de la madera para la fabricación de los retablos fue acarreada desde las riberas del río Tajo, llegando a pesar algunos troncos más de 80 arrobas. En esta labor participó todo el pueblo, tanto con sus trabajos como con sus animales.
Terminados los retablos se empezó a dorarlos, cosa mucho más cara que su construcción. Fue el dorador don Francisco Baliño, de Madrid, el cual cobró por el dorado 64.000 reales de vellón. Además de esto cobró en octubre de 1705, otros 10.000 reales por obras de dorado, pintado y estofado en el presbiterio de la Imagen del Cristo.
Así mismo se compraron en Madrid las imágenes de san Miguel, que valió 2.500 reales, santo Tomas de Villanueva y santa Rita de Casia, las cuales importaron 1.400 reales cada una.
Todo este dinero, en su gran mayoría provenía de las dotes y testamentos de las monjas del convento. Así como benefactores de familias nobles y acomodadas, las cuales hacían mandas y capellanías.

LA REJA Y EL PÚLPITO
Cerrando el crucero del cuerpo de la iglesia se encuentra una gran reja de hierro fundido, la cual se realizó en el año 1713. Para su fabricación se pensó en unos talleres de Vizcaya, pero otros opinaban que se realizara en Serradilla y se abarataría el coste. Al final se realizó en Talavera de la Reina. La reja está adornada con ángeles, floreros, cipreses, águilas y el escudo de la Orden. Una corona con una cruz remata el centro de la reja.
En esta reja se solían colgar los exvotos por los favores conseguidos.
El púlpito esta construido de hierro forjado y es contemporáneo de la reja. Lleva una inscripción que dice:
“Este púlpito dieron de limosnas los devotos de la santa imagen para el Convento de las Madres Recoletas de la Serradilla





SEMBRANDO INQUIETUDES. A.C.P. PEDRO DE TREJO

lunes, 16 de junio de 2008

EL FAROLERO

"El Regional” – martes día 2 de marzo de 1954

¿Os acordáis del farolero? Sabéis que todas las tardes se le veía, calle adelante, con su escalera al hombro, y en las manos su alcuza y un trapo blanco, preparando los faroles que su demarcación para el alumbrado de la noche; faroles que si no tenían la virtud de encenderse solos, tenían la de apagarse cuando habían consumido la cuerda. Llegando al lugar donde el farol estaba enclavado, generalmente las esquinas, el celoso empleado apoyaba la escalera en la pared, subía por ella, abría el farol, sacaba el depósito, recortaba la torcida, limpiaba el tubo, echaba en aquel, de la alcuza el petróleo que había de consumir, y con una cerilla quedaba terminada la operación. Este hombre era el mismo que horas después, convertido en sereno vigilante y empuñando su chuzo en cuyo extremo pendía una farola a modo de pilón de romana, nos hacía arroparnos la cabeza en la cama muertos de miedo cuando lanzaba de hora en hora y con plañido de alma en pena su cavernoso pregón, mezcla de Invocación Mariana, golpe de golf y parte meteorológico.
Pero un día oímos decir que iban a quitar aquellas luces y a poner en su lugar otras que no solo se apagaban solas, sino que también se encendían ¡Cosa más rara...! Contaba la gente que allá por las Américas, cierto desocupado se entretenía en hacer unas pompas con una especie de jabón duro (porque lo había también blando, item más O doce H veintidós, U once morena) que en vez de estallar y deshacerse, tenían la virtud de remontar el vuelo y extenderse por toda la redondez de la tierra. Y tanto se insistía en ello, que los muchachos estábamos verdaderamente intrigados con la tal novedad. Y efectivamente, así fue porque llegada la hora en el reloj de los tiempos, según Pero Grullo, lo es todo. Un día quitaron en los faroles el depósito de petróleo, pusieron en su lugar una de aquellas pompitas conteniendo unos hilos retorcidos y las unieron a otros hilos más gordos que venían no se sabía de donde. Y ya está.
Los muchachos no cabíamos en sí de gozo, y a partir de la inauguración, todas las tardes, una hora antes del fiat lux, nos sentábamos cerca del farol. Apedreándole el cristal con los ojos que manteníamos abiertos como puños. Porque aquello era para nosotros como otras muchas cosas que aunque veamos que son verdad, nos siguen pareciendo mentira. Y cuando la pompita empezaba a iluminarse con una luz rojiza que iba aumentando con gran lentitud, estallábamos todos a coro en un ¡ya, ya, ya! Atronador que hacía asomarse asustadas a las puertas a todas las mujeres de la vecindad, no menos sorprendidas que nosotros.
Y ya no vimos más al farolero.
Estas que ya os apunté y algunas más que os seguiré apuntando son las estampas viejas de nuestra amada ciudad que solo tienen ya palpitación y esencia en nosotros, y que inexorablemente va desplazando de nuestro lado el caminar de la vida, como el de la muerte nos desplazará también a los que aun quedamos para contarlas y conservarlas.
Y en nuestro deseo de que sigan siendo, las extraemos de las profundidades del recuerdo donde yacen amontonadas junto a tantas otras que, porque no han de ver más la luz, solo esperan nuestra muerte para desaparecer.
Y llegado a este punto y embargando por tan graves consideraciones, siento ante el temor del olvido, como sentiréis vosotros, un encendido deseo de prolongar mi vida cuanto ello me sea posible. ¡Quién volviera a ser niño! ¿verdad? ¿No os habéis dicho esto alguna vez? Yo también suelo decírmelo. ¡Es tan triste esto del ser cuando lo enfrentamos con el no ser. Hablo de lo temporal, claro es. Y resulta tanto más triste saber que se es, cuanto es más clara nuestra conciencia de que se ha de dejar de ser. Todo un lío, ¿verdad? Si, yo también me lo digo en algunos momentos. ¡Quien volviera a ser niño!
Pero después, y con ciertos humillos de filósofo, que también los tengo, suelo preguntarme: Bueno, ¿y para qué? Vivir más, vivir menos, ¿no es todo lo mismo ante ese gran fantasma del tiempo arrollador?
Deseamos prolongar la vida, pero ¿con que fin? ¿Para vivir en plan de actividad, o en plan de asueto? ¿Para vivir, o para hacer vivir? ¿Para aumentar vida, o para aumentar fruto? ¿Para vivir más, o para mejorar más? ¿Para acumular días en vano, o par afirmarse bien las espuelas en previsión del gran viaje? ¿Para almacenar vida estéril o para diluirse más y más? ¿Para dormir, o para vigilar? ¿Para arder, o para alumbrar? ¿Para lucir, o para reflejar...? si, que es un lío. Porque al llegar a la vejez y mirar para atrás, yo entiendo que el que no deje sementera en brote y espigas en surco, por muchos años que se apunte, a fe que no ha vivido gran cosa. ¿No os parece?
No. Desear volver a ser niño, no. Querer empezar otra vez, no.
Lo vivido, vivido está. Ahora bien: desear ser como niños, ya es otra cosa. Esforzarse por largar el poco o mucho lastre que recogimos en el más o menos turbio navegar de la vida, si. Ello es un deber, y también una necesidad. Ya sabéis el dicho: “El que vosotros no se presente puro un día ante mi Padre Celestial, como estos pequeñuelo, no entrará...etc. etc...”
Y en esto si que podemos aprovechar – el que tenga por qué, claro-, los últimos resplandores de la tarde, que os la deseo de verano: larga y tibia.

Vicente Neria.


SEMBRANDO INQUIETUDES.A.C.P. PEDRO DE TREJO.

viernes, 13 de junio de 2008

PLASENCIA Y JOAQUIN SOROLLA




Por estas fechas, cuando en toda España se conmemoran los ciento cincuenta años del nacimiento del insigne Pintor Levantino, no podía faltar el homenaje de nuestra Ciudad hacía el único de los grandes pintores españoles que llevó a sus lienzos de forma magistral el paisaje placentino.
Cuando Sorolla recibió el encargo de la Hispania Society de pintar una serie de cuadros sobre diversas regiones españolas, eligió Plasencia para aquí componer el representativo de nuestra Extremadura.
Para su obra escogió como fondo la perspectiva que, aún día es de un encuadre extraordinario y motivo de admiración para los turistas, quienes para perpetuarla obtienen de ella sendas instantaneas; nos referimos a la panorámica que ofrece Plasencia a su entrada por el Puente de Trujillo con ese telón de fondo tan singular que es nuestra Catedral y el Palacio del Obispo.
Este precioso panorama supo captarlo Sorolla con la maestría que le llevó a las más cimeras cumbres de la Pintura Española.
La composición es un acierto pues los personajes del primer plano –un grupo de montehermoseños, ellas montadas sobre mulas, ellos a pie y ante el grupo una piara de cerdos- es un estudio completo de caracteres de los retratados y de la indumentaria que portaban.
Este cuadro, en cuya ejecución empleó Sorolla casi todo el mes de Octubre de 1917, lo realizó en el jardín de la casa de don Fernando S. Ocaña, de quien fue huésped durante el tiempo que permaneció en Plasencia.
Tomó Sorolla, como modelos para su obra, auténticos montehermoseños –de la familia de los campanilleros- quienes acudían con su indumentaria a nuestro mercado del Martes.
También, por aquellos días, ejecutó Sorolla un retrato de la modelo llamada Marcela, que hoy creemos aún se conserva en Plasencia en la colección de don Pedro S. Ocaña Delgado. El tiempo que permaneció Sorolla en nuestra Ciudad sirvió para sellar una sincera amistad, mantenida a través de una cálida correspondencia y por parte del Artista en prueba de reconocimiento a las atenciones recibidas de la familia Sánchez Ocaña.
El cuadro que nos ocupa se halla en la actualidad en Nueva York, en el local social de la Hispania Society, y no diremos que sea el mejor de la serie, pues no tenemos capacidad técnica para ello, pero si desde luego es el de mayores dimensiones y el que ocupa lugar preferente pues se ha situado en el rellano del piso principal de la escalera de Honor.
Por este solo detalle de haber perpetuado en uno de sus cuadros un trozo de Plasencia, bien merece que le dediquemos estas líneas para unirlas modestamente al coro de las que hoy se levantan en toda España en honor del Pintor de la luz, como se le conoce.

Departamento de divulgación de la A.C.P. " Pedro de Trejo"

SEMBRANDO INQUIETUDES. A.C.P.PEDRO DE TREJO.

domingo, 8 de junio de 2008

TOROS QUE SE ESCAPAN







Periódico el Regional – día 09 de junio de 1970

El número fuerte de las ferias son los toros. Para muchos el único número. Para no pocos el número imposible por los precios alcanzados. Los antiguos placentinos disfrutaban con más frecuencia y con menos dispendio que los de hoy de las corridas de toros. Cualquier motivo de público regocijo era suficiente para que se corrieran en la Plaza, despertando siempre el entusiasmo de nuestro pueblo, que los presenciaba gratuitamente.
Estamos a principios del siglo XVI. La Casa de las Gradas (como llamaban entonces al Ayuntamiento), los tejados de la Carnicería “que es en la Plaza, esquina a la calle de Talavera” y hasta el campanario de San Esteban eran ocupados por Regidores, caballeros y gente llana sin faltar las damas que, como siempre, iban a ver y a ser vistas.
La impaciencia en tales fiestas era enorme. Se decía que el esquilonero de la Catedral daba el toque de Vísperas antes de la hora y a los que acudían a ellas les parecían que nunca fueran tan lentas.
Las costumbres de entonces prohibían que el festejo comenzara antes de terminarse el Coro de la tarde.
La Priora de Santa Clara veía turbarse la quietud del Convento y como piadosa distracción para las monjas hacía que alguna recitara letrillas populares parecidas a las que algunos años más tarde escribiera Alonso de Ledesma: “El príncipe de tinieblas –siete toros encerró - porque en el coso del mundo – corriesen al pecador. Corrió el toro de soberbia – tras el vaquero mayor – y con ser tal que volaba – del potro le derribó. El toro de la avaricia – hasta la Iglesia se entró – y Judas, de una barrera – entre doce, le sacó”.
Los toros se corrían al modo de entonces. Abundaban los bancos divertidos y no faltaba algún que otro galán vanidoso que a trueque de llamar la atención de las damas, simulará caídas aparatosas de su caballo. De el se podía enumerar lo que Góngora escribiera de Ezpeleta: “Dijera a lo menos yo – que el caballero cayó – porque CAYESEN en el”.
Pero la fiesta en nuestra plaza tenía en ocasiones un final ridículo.
Por la ligereza con que a veces se improvisaba la corrida o por la bravura de los toros, ocurría que, acosados estos por los caballos que los jugaban, o heridos por algún rejón hábilmente colocado, lograban romper el cierre de la plaza y escapar por las calles hasta que, tarde o temprano, sin poder salir de la ciudad amurallada, venían a quedar presos en la Fortaleza.
Y por aquellas calendas habían dado los Alcaldes de la misma en la costumbre de adueñarse bonitamente de tales toros escapados.
Los caballeros quedaban corridos, las dueñas apesadumbradas y el pueblo defraudado.
Resultaron inútiles cuantos intentos se hicieron para convencer a los Alcaldes del abuso que ello suponía. La Justicia y Regidores temieron con fundamento que la paz se alterara y acordaron quejarse a la Reina, que lo era doña Juana, exponiendo el caso y suplicando remedio.
Copiamos seguidamente los párrafos más notorios de la respuesta de doña Juana. Va dirigida “al que es o fuere mi Corregidor y Juez de Residencia en el ciudad de Plasencia y al alcalde en dicho oficio”.
Expone seguidamente los hechos denunciados resaltando el agravio y el daño que el Concejo y los vecinos reciben por el proceder de los Alcaldes ordena que estos digan que títulos y derechos pretenden tener para tomar los dichos toros y no querer entregarlos a la ciudad y si los dichos Alcaldes no tienen título o prescripción inmemorial para proceder como proceden manda “así al que ahora es Alcalde como a los que fueren de aquí adelante que no tomen ni lleven más los toros aunque entren en la dicha Fortaleza bajo las penas en que caen los que llevan nuevas imposiciones” y castigando con diez mil maravedíes para la Cámara Real a cada uno que lo contrario hiciere.
La carta está fechada en Burgos en 9 de mayo de 1506.
Y las fiestas del Corpus, origen de nuestras ferias, fueron especialmente solemnizadas aquel año con autos sacramentales y corridas de toros en la Plaza Mayor, sin miedo ya a la arbitrariedad de los Alcaldes de la Fortaleza.
Quizás la Carta de la Reina contribuyó también a que aquel año en el Cabildo de 7 de junio se diera la facultad al Mayordomo de Fábrica, Villalva, “para que envíe a llamar ministriles y trompetas y sacabuches y chirimías para la celebración de las Fiestas del Corpus y que gaste en su costa hasta siete u ocho mil maravedíes demás de lo que fue dado dispensación que gastara en las dichas fiestas”.

Manuel López Sánchez-Mora
Canónigo Archivero


SEMBRANDO INQUIETUDES. A. C. P. PEDRO DE TREJO.

CORRIDAS DE TOROS




Siempre fueron famosas las ferias de Plasencia, y sobre todo sus corridas de toros. Ya quedan reflejadas en las Cánticas de Alfonso X El Sabio, concretamente en la número 144, cuando narra el milagro de Nuestra Señora. El Relato es el siguiente: Se celebraban en Plasencia la boda de un caballero, y para festejarlo se corrieron toros en la plaza mayor. Un hombre que era muy piadoso atravesó la plaza para ir a casa de un clérigo amigo suyo, sin darse cuenta de que estaba el toro suelto. El animal a ver a este hombre, arremetió contra el hecho una fiera. Pero el clérigo que estaba en la ventana esperando a su amigo, al ver el suceso, pidió a la Santísima Virgen su protección, y cuando estaba a punto de cornearle cayó el toro al suelo como muerto, y este buen hombre pudo entrar en la casa de su amigo sin ningún daño. El toro se levantó y no volvió a embestir contra nadie, quedándose totalmente manso.
El toreo en la época medieval era generalmente el lanceo de las reses desde el caballo. Y lo que hoy se realiza puede tener su origen en los hombres que se dedicaban a matar los terribles toros bravos que estaban refugiados en los espesos bosques que rodeaban las poblaciones, y los cuales causaban muchas muertes a la gente que tenia que cruzarlos. Como en la espesura del bosque no se podía dar muerte al toro por no poder moverse con libertad el caballo, había que hacerlo a pie y con una espada.
Cuentan las crónicas que en Plasencia se celebraban al menos diecinueve corridas al año. Pues el Concejo exigía a los arrendatarios de sus tierras que regalaran a la ciudad como mínimo dos toros por la concesión de los terrenos. Estaba prohibido lancearlos hasta que diera permiso el Concejo, pues estos toros eran para diversión del pueblo y no para figuramiento de los caballeros.
El arrendatario de las barcas de Albalát tenían que aportar dos toros; el de las barcas de la Bazagona, dos toros; el de la Moltrota de la ciudad, un toro; el del quinto del Campo Arañuelo, dos toros; el de la Mayordomía, dos toros; el del Peso de la Ciudad, dos toros; el de las Entregas, un toro; el de las viñas y cotos, un toro; el de la dehesa Miramontes, dos toros.
Si los toros no eran del agrado del pueblo o de los regidores, serían agarrochados y el que los entregó estaba obligado a reponer otros toros nuevos.
En el año 1.469 el conde de Plasencia, D. Álvaro de Zúñiga, publica una carta donde dice: “Que todo hombre que a estas ferias viniese, ya fuese cristiano, judío o moro, viniese seguro, porque el que los maltratare o prendare, pagará mil maravedíes para el tesoro real, y el daño doblado al que maltrataren o prendaren; y si no tuviese con resarcir estos daños y pagar estas penas, seria ahorcado”.
Aunque la mayor parte de los festejos taurinos de esta época se celebraron en la Plaza Mayor, también hay que recordar que en la Plaza de San Nicolás se celebraron festejos taurinos, sirviendo la calle de Arenillas de toril, así mismo esta calle también servia de toril para los festejos de la Plaza Mayor, junto con la calle de Los Toros, la cual debe su nombre a este hecho. Así mismo también se celebraron toros en la Isla, en la Plaza de los Llanos, y dentro de la Fortaleza.
En 1.508 la reina ª. Juana llama la atención del Alcaide, de la Fortaleza, pues en esa época se corrían los toros en la Plaza de los Llanos, y como el recinto donde se lidiaban era de carros unidos y palos entre ellos, no era extraño que el toro se escapara y se fuera a refugiar dentro de la Fortaleza, ante lo cual el Alcaide, una vez que había entrado el toro, cerraba las puertas de la misma y se quedaba con el animal para el. Tantas veces sucedería esto que el Concejo se quejó a la Reina, la cual le amonestó.
Otras veces el toro se salía hacia la ciudad, con lo cual causaba gran revuelo pues recorría todas las calles corneando a todo lo que se encontraba por delante, hasta que los caballeros que lo perseguían podían a lancearlo.
Tal era la afición a los toros en Plasencia, que se creo una normativa por la cual no se podía empezar el espectáculo hasta que el Cabildo de la Catedral no hubiesen terminado los Oficios, pues no querían perdérselo. Así mismo se establecieron normas reguladoras para los sacerdotes, ya que en esa época era muy frecuente que los curas interviniesen en los festejos taurinos.
En el año 1.567, el Papa Pio V, el cual llegó a santo, prohibió totalmente las corridas de toros, pero era tanta la afición que el Papa Gregorio XIII las volvió a permitir.

En el año 1.731 se escapó un novillo que traían a la ciudad los Padres Dominicos, el astado recorrió varias calles hasta dar con la catedral, donde sin pensárselo dos veces entró por la puerta que está enfrente del Palacio del Obispo, una vez dentro de la catedral vieja se pasó al claustro y seguidamente a la catedral nueva donde se estaba celebrando misa. Solamente pegó unos empujones a unos mozos y salió otra vez a la calle.
En el año 1.766 hubo toros en la Plaza de San Nicolás, se celebraron para homenajear al Deán de la Catedral D. José González Laso el cual había sido nombrado obispo de Plasencia. El motivo de celebrarse en esta plaza era que el dicho obispo Laso vivía en el Palacio de Las Bóvedas, hoy conocido como Marqués de Mirabel.
Al año siguiente, es decir en 1.767, hubo toros en la Isla en el mes de septiembre, la plaza que se construyo tenía doscientos cincuenta pies de largo por doscientos de ancho.
La realizaron los hermanos Garzones y un albañil al cual le pagaron por su trabajo 500 reales. Los festejos fueron un fracaso y no sacaron ni para los jornales.
En el año 1.815, para celebrar la victoria española sobre las tropas francesas, se corrió en la Plaza un toro “enmaromado”, es decir, que se le ataba una cuerda larga a los cuernos y así se le controlaba desde cierta distancia, impidiendo que se cebase en alguna persona. Esta costumbre, todavía se practica en algunos pueblos de España.
En 1.882 se construye la primera Plaza de Toros propiamente dicha, se edifica en el Cotillo de San Antón. Para realizarla se hace una sociedad con acciones de 25 ptas. cada una, y el constructor fue D. Vicente Paredes Guillén, que era arquitecto municipal. El 18 de junio de ese año se inaugura con los toreros Cara Ancha y Frascuelo. Se dieron dos corridas, las cuales empezaban a las cuatro y media de la tarde.
Como anécdota diremos que el primer día murieron seis caballos y el segundo día murieron 13 caballos y dos fueron heridos.
Cuatro años después se quemó esta plaza, pues era de madera, y entonces se decide hacerla de piedra que es la actual. La inauguraron los diestros Pepe-Hillo y Lagartijo.
En cuanto a las atracciones de ferias, los llamados “cacharritos” se solían poner a principios del siglo XX en las proximidades de los restos de la fortaleza (lo que hoy es la “Cruz de los Caídos”). Fue en el año 1.941 cuando se instalaron por primera vez en el Parque de la Coronación, aquellos primeros aparatos de tracción humana (barcas, caballitos, volanderas, etc.), los cuales también se instalaban en la Puerta del Sol en la feria de otoño (los Santos) en la cual se vendían los corderos recién nacidos, los cuales se encargaban a los niños de alimentarlos y se los mataba por la Navidad.
El día 6 de junio de 2.001 se inauguró oficialmente el nuevo ferial del Berrocal, terminando así 60 años de ferial en el Parque de la Coronación.



SEMBRANDO INQUIETUDES. A.C.P. PEDRO DE TREJO



FERIAS Y FIESTAS DE JUNIO


FERIAS DE JUNIO
Las Ferias y Fiestas de Plasencia se remontan a los orígenes de la misma ciudad. Ya en su fundación le concede el rey Alfonso VIII el privilegio de poder tener ferias propias.
El sentido de las ferias en las poblaciones era el tener un mercado franco una o varias veces al año, y así acudían gentes de todo los lugares a vender o comprar las más diversas mercancías. Como en estos días no se pagaban ningún tipo de impuestos por las transacciones, estas aumentaban muy considerablemente, lo cual era bueno tanto para compradores como para los vendedores.
En el fuero de la ciudad se refleja que la feria de Plasencia sería desde el día 1 de septiembre hasta el 29 de este mismo mes, festividad de San Miguel.
En el año 1.326, el rey Alfonso XI y la reina Doña Constanza, en un documento firmado en Valladolid el día 30 de Junio de ese mismo año, conceden a Plasencia la facultad de celebrar cada año en el mes de mayo una Feria Franca de 15 días de duración. El documento donde se otorgaba este privilegio era un pergamino con sello de plomo, que hasta el siglo pasado estaba en el Ayuntamiento, no teniendo noticias de donde puede estar en la actualidad.
Durante el mandato de los Zúñigas se trasladó esta feria a los meses de noviembre y diciembre. Cuando los Reyes Católicos liberan a la ciudad, vuelven a dejar la feria en sus fechas anteriores, es decir, al mes de mayo.
Debido a que en esas fechas casi siempre llovía, se acordó retrasarlas al mes de Junio y así se celebran en la actualidad desde el día 7 al 10 de este mes.

En las ferias de Plasencia se celebraban los mercados ganaderos, en el paraje llamado “la Alameda de san Antón”, luego se pasó al llamado los “Cachones” debajo del Puente de Trujillo, y en esa zona se concentraban miles de cabezas de ganados de distintas especies, por último se realizaron en la finca “Capote, propiedad municipal, y en la actualidad no se celebra feria de ganado.
FERIA DE PLASENCIA - 1882
En los días 25,26 y 27 del mes de mayo se celebra en esta Ciudad la feria de ganado CABALLAR, MULAR, ASNAL, VACUNO, LANAR, CABRIO Y DE CERDA.

No se exigirá impuesto alguno, y los ganaderos tendrán GRATIS abundantes pastos en la Alameda de San Antón y sitios cercanos.

Si el tiempo lo permite se estrenará la magnífica PLAZA DE TOROS que se está construyendo y que hará de 7500 a 8000 personas, lidiándose seis toros cada tarde de la ganadería de D. Jacinto Tres- Palacios, vecino de Trujillo con divisa encarnada y verde y lidiados por las cuadrillas de Cara-ancha y Frascuelo.

También se preparan grandes fiestas y magníficos y sorprendentes fuegos artificiales”.

FERIA DE PLASENCIA - 1882
BANDO – D. RAMON GARCIA CEVA
– Alcalde Constitucional de Plasencia –
HAGO SABER: Que debiendo comenzar el día 25 del corriente la Feria que celebra esta ciudad, he venido en decretar, para el mejor orden y arreglo de la misma, las disposiciones siguientes:
1ª Conforme a acuerdo del Municipio queda designado para la celebración de la Feria el sitio denominado “San Antón” y todas sus inmediaciones de dominio público, con pastos, fuentes, abrevaderos y lagunas que comprenden.
2ª El ganado vacuno se colocará en la Alameda, entre el paseo y el cordel; el caballar, mular y asnal en la misma Alameda, y el lanar y cabrio en el terreno o espacio llamado “Cotillo de San Antón”.
3ª Los rodeos demarcados se abrirán el día 24 a la puesta del sol, quedando antes prohibida en los mismos la entrada de ganados, los cuales serán debidamente distribuidos y sin preferencias, si bien los que llegaren con posterioridad no tendrán derecho a desalojar los ya instalados.
4ª Con el objeto de evitar atropellos o desgracias queda prohibido el tránsito de caballerías y carruajes desde la Plaza a la Feria por la calle del Rey, puerta y paseo de San Antón.
5ª La Comisión de Feria a instancias de los interesados designará los puntos de instalación para el Comercio y cualquiera otros puestos que hayan de establecerse, invitándose a todos indistintamente a que decoren sus tiendas y presenten en ellas abundante surtido.
6ª Se prohíbe las corridas de caballerías por el rodeo, excepto, si fuese necesario, para alguna transacción, participándolo antes a la Autoridad.
7ª Los puestos de vinos u otras especies de bebidas, no podrán establecerse sin permiso de la Comisión.
8ª En la tarde del 27 saldrán inmediatamente de sus respectivos rodeos todos los ganados, quedando en otro caso responsables sus dueños.
9ª Los compradores se proveerán del oportuno “Vendí” que les serán facilitados por los encargados de este servicio.
10ª En el Pabellón del Ayuntamiento se constituirá una Comisión de Autoridad con el objeto de oír y resolver las reclamaciones que se hiciesen, siempre que no correspondan al orden judicial.
11ª La infracción de las disposiciones contenidas en este bando o de cualquiera otra comprendidas en las Ordenanzas Municipales, será castigada con multa de 1 a 5 pesetas, según las circunstancias y faltas cometidas.
12ª Los agentes de mi Autoridad cuidarán de cumplir y hacer que se cumpla cuanto queda prevenido y ordenado en el presente bando de buen gobierno.
Plasencia 20 de Mayo de 1882

SEMBRANDO INQUIETUDES. A.C.P. PEDRO DE TREJO.

jueves, 5 de junio de 2008

CONVENTOS Y ERMITAS DESAPARECIDOS



CONVENTO DE SAN MARCOS
Y ERMITA DE FUENTIDUEÑAS

El primer convento de San Marcos de Monjas Bernardas Recoletas, pertenecientes a la Orden del Cister, se fundó en el año 1.233, su primer nombre fue Monasterio de San Leonardo, estaba situado junto al convento de San Francisco, con el cual tuvo pleitos porque los frailes no querían tener tan cerca un convento de monjas, ya que esto podría ser motivo de tentaciones.
Fue su promotor Don Diego González de Carvajal, al cual se le considera el patriarca de la rama placentina de los Carvajal. Este D. Diego era miembro del Cister y caballero del rey D. Fernando III el Santo. Tenía este rey tal confianza en Don Diego que cuando se fue a la conquista de Sevilla dejó sus hijos en Plasencia al cuidado de este convento.
Este Don Diego era el señor de Serradilla, la cual se la donó el rey Fernando III, además de otras muchas tierras. Serradilla en esa época, pertenecía eclesiásticamente a la parroquia del Salvador de Plasencia. Además de las donaciones que hizo el fundador del convento a las monjas Bernardas, se les donó por parte del rey Sancho IV, con la dehesa de Ferruz, la cual más tarde cambiaron las monjas por la dehesa de S. Pedro (hoy San Pedrillo). Don Nuño Pérez de Monrroy les dejó en su testamento 5.000 mrs. Doña Leonor Sánchez, les dio la dehesa de San Esteban. Esta dehesa y la del Guijo de las Monjas se las apropió Doña Leonor de Pimentel por una bula del Papa Sixto IV, para poder terminar el convento de Santo Domingo.
Don Diego murió en el año 1.253 y fue enterrado en las gradas del altar de este convento.
Este convento fue abandonado pocos años después de la muerte de D. Diego, y la comunidad de religiosas se trasladó a lo que hoy conocemos por “Fuentidueñas”.
El nuevo convento estaba situado al final de la Dehesa de los Caballos, al lado de lo que es hoy la Carretera Nal. 630. Era de estilo ojival, del primer periodo, y lo construyó el maestro cantero Pedro Enrique, en el año 1.300 aprovechando parte de la construcción allí existente.
Las Monjas Bernardas abandonaron este segundo convento en la primera mitad del siglo XV. El convento quedó a cargo de los frailes Cistercienses del Monasterio de Valparaiso. Aunque muy deteriorado, todavía se puede ver algo de lo que fue el segundo convento de San Marcos.
Es tradición en Plasencia que en el sitio que ocupa este edificio estuvo situado un templo votivo romano, el cual estaba consagrado a las ninfas de las aguas, pues en ese sitio existía una fuente de aguas medicinales, la cual fue aterrada hace varios siglos. Así mismo otra versión dice que estaba consagrado a Cibeles o a Berecintia, las cuales eran diosas romanas, y que se construyó en la época del emperador Constantino (crónicas de Juliano). Estas cronicas dicen así: De emeritis, numero 16.
Apud Ambraciam urbem, quam fluvius placidissimus praeterfluit, non plusquam milliaribus, eremiterium Sanctae Mariae Fontis-Dominarum, quod ibi míniales nobilísimo genere natae ordinis Santi Benedicto dicuntur habitasse a Constantini tempore post datam ecclesiis pacem, sumptibus reginae Elenae sanctissimae aedificatum, ex templo Berencintiae matris deorum”.

Traducción:” Junto a la ciudad de Ambracia, a la que circuye un río placidísimo, a no mucha distancia, se halla la ermita de la Fuente de las Señoras, porque allí se cuenta que moraron unas religiosas de noble estirpe, de la orden de San Benito, en tiempos de Constantino, después de concedida la paz a las iglesias, edificada a expensas de la santísima reina Elena sobre el templo de Berecintia, madre de los dioses”.
Esta reina Elena era la madre de San Agustín, (la que según la tradición encontró el verdadero madero de la Cruz de Cristo), y no edificó la ermita pues ya estaba edificada mucho antes, lo que hizo fue expurgarla de los dioses paganos y dedicarla al culto cristiano. Esto se realizó por el año 324.
Hoy día se pueden ver los sillares de cantería de lo que fue este antiguo templo. Sobre ellos hay edificaciones posteriores sin ningún valor.
Este convento quedó reducido a una simple ermita llamada de Fuentidueñas, la cual debido a su situación fue refugio de maleantes y vagabundos. Decía el Visitador de la Audiencia de Extremadura en el año 1.791: “Estoy mal con los Hermitaños cuias casas son de refugio. La Hermita de Fuentis Dueñas y casa unida a ella es mas perjudicial, estas no son las debociones que inspira la verdadera religión. Los contrabandistas, los ladrones, los amancebados se interesan mucho en que aya estas casas fuera de la población. En plasencia lo que se necesita es la Hermita de Nuestra Señora del Puerto, en que hai establecido un Cura y en que se exercita la debocion verdadera”
Cuando se dejó el culto en esta ermita, se trasladaron las imágenes y ornamentos a la ermita de San Lázaro. Entre las imágenes que se trasladaron había una con la advocación de Nuestra Señora de Fuentidueñas, la cual se puso en uno de los altares laterales de la ermita de San Lázaro. Desde hace varios años esta imagen está en la iglesia de San Nicolás.
En esta ermita estaba la imagen de Santa Escolástica, la cual tuvo mucha devoción en la ciudad, y se la sacaba en procesión desde su ermita a la ciudad en rogativas para pedir la lluvia. El pueblo de Malpartida solía venir también en rogativa hasta uno de los cerros cercanos a la ermita, una vez allí se rezaba el Rosario. Después retrocedían hasta el valle de San Esteban donde celebraban la comida. Por la tarde regresaban todos al pueblo escoltando al sacerdote y autoridades.
En la catedral de Plasencia estaba la cofradía de Santa Escolastica.
En el año 1.811 los franceses destruyeron esta ermita de Fuentidueñas.
En el año 1.967 el profesor José María Blázquez, realizo unas prospecciones arqueológicas en este asentamiento, denominado por él como “aedicula de Plasencia”. Se confirmando que fue un templo romano, datando su construcción en el siglo I.
Del estado de conservación dice que es excelente salvo la falta de tejado, que sería a dos aguas. El edificio está asentado sobre un podium y sin pronaos. La puerta de acceso se halla situada al norte y tendría seguramente escalones. En la pared W., hay una segunda puerta, con arco, que está datada en el siglo XV.
Las dimensiones son: Exterior 8,70metros de ancho, 9,80 de longitud, y 4,95 de altura.
En el interior: 7,90 x 8,66 x 0,40 de ancho de muros.
Este edificio romano, lo cita Ceán Bermudez, y tambienViu, ambos refiriéndose a la ermita de Fuentes Dueñas, porque en efecto se adiciono un cuerpo al edificio para convertirlo en ermita en la Edad Media. Citan los dos una lápida que había en las gradas del altar con la inscripción,…Sarco (…..s. Pater) C……, que piensan que perteneció a un sarcófago, y que ya no existe.
No tenemos noticias, que se hayan encontrados restos de población, puede que no la hubiere y fuese un santuario aislado como otros. Siendo aventurado inquirir, por qué se fundó en aquel sitio y a que deidad fue dedicado. Solamente unas excavaciones podrían dar luz en este problema.





SEMBRANDO INQUIETUDES. A. C. P. PEDRO DE TREJO.






Archivo del blog

Datos personales

Mi foto
Jose Antonio:Médico. Pedro:Industrial,Documentalista. Pero sobre todo, y desde hace cuatro décadas, personajes incansables rescatando el recuerdo de nuestras raíces culturales. Nuestro deseo es compartir esa experiencia, con el ánimo de continuar con la herencia de nuestros antepasados.