sábado, 9 de noviembre de 2013

EL PUENTE DE ALCONETAR.

EL PUENTE DE ALCONETAR
Trajano, emperador de Roma, hizo grandes obras en España, su patria. Una de estas obras fue ¡a «Vial de la Plata», calzada núm. 24 en el itinerario de Caracalla. Los caminos en la España Ulterior, en la Vetonia y eran pobres, mal acondiciona­dos. La ganadería y labranza en esta región eran  prosperas, abun­dantes. Las minas ofrecían buen rendimiento. La seguridad necesi­taba fáciles vías para las legiones. El trasiego se hacía por veredas empinadas, entre malezas y espesuras. Se cruzaban los ríos sobre tinglados de madera, que aún se llaman «lurias»; sobre barcas in­seguras. A todo puso remedio la «Vía de la Plata». La tercera mansión de esta vía, partiendo de Mérida, se llamaba «Túrmulus», en la confluencia del Almonte con el Tajo. Alleguemos noticias, breves, ordenadas, sucintas, desde su principio.
VISTA DE LOS RESTOS DEL PUENTE DE ALCONETAR EN SU UBICACION ACTUAL.
Faltaban 95 años para que viniese al mundo el Redentor de los hombres. Publio Lucinio Craso, pretor romano en la provincia lusitana, empezó a construir la «Vía de la Plata». Buscaba en ello seguridad para los intereses militares, políticos y económicos de Roma; buscaba también el desarrollo, la pujanza del pueblo con­quistado. Roma atesoraba riquezas; en trueco, dejaba su cultura, su lengua, su arte, sus dioses, su enjundia social, su potencia civi­lizadora. Esta calzada de Publio Lucinio Craso, mejoró un tanto la economía de Lusitania. Pero la romanidad, en creciente brío, aumentó la riqueza y el trato de las gentes. Pronto vino a ser menguada esta "Vía de la Plata" que trazó Publio Lucinio Craso.
Quinto Cecilio Metelo Pío, cónsul romano, vino a España en misión de guerra contra Hirtuleyo, capitán de Sertorio. Quinto Cecilio Metelo Pío tuvo sus campamentos junto al Guadiana y junto a la colonia Norba Caesarina. El campamento junto al Guadiana se llamaba «Castrum Mete!lí»—campamento de Metelo—y en él tuvo su origen nuestro Medellín. El campamento junto a Norba Caesarina se llamaba «Castrun CeciIii —campamento de Cecilio—en lo que hoy decimos Quinto Cecilio Metelo Pío arregló, mejoró y amplió la «Vía de la Plata». Con estos arreglos, mejoras y ampliaciones, llegó la «Vía de la Plata» hasta los tiempos del emperador Trajano, hasta el sigo 11 de la era cristiana. Ya entonces se llamaba Plata», por las enomes cantidades de metal argentífero que trans­portaron por ella los soldados de Roma, metal abundante en las minas de Bética y Lusitania.
El emperador Trajano dispuso aumentar, renovar y mejorar las calzadas de España. La «Vía de la Plata» necesitaba un puente pa­ra cruzar el Tajo. Se encargó la fábrica del puente a Lucio Vivio, buen arquitecto, contemporáneo y amigo de Cayo Julio Lácer, que levantaba otro puente sobre el Tajo en el ramal que desde la «Vía de la Plata» se dirigía a Lusitania. Lucio Vivio dispuso la fá­brica del puente en la confluencia del Tajo y el Almonte, junto a Túrmulus, tercera mansión de la «Vía de la Plata». Túrmulus era mansión populosa: legionarios defensores del lugar estratégico, barqueros encargados del tráfico por el río, colonos y ganaderos, llenaban la mansión de vida y de gentío.
VISTA FRONTAL DE PARTE DEL PUENTE. UNOS DE SUS ARCOS

Lucio Vivio comenzó su obra. Aún se ignoraban las cámaras de descomprensión. Era muy dificultoso construir los cimientos de los pilares. Lucio Vivio creyó más hacedero desviar el curso del Tajo hacia la derecha. Todavía quedan vestigios, aunque borrosos, de esta desviación. Allanada esta dificultad, Lucio Vivio realizó su obra sin grave entorpecimiento, en esta guisa: el puente tiene una longitud de 250 metros; 13 arcos de medio punto, a la manera ro­mana, sostenidos por pilares de 6'60 metros de largo y 4'20 de es­pesor, en forma de tamajar por el lado de la corriente y convexa en el opuesto, separados por trechos desiguales, a semejanza del coloso alcantarino, pero de menor grandiosidad. Toda la fábrica es de sillería granítica almohadillada en el exterior, rellena con un mortero de cal y guijarros. Lucio Vivio puso molduras en el arran­que de los arcos y en la cornisa que sirve de base al pretil del puente. En medio del puente se levantó un arco de triunfo en honor de Trajano. Al extremo izquierdo, un templo para ofrecer sacrificios a los dioses. Este puente era similar al que el mismo Trajano man­dó construir sobre el Danubio. Sobre el Almonte, junto a la con­fluencia, se hizo otro puente de menor cuantía. Estos dos puentes acrecieron la importancia estratégica del lugar. Para mejor defensa, los romanos labraron fortificaciones en aquel paraje. Túrmulus se trocó en segura fortaleza. Tanto que Bruto, durante algún tiempo, puso en Túrmulus su cuartel general.
Pasa el tiempo, los años, los siglos, los hombres. Sólo queda la historia, los hechos descollantes de los hombres. Con el paso del tiempo, llegaron los árabes. Las gentes de Muza vieron la obra de Cayo Julio Lácer: la llamaron «al-kantara», que significa puen­te; vieron la obra de Lucio Vivio: la llamaron: «al-conetara», que significa dos puentes o segundo puente. Desde entonces Túrmulus se llamó Alconétar. Todavía se llama «el puente de Alconétar». Los árabes reconstruyeron y mejoraron la fortificación romana.
Pasa más tiempo. Vienen los cristianos reconquistando la tie­rra de moros. Los cristianos, para defensa de la tierra conquista­da, como punto de partida para nuevas incursiones, levantan castillos. Los cristianos llegan al puente de Alconétar. Allí se esta­bleció la Orden del Temple. Alconétar fue cuña, avanzada, sostén de los cristianos en su guerra contra el moro. Los templarios rehicieron el castillo, le dieron fortaleza, seguridad, amplitud. El puente y el castillo son ya poética ruina. Sólo queda en pie la to­rre de Floripes—ya diremos su leyenda—, algunos machones del puente y lienzos desmoronados. Es la torre de Floripes de planta pentagonal; asienta en dura peña sobre un barranco; en sus lienzos de pared se aprecian sillares y restos del castro primitivo; su puer­ta, a cuatro metros de altura, era franqueada con un puente leva­dizo; las ventanas, por seguridad, son altas y pequeñas; luce, en cada frente, hermoso matacán; está coronada por un antepecho sobre canes. La torre de Floripes, exteriormente, alcanza I3'05 en su lado más alto y 6'85 en el menor. Aún perduran los quicios de la puerta y las cajas para atrancarla. Junto a la puerta, a la iz­quierda, una pina escalera conduce a la terraza. En la cámara que todavía subsiste, de 10'35 metros de longitud por 4'35 de anchu­ra, aparecen los mechinales del piso que falta, colocado sobre la estancia que sustenta la bóveda de cañón que hoy existe.
Los templarios llegaron a Alconétar el año 1225. Aderezado el castillo, le hicieron encomienda de su Orden, capital del estado de Garrovillas, con Talaván, Hinojal, Cañaveral, Cabezón y San­tiago del Campo, bajo su jurisdicción. Hasta que Medellín, Truji­llo, Santa Cruz y Montánchez vinieron a manos cristianas, Alco­nétar fue un baluarte de estratégica importancia. Luego, los del Temple utilizaron Alconétar para sus tratos y negocios; también para ciertos abusos.
El tiempo, con sus rigores y mudanzas, fue arruinando el puente, el castillo y la villa de Alconétar. Además, contribuyó a la ruina de Alconétar el que su señorío fue de mano en mano. Perteneció a don Fernando, el hijo de Alfonso X; a doña Leonor, condesa de de Alburquerque; al conde de Alba de Liste; al duque de Frías...
Los riberos entre los que por allí se desliza el Tajo, son pobres, ásperos, improductivos. Esta pobreza justifique, tal vez, la indife­rencia de los señores de Alconétar. Todo se fue perdiendo; hasta las inscripciones del puente, del templo, de la villa y del castillo. Tampoco existe la ermita de la Magdalena que ocupó el templo romano construido junto al puente, donde es seguro que Lucio Vivio, a imitación de Lácer, sería enterrado. Bien podemos decir con el poeta‑
Sólo quedan memorias funerales,
donde erraron ya sombras de alto ejemplo:
este llano fué plaza; aquél fué templo-,
de todo apenas quedan las señales.
La última vez que se trató de reparar el puente fue en 1761. Francisco Ramos de Capazos, en su obra manuscrita «Noticias particulares de lo que va sucediendo en Plasencia», dice: «En este año, se dio principio a la puente Mantible, obra que hacía mucha falta por los desastres que en esta barca sucedían. Y a último del, tenían hecha una casa para habitación del maestro, que  era Andrés, natural de Salamanca». Se refiere a la reparación del no a la obra primera. Pero quedo en intento, porque la reparación alcanzaba muchos dineros.

TORRE DE FLORIPES

En el pasado siglo, en la guerra de la Independencia, los hombres alteraron el reposo de las ruinas. De nuevo, como antes de Cristo, se pasaba el río con barcas. El francés invasor fortificó aquel lugar. Allí sucumbió, heroicamente, don José Berenguer, capitán español. En medio de un llano está su tumba.

En nuestro siglo XX, se han construido dos puentes más abajo de Alconétar: uno, para el ferrocarril; otro, para la carretera. Desde estos puentes, el caminante contempla las ruinas, medita en la historia, siente la poquedad de lo humano.

TRASUNTOS EXTREMEÑOS. DOMINGO SANCHEZ LORO
                                         

                                                  "SEMBRANDO INQUIETUDES"

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