viernes, 5 de julio de 2013

HISTORIA DE UN LIBRO. LOS OBISPOS DE PLASENCIA"

  PRESENTACIÓN DE LOS OBISPOS DE PLASENCIA

HISTORIA DE UN LIBRO


En el ya lejano 15 de octubre de 1995 vio la luz el número "0" de la Hoja diocesana Iglesia en Plasencia. Un mes más tarde, el 19 de noviembre -en que se celebraba aquel año el Día de la Iglesia Diocesana- se publicó el número 1. Y en él apareció mi primera colaboración sobre la historia del obispado de Plasencia. Durante diez y ocho semanas, fui presentando en la Hoja algunos datos de interés sobre el origen, la evolución y la situación actual de los 15 arciprestazgos placentinos.
Casi un año después, en el número 20, de 8 de septiembre de 1996, comenzó la sección titulada Los obispos de Plasencia. A petición de muchos lectores, con ese mismo título en 2002 publiqué el volumen I de la obra, que ahora ve la luz. En él se incluye la historia de los orígenes placentinos y la de los primeros obispos que gobernaron la diócesis desde finales del siglo XII hasta mediados del XVII (es decir, entre los años 1190 y 1652). Pero quedaban por estudiar los prelados que vivieron desde 1652 al 2011.
Por esa razón, durante casi una década continué investigando y escribiendo sobre los pontificados del resto de los obispos. La Hoja ”Iglesia en Plasencia¨ ha continuado –y sigue todavía-  publicando  la historia de los obispos placentinos.

Mi propósito era sacar a la luz más adelante, una parte segunda, que completase la obra iniciada. Sin embargo, siguiendo la iniciativa de D. Amadeo, nuestro prelado actual,  no se publica ahora sólo el segundo volumen, sino toda la Historia de la diócesis. Como el texto resultaría excesivamente extenso para un solo volumen, se ha optado  por hacerlo en dos tomos, que no coinciden exactamente con la división primitiva. El primero llega hasta principios del siglo XIX (1190-1803) y el segundo abarca los siglos XIX, XX y primera década del XXI (1803-2011).



La obra que ahora ve la luz no es una simple  agrupación de los artículos publicados en la Hoja diocesana. Éstos han sido ampliados -ya que encontré nuevos datos-, corregidos -enmendando errores que se deslizaron- y -lo que es más importante aún- enriquecidos con un interesante aparato bibliográfico, en el que se señalan las fuentes, inéditas o impresas, de donde se han tomado las diversas informaciones. Por esa razón, quienes tengan la colección completa de la publicación quincenal Iglesia en Plasencia pueden encontrar, a veces, diferencias notables entre el texto primitivo y el de la obra que hoy se presenta.

1.- Los episcopologios publicados
Cuando comencé mi trabajo investigador, yo  no pensaba escribir un libro que llenase el evidente vacío que había en nuestra diócesis. Porque en aquel 1996, ya en las postrimerías del siglo XX, había editados -nótese que digo "editados", por lo que no cito a Correas Roldán- sólo tres episcopologios placentinos de cierto empaque.


a).- El primero fue el de fr. Alonso Fernández, titulado Historia y Anales de la Ciudad y Obispado de Plasencia, que se publicó, en su primera edición, en 1627.  Por de pronto, quedaban por estudiar cerca de cuatro siglos, desde 1627 hasta el año 2000. Por otra parte (prescindiendo de otros detalles importantes, como el de  su originalidad), en aquella obra había lagunas e incluso errores manifiestos. Vayan sólo algunos casos, por vía de ejemplo, de los muchos que podríamos aducir. Alonso Fernández nada dice del problema que se planteó en tiempos del obispo don Sancho, a mediados del siglo XIV, cuando este prelado reclamó la  jurisdicción del obispado de Plasencia sobre Guadalupe. También omite por completo, o sólo cita de pasada, la celebración de los sínodos anteriores e inmediatamente posteriores a Trento –los de 1497, 1534 y 1566 -. En cuanto a errores, sobresale el de adjudicar el cardenalato al obispo placentino don Pedro Fernández de Soria, al iniciarse el Cisma de Occidente  en el año 1378. Incluso habla de prelados, cuya existencia histórica es más que dudosa, como  don Juan Alfonso II, don Rodrigo o don Andrés. Y, en cambio, omite otros de comprobada historicidad, como don Jimeno, cuyo nombramiento consta en los Archivos Pontificios. 

b).- El segundo intento de episcopologio placentino corresponde a la obra de don Domingo Sánchez Loro, publicada entre 1982 y 1985. Su autor lo titula: Historias placentinas inéditas. Primera parte. Cathalogus episcoporum Ecclesiae Placentinae. Esta primera parte consta de tres volúmenes, A, B, y C. Aunque Sánchez Loro proyectaba estudiar  todos los obispos que ha habido en Plasencia hasta el último cuarto del siglo XX, la muerte le impidió completar su obra, que sólo llegó hasta don Rodrigo Dávila (1470-1496). La segunda parte no vio nunca la luz. Dejó, pues, un vacío de cinco centurias, nada menos, sin la correspondiente investigación histórica. Esta obra de Sánchez Loro  tiene un mérito indudable: el de reunir y dejar constancia impresa, haciéndolos  asequibles, los textos originales de una serie de manuscritos, a los que sólo podían, aunque con cierta dificultad, tener acceso los estudiosos de la historia. El autor cita parcialmente las obras, no impresas entonces, de Correas Roldán, del jesuita Jerónimo Román de la Higuera, del comisionado de Carlos III, Ascensio de Morales, del capellán Barrio Rufo, del chantre Benavides Checa (cuyos Prelados placentinos estaban entonces inéditos), de El Curioso placentino, o del arquitecto Paredes Guillén.

Sin embargo, el método usado por Sánchez Loro no parece el más plausible. Partiendo del texto del manuscrito del maestrescuela Correas Roldán  -cuyo original confiesa poseer-, va recogiendo las noticias de cada obispo, añadiendo lo que dicen los diversos autores citados. De esta manera,  yuxtapone los textos originales, por lo que repite las noticias, y el libro adolece de cierta pesadez e incluso de no poca oscuridad.  Por otra parte, prescinde -de forma deliberada, pues ofrece historias inéditas- de la obra impresa de Alonso Fernández, que, pese a sus deficiencias, desarrolla un estudio nada desdeñable del episcopologio anterior al primer cuarto del siglo XVII.

c).- El tercer episcopologio es el de mi predecesor, el canónigo Archivero, don Manuel López Sánchez Mora. Fallecido en 1979, la Caja de Ahorros de Plasencia publicó en 1986 su obra póstuma, titulada: Episcopologio. Los obispos de Plasencia. Es un librito encomiable, pero demasiado elemental. Se trata de un trabajo de indudable interés, pero que, a mi juicio, resulta a todas luces insuficiente. Al Episcopologio de Sánchez Mora le falta extensión, profundidad y sobre todo, el aparato bibliográfico que soporte las noticias históricas.

2.- La serie de obispos
La primera dificultad con la que tuve que enfrentarme fue la confección de una lista, rigurosamente histórica, de los obispos que han regido nuestra diócesis a lo largo de los siglos. Para ello, tras examinar todas las series de obispos -estudié 10 de ellas-, que daban los diversos historiadores,  pude fijar una , donde se recogen los nombres de 81 prelados, desde don Bricio (1190) hasta el actual, don Amadeo Rodríguez Magro (2003).
a).- Criterios.- Para ello, tuve que establecer previamente unos criterios, aplicables a todos y a cada uno de los obispos de la lista. Un nombre puede  quedar incluido en la mencionada serie, sólo si cumple estos dos requisitos:

Primero: Nombramiento pontificio. Por lo tanto, no basta con que una persona sea elegida por el cabildo o designada por el rey. La designación debe estar corroborada por el correspondiente documento pontificio. Se excluyen, pues, de antemano los que no aparecen en los Tabularios de la Santa Sede.
Segundo criterio Toma de posesión. Tampoco basta el nombramiento ni la simple aceptación. Es necesario que el candidato haya tomado posesión canónica de su obispado. En consecuencia, quedan igualmente excluidos de la serie de prelados los que rechazaron el nombramiento, pese a haber sido elegidos, y los que, habiendo aceptado la designación, murieron antes de haber tomado posesión de su sede. La aceptación, o no aceptación, de estos dos criterios explica las discrepancias existentes entre los diversos autores, a la hora de hacer su listado particular.
b).- La aportación de Eubel.- Esta labor seleccionadora, previa y esencial, no la hubiéramos podido llevar a cabo sin la inestimable aportación del eminente historiador alemán, el P. Conrado Eubel, de la Orden de Franciscanos Conventuales, y de sus sucesores en la titánica empresa. Su monumental obra de nueve  volúmenes hasta el momento,  que se va editando paulatinamente durante más de un siglo, se titula Hierarchia Catholica Medii Aevi -a partir del volumen IV, el título es Hierarchia Catholica Medii et Recentioris Aevi, porque abarca también la Edad Nueva, no sólo la Media-. La primera edición del volumen I vio la luz en Munich en 1898 y comprendía las series de los obispos de todas las diócesis del mundo nombrados desde 1198 hasta 1431. El último volumen publicado, el IX,  se imprimió en Padua en 2002 e incluye las listas de los obispos cuyo nombramiento es firmado por la Santa Sede entre 1903 y 1922, bajo S. Pío X y Benedicto XV, es decir, entre los obispos don Pedro Casas y Souto y don Ángel Regueras López.

3.- Mis aportaciones
Aunque de todo lo expuesto anteriormente, se deducen con suficiente claridad, al menos, algunas de las aportaciones de Los obispos de Plasencia a la historia diocesana, voy a tratar de sintetizar lo que hay de nuevo en la obra presentada en esta noche.


PRIMERA APORTACIÓN: El Manuscrito de Correas Roldán.- En primer lugar, mediante las oportunas citas de la copia de los Anales de Correas Roldán, que encontré en el Archivo Capitular, he contribuido a completar las biografías de los obispos desde principios del siglo XVI hasta 1580, en que fallece el maestrescuela de la S.I.C., el doctor don Juan Correas y Roldán. No olvidemos que Maestrescuela era una antigua Dignidad del Cabildo, junto con la de Deán, Arcipreste, Arcediano y Chantre, admitidas por el Código de 1917. En el nuevo Código de Derecho Canónico, de 1983, sólo permanece una dignidad,  la de Deán o Presidente del Cabildo. Correas Roldán,  ex párroco de Losar de la Vera, por encargo del cabildo, escribió sus  Annales de la Santa Iglesia Cathedral de Plasencia desde su fundación. El manuscrito se estaba escribiendo en 1579. Al año siguiente, en septiembre de 1580, en que murió el obispo Tello Sandoval, falleció también el maestrescuela, parece que a consecuencia de la peste. Es Correas Roldán el primer historiador riguroso, que bucea en los archivos eclesiásticos y civiles y en la historia profana de España, buscando documentos  -privilegios reales o bulas pontificias- sobre los que basa sus afirmaciones. Alonso Fernández, y todos los demás historiadores posteriores han seguido de cerca -a veces, quizá demasiado de cerca, copiándolo literalmente, sin citarlo- al maestrescuela placentino.
Para hacer accesible a todos esta importante obra, en un Apéndice, he querido transcribir el documento original del citado maestrescuela, según la copia existente en el Archivo de la Catedral placentina.



SEGUNDA APORTACIÓN: Los Archivos Pontificios.- En segundo lugar,  a través de la ingente obra de Eubel, y de sus continuadores, he intentado acercar al lector los Archivos Pontificios, fuente fundamental,  donde puede, y debe, beber la verdadera historia de las Iglesias locales. Por esa razón, al comienzo de cada pontificado transcribo, en las notas correspondientes, el texto latino, o traducido, de la Hierarchia Catholica.
El mérito fundamental de esta obra consiste en apoyar las listas de obispos, no en las referencias, muchas veces fantasiosas, remitidas por los cronistas locales - como en 1873 había hecho el P. Pío Bonifacio Gams -, sino en los documentos oficiales proporcionados por los Tabularios Pontificios. La estancia de los papas en Avignón, desde principios del siglo XIV hasta el último cuarto de dicha centuria (que tanto daño causó a la Iglesia), resultó sumamente beneficiosa para la historia, pues de esta época data la organización de los Archivos Pontificios. Queda, sin embargo, la laguna de los tiempos anteriores. Por lo que, al no haber comenzado los citados tabularios, resulta muy difícil establecer la cronología del siglo XIII.
Ni Benavides Checa, ni Sánchez Loro ni el Sr. Sánchez Mora  manejaron la obra de Eubel, esencial para proceder con verdadero rigor histórico.


TERCERA APORTACIÓN: Estudios monográficos  publicados.- Además, en tercer lugar, hay que tener presente que a lo largo de los siglos, pero especialmente en los últimos tiempos, se han publicado numerosos estudios monográficos, sobre obispos de Plasencia o acontecimientos relacionados con la ciudad o con la diócesis. Pues bien, en la medida de lo posible, he procurado completar y poner al día los datos que tradicionalmente se nos ofrecían en anteriores trabajos. Por ejemplo, se han escrito biografías de don Vicente Arias de Balboa, de don Gonzalo de Zúñiga, de don Juan de Carvajal, de don Diego de Arce y Reinoso, de don Gutierre de Vargas Carvajal, de don Pedro Casas y Souto. Ha habido tesis doctorales interesantísimas, como la de los Comuneros de Castilla, donde se mencionan los acontecimientos ocurridos en Plasencia. He podido encontrar también  el diario de navegación de la expedición financiada por el obispo don Gutierre de Vargas de Carvajal. Y todo esto sin contar los numerosos artículos de revistas, que aportan datos sobre personajes o épocas concretas. Unas veces fortuitamente, y otras, por deferencia de sus autores, han llegado hasta mí noticias interesantes, que quedan recogidas en la obra presentada.

CUARTA APORTACIÓN. El Boletín del Obispado y la Hoja Diocesana “Iglesia en Plasencia”.- A partir de 1869 comenzó a publicarse el Boletín Oficial del Obispado de Plasencia, en el que se recogen todos los acontecimientos importantes de cada episcopado. Es esta la principal fuente del último siglo y medio. Finalmente, desde 1996 la Hoja diocesana Iglesia en Plasencia, de tirada quincenal, que pasa a ser  un Suplemento del Boletín Oficial, deja constancia de los eventos diocesanos de cierto relieve.

QUINTA APORTACIÓN: Los archivos de la catedral y del Palacio episcopal.-  Así mismo he tenido la oportunidad de bucear en el Archivo de la Catedral, donde  encontré numerosos testimonios, que aportan luz clarificante sobre personas o sucesos pasados. Las Actas Capitulares son del máximo interés, así como las convocatorias, actas y constituciones de los diversos Sínodos, los testamentos de diferentes personalidades de la vida eclesial y las comunicaciones de los diversos prelados con el cabildo. Estos documentos valiosísimos se encuentran dispersos en los 283 voluminosos legajos, que integran el acervo catedralicio. Igualmente son del máximo interés los libros manuscritos, especialmente los cerca de 150 libros de Actas Capitulares, así como otros casi 50  de posesiones de obispos, dignidades y canónigos. Es cierto que en los episcopologios anteriores se consignan  numerosas citas del Archivo Capitular, pero el tesoro es tan rico y abundante, que yo he podido encontrar testimonios nuevos, de la misma manera que mis sucesores hallarán muchos más, a los que yo no he tenido acceso.  
El Archivo Diocesano, que comenzó a organizarse en el pontificado de don Antonio Vilaplana, y en cuya labor se sigue trabajando en la actualidad, posee numerosísimos documentos –que se guardan en cerca de 5.000 cajas- relativas principalmente a los siglos XIX y XX, distribuidas en tres salas del palacio episcopal.


SEXTA APORTACIÓN: Las Notas a pie de página.- Finalmente -y pese a enumerarla en último lugar, creo que es la aportación más importante-, el texto va enriquecido con numerosas notas  bibliográficas (a veces pueden parecer demasiadas), donde se señalan las fuentes de las informaciones, cuya veracidad puede constatarse. No se trata de afirmaciones gratuitas, ni de rumores o meras conjeturas, sino de hechos que pueden comprobarse documentalmente. Este importante detalle es algo que se echa de menos en obras anteriores -lo que era normal en aquellos tiempos-, quizá porque el progreso de la historiografía se ha ido imponiendo poco a poco.   

5.- Reconocimientos
            En primer lugar quiero dar gracias a Dios - autor de todo bien -, por la vida y la familia que me dio, por la vocación a la Iglesia y al Sacerdocio que inmerecidamente recibí, y por la afición a la historia y a la investigación que suscitó en mí. Y no quiero olvidarme del regalo de la coincidencia  providencial (que nadie ha buscado), de que esta presentación tenga lugar precisamente en la víspera del sexagésimo aniversario de mi ordenación sacerdotal. En efecto, recibí el Sagrado Orden del Presbiterado el 30 de mayo de 1953, mañana hará exactamente sesenta años.  Soli Deo honor et gloria.  A Él todo honor y toda gloria.
Por otra parte, ya he dejado constancia de mi gratitud – queahora reitero - en la Introducción del primer volumen de Los obispos de Plasencia al Excmo. Ayuntamiento de la Muy Noble  Muy Leal y Muy Benéfica Ciudad de Plasencia, que patrocinó aquella edición. Pero además no quisiera terminar esta intervención mía sin manifestar mi agradecimiento más sentido y sincero para cuantos han hecho posible la impresión de esta obra completa, que ahora ve la luz. Ante todo, doy las gracias más cordiales a una institución tan benemérita para con la Iglesia y para con toda actividad cultural, como era la ya extinta Caja de Extremadura, personificada en su presidente, que ha financiado la impresión de la obra presentada en esta tarde, y que hoy se encuentra incluida en la nueva institución Liberbank.
Quiero también expresar mi público reconocimiento al Excmo. y Rvdmo. Sr. Obispo, don Amadeo Rodríguez Magro, que actualmente rige los destinos de la diócesis, quien con tanto entusiasmo ha acogido este trabajo investigador y que ha tenido la gentileza de ponerse en contacto con dicha institución benéfico social para que financiase esta edición.   

Siguiendo en el mismo terreno - aun a riesgo de que se me olviden nombres de personas o de instituciones que deberían figurar en la larga lista de los reconocimientos - no puedo por menos que expresar también públicamente mi gratitud:
Al M. I. Sr. Dr. don Jacinto Núñez Regodón, ex alumno, compañero de cabildo y profesor de la Universidad Pontificia de Salamanca, de cuya Facultad de Teología es Decano, que, a pesar de sus muchas ocupaciones, con su característica amabilidad, se ha dignado presentar esta obra, como había hecho ya con el primer volumen.
Al ya difunto don Vicente Hernández García, ex párroco de Almaraz y director de la Hoja diocesana Iglesia en Plasencia, en cuyas páginas han tenido acogida, quincenalmente durante tantos años, los artículos que han dado base a esta publicación.
Al profesor titular de la Universidad de Alcalá, D. Pedro Manuel Alonso Marañón -al que estoy unido  por los lazos de la amistad y del parentesco-, que me ha aconsejado, orientado, e incluso ayudado en la redacción y presentación definitiva de este volumen que hoy ve la luz.
Al P. Sebastián García - del cual alguien dijo hace muy poco que era "más que un  archivero, el archivo viviente del Real Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe"-, que en ocasiones me ha prestado una valiosa ayuda, sobre todo, en determinados temas relacionados con aquel Monasterio.
Y, finalmente, al Cabildo de la catedral de Plasencia, representado por su actual Deán, don Francisco Rico Bayo y a su predecesor como presidente del cabildo el ya difunto, entrañable amigo, don Virgilio Vegazo Sánchez, cuyos fondos documentales han resultado valiosísimos para la investigación desarrollada.
Para concluir, permítaseme  recordar a cuantos lectores de la Hoja diocesana, -de forma privada, muchas veces anónima, verbalmente o por escrito-, me han animado a publicar el apunte de episcopologio, que hoy se presenta al público.
Que Dios se lo pague a todos.
Buenas tardes. Muchas gracias por su amabilidad.
Plasencia, 29 de mayo de 2013.
Francisco Gonzalez Cuesta


                                            "SEMBRANDO INQUIETUDES"

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