jueves, 6 de diciembre de 2012

FRANCISCANOS DESCALZOS DE VALSORIANO, SAN ROQUE Y TABLADILLA

FRANCISCANOS DESCALZOS DE VALSORIANO, SAN ROQUE Y TABLADILLA
ORIGENES DE LOS FRANCISCANOS

La Orden Franciscana es fundada en el año 1208 en Asís, Italia.
Su fundador se llamaba Giovanni Bernardone Pica, conocido posteriormente como san Francisco de Asís. (1182-1226)
En el año 1210 se dirigen a Roma y consiguen que sea aprobada la Regla de la Orden.

(Pergamino de la Regla Franciscana)

La idea del fundador era la predicación por caminos y ciudades sin tener en cuenta el crecimiento de la orden.
Viviendo todavía san Francisco, se dieron los primeros problemas de la orden debido a las diversas formas de entender el camino a seguir dentro de la Iglesia.
Aprovechando la estancia de Francisco en Oriente, los dos vicarios que había dejado a cargo de la orden, Mateo de Narni y Gregorio de Nápoles, se apresuraron a convocar un Capítulo especial que dictó varios estatutos destinados a dar un carácter más monástico a la Orden.
A su vuelta, Francisco intentó volver a imponer sus ideas, pero los frailes no eran ya aquel primer grupo de 12 hermanos; ahora hacía falta una organización para facilitar el gobierno de la naciente orden y, por lo tanto, triunfaron las ideas de los vicarios.
El gran enfrentamiento entre los franciscanos fue siempre el entendimiento de la pobreza.
Recordemos la película del Nombre de la Rosa, donde en la abadía se celebraba una reunión de varias órdenes para decidir si el manto que llevaba Jesús de Nazaret era suyo, pues esto justificaría el derecho a tener bienes propios.
Diversas bulas pontificias habían distinguido entre propiedad y uso de bienes, sin llegar a dar un resultado concreto.
Ante este problema la Santa Sede acordó que la propiedad de los bienes franciscanos sería de ella y la Orden solamente tendría el uso de los bienes.
Según pasaban los años los frailes conventuales fueron relajándose en el cumplimiento de su regla, lo cual dio lugar a que surgieran reformistas que abogaran por seguir la Regla de san Francisco más estrictamente.
Estos reformistas consiguieron separarse de los Conventuales y pasaron a llamarse Observantes. Fueron reconocidos en el Concilio de Constanza en el año 1415, y su separación total se realizó cuando el Papa Eugenio IV los entregó las bulas “Vinea Domini” y Ut Sacra” en el año 1446.
Dentro de la rama observante se volvieron a suceder separaciones, dando lugar a los Reformados, Descalzos o Alcantarinos, Recoletos y Capuchinos.

FRANCISCANOS EN PLASENCIA

La llegada a Plasencia de los Franciscanos Conventuales, aunque no está documentada, se realizaría en el siglo XIII, estando aun vivo san Francisco. Estos conventuales tuvieron que abandonar el convento en el año 1566, por una orden de Felipe II. El convento pasó a manos de los Observantes de la provincia franciscana de san Miguel, los cuales estuvieron en el hasta la Desamortización.

LOS DESCALZOS EN PLASENCIA

La llegada de los Descalzos a Plasencia y la fundación del convento de san Miguel de la Florida se realizan en el año 1519. Estos primeros frailes pertenecían a la provincia de san Gabriel. La idea de fundar un convento descalzo en la ciudad, debió de partir de personas de la misma, los cuales viendo la mala imagen que daban los Conventuales de san Francisco, decidieron llamar a estos reformistas.
La finca donde se fundó el convento se llamaba de Valsoriano, y era propiedad de doña Mencia de Carvajal, dicha propiedad consistía en un terreno no muy grande en el cual había un palomar. La zona se llamaba “Las Viñas de Calzones”, (hoy la Florida y el Espartal).
Por parte de los franciscanos se hizo cargo de la donación fray Ángel de Valladolid, el cual era Provincial de los Descalzos de la provincia de san Gabriel.
Una vez recibida la propiedad, construyeron una pequeña casa donde estuvieron por espacio de cinco años, hasta que se terminó el nuevo convento, siendo su guardián fray Francisco de la Zarza.

El mecenas principal de la construcción del convento fue don Fadrique de Zúñiga, primer Marqués de Mirabel. También recibieron donaciones del Concejo de la ciudad, de varias familias de la misma y del pueblo de Malpartida de Plasencia, al cual acudían los frailes todas las semanas a pedir.

La construcción de este nuevo convento no fue bien vista por los Conventuales de san Francisco, los cuales pleitearon con los Descalzos para impedir su asentamiento en la ciudad, aunque no lo consiguieron.
En el año 1524 se inaugura el nuevo convento de san Miguel, nombrando guardián del mismo al padre fray Francisco de Fregenal. El convento lo solían habitar entre dieciocho y veinte frailes, lo cual significaba que era uno de los grandes de la provincia y que los recursos económicos eran bastante buenos.

En el convento de san Miguel estudiaban los frailes, Teología, Artes y Gramática.
Las relaciones con el Cabildo Catedral fueron siempre muy buenas, acudiendo los Descalzos a pedir ayuda cada vez que lo necesitaron y siendo siempre bien atendidos por los canónigos. Tal era la relación entre los frailes y canónigos, que se depositaron en el archivo de la catedral todos los documentos importantes del convento, para estar más seguros.
Si las relaciones con el Cabildo eran buenas, no lo eran menos con el Obispo don Gutierre Vargas de Carbajal, el cual mediante un breve del Papa Clemente VII fue nombrado defensor de la Provincia de san Gabriel de los Descalzos. Este breve se fechó en Roma el cuatro de mayo de 1526.


HOSPITAL DE LA CRUZ O DE SAN ROQUE

A principios del siglo XVI vivían en Belvis de Monroy un matrimonio formado por don Francisco de de Valencia y su esposa doña Beatriz de Trejo Álvarez.
Este matrimonio quiso fundar un hospital de pobres junto al Monasterio de Yuste, pero al no llegar a un acuerdo con los frailes del mismo, se decidieron a realizarlo en Plasencia.
Don Francisco dejó a su mujer como su heredera usufructuaria, con la condición que al morir doña Beatriz se realizara con sus bienes el dicho hospital.
Una vez muerto don Francisco, doña Beatriz se trasladó a vivir a Plasencia, y en el año 1550, comenzó a construir el hospital de pobres, el cual se puso bajo la advocación de san Roque.
La fundadora, temiendo morir antes de haberlo terminado, nombro patronos del mismo a los Justicias y Regidores de la ciudad.
Y así sucedió, pues doña Beatriz murió el día 2 de diciembre de 1556, y el hospital no se terminó hasta el año 1558.
Como no estaba terminada la capilla del hospital, a doña Beatriz la enterraron en la ermita de santa Elena, hasta poder trasladar sus restos a la nueva capilla. Fue enterrada con el hábito de san Francisco y con la camisa de los cofrades de la Vera Cruz.
El primer maestro de obras del hospital y la capilla, fue Baltasar Botello, vecino de la ciudad. Este maestro fue el que hizo el sepulcro de don Francisco de Valencia. A su muerte continuó el maestro arquitecto Francisco Rodríguez el cual las terminó.
El hospital estuvo en servicio de la ciudad hasta el siglo XIX, y con la desamortización pasó a manos particulares.


ENFERMERIA DE LOS DESCALZOS

Cuando enfermaban los frailes de Valsoriano, tenían que desplazarse a la ciudad para ser atendidos en los hospitales de esta.
Muchas veces sucedería que estarían varios enfermos y repartidos por los distintos hospitales, con lo cual sería muy oneroso para la Orden el cuidado de los mismos.
Ante este hecho, doña Beatriz de Trejo pidió permiso al Concejo de la ciudad para hacer una enfermería en las afueras de la ciudad, concretamente al lado de la capilla del Hospital de san Roque o de la Cruz.
Esta enfermería sería solamente para los frailes descalzos de Plasencia y de los pueblos de los alrededores, como el de Santa Cruz de Tabladilla, en Navaconcejo, el de Nuestra Señora de los Ángeles, en Ovejuela, el de Santi Espíritu de Valdearrago, en Robledillo de Gata, y el de san Marcos de Altamira en Casar de Palomero.
Doña Beatriz dejó dicho en su testamento como quería que fuese la enfermería de los Descalzos:
“mando e pido por merced a los señores patronos e a mis albaceas que en acabándose de hacer la capilla del mi hospital (de la Cruz), se hagan luego inmediatamente una pieza alta y baja con su chimenea y recogimiento en ella, y esta mando que sean para que se curen cuando estén enfermos los frailes Descalzos de la provincia de san Gabriel, y que en estas piezas no se puedan aposentar ni curar su no fueren ellos, e porque más recogidos estén, es mi voluntad que no se aposenten en ella nadie aunque sea religioso ni clérigo y mando que todo lo que fuera menester para sus enfermedades se les dé, ansí de médico como de barbero como de botica, como de comida, e todo servicio e cosa necesaria sin que haga falta de la renta que yo dejo al dicho hospital, y esto mando que se haga para siempre jamás, pues que son pobres como los que en dicho hospital se han de curar, y quiero que estas dos piezas se hagan a un lado de la capilla hacia Santiago (hoy Cristo de la Batallas), no quitando la casa alta ni baja de los pobres, donde la dejo trazada porque quiero que allí se haga; e las piezas susodichas se harán acomodándose e tomándose parecer con el guardián que fuere del Señor San Miguel de esta ciudad, e han de quedar en el dicho aposento una ventana en la misma pared de la capilla para que los dichos frailes enfermos puedan oír Misa e quiero que el mayordomo que fuere del dicho Hospital tenga cargo de reparar las dichas piezas e ansí suplico a los Señores mis patronos que fueren se lo manden hacer a costa de la hacienda del dicho hospital e porque no les anden tratando ni usando la ropa e vasos e otra cosa de la enfermería que será menester que tengan los dichos frailes todo como dicho tengo, es mi voluntad que las llaves de las dichas piezas las tenga el guardián que fuere del Señor San Miguel, e dejo que se hagan con su acuerdo las dichas piezas por que no las hagan de manera que excedan su estado y estén los dichos frailes desconsolados e ruego a los padres que allí se curaren que me encomienden a Dios a mí e a Francisco de Valencia mi marido, pues siempre fuimos sus devotos y los tuvimos por hermanos e quiero y es mi voluntad que todas las vedes que fuere menester reparar las dichas piezas se reparen a costa del dicho hospital e ansí ruego a los dichos patronos que lo manden”

En este testamento podemos apreciar que la enfermería estaba unida a la capilla del hospital, e incluso se abrió una ventana para que los frailes pudieran asistir a los actos litúrgicos que se celebrasen en ella. Esta ventana se puede ver hoy en el callejón que separa dicha capilla del edificio frontero.

Como vemos, los frailes descalzos de Valsoriano tenían que acudir a la ciudad cada vez que estuviesen enfermos, haciendo un recorrido de media legua, es decir, unos dos kilómetros y medio. Aunque no era una distancia excesiva, si lo era muy gravosa para los frailes mayores, y mucho más en invierno con lluvia. Así mismo varios frailes se tenían que quedar en la enfermería para atender a los enfermos, con lo cual el convento se resentía por falta de miembros.

Ante estas dificultades, se plantearon trasladar el convento a las afueras de la ciudad. Para ello, en el año 1568, se realizaron las primeras tentativas. Don Martín López de la Mota, Regidor de la ciudad, su esposa doña Isabel Rodríguez, y su hermano que era Racionero de la Catedral, se ofrecieron para construir el nuevo convento.
También se ofrecieron para edificar el convento los señores de la Oliva, don Juan de Vargas y su esposa doña Inés de Camargo.
Diversas dificultades hicieron que se demorase el dicho traslado, entre ellas la oposición de los Franciscanos Conventuales de san Francisco, así como la de varias familias importantes de la ciudad.
En el año 1581 lo intentan de nuevo, consiguiendo que el obispo don Andrés de Noroña les consiguiese la licencia, y además les entregó la ermita de san Cristóbal, la cual estaba a la salida del puente de Trujillo.
El Guardián del convento de san Miguel, fray Mateo de Herrera, tomó posesión de la misma a primeros de enero de 1583.
En el año 1584, la señora de la Oliva, doña Inés de Camargo, había enviudado y volvió a ofrecer 4.000 ducados para el nuevo convento. Aunque se acepto la oferta, no se pudo llevar a cabo pues antes de la entrega del dinero murió doña Inés, quedando todo en simples palabras.
En 1589 otorga el Consistorio de la ciudad la licencia para hacer el convento, y dona unos terrenos junto a la Fuente del Moro, quedando dentro del terreno la dicha fuente. La extensión donada era de 80 varas en cuadro, lo cual equivaldría a unos 5 o 6 mil metros cuadrados.

Pero los frailes rechazaron este emplazamiento alegando que la fuente no tenía bastante caudal para el uso del convento y la huerta y que sería muy problemático su asentamiento sin garantía de agua.
Otro nuevo sitio fue el que ofreció la familia Carvajal en el año 1604, el cual estaba a mano derecha saliendo por la Puerta del Sol, es decir, en lo que hoy se conoce como avenida de Alfonso VIII. En esta ocasión se llegó a cortar la madera para iniciar las obras. Los patronos serían don Pedro de Carvajal, obispo de Coria, sus hermanos don Alonso de Carvajal, capellán mayor y limosnero de su Majestad, y don Diego de Carvajal, tesorero de la Catedral de Plasencia.

A pesar de haber hecho escrituras de patronazgo los descalzos lo rechazaron alegando otra vez que tendrían escasez de agua.
En 1627 se había terminado un convento con su iglesia cerca de la Puerta de Berrozanas. Dicho convento lo habían edificado don Francisco Rodríguez Cano, y su esposa. Este convento estaba destinado para ser habitado por monjas, pero unos problemas con la comunidad hacia que no se ocupara el edificio.

Ante los problemas que les planteaba la nueva ubicación del convento, los frailes aceptaron la invitación de don Francisco para ocupar el edificio, y así lo hicieron. Pero pronto surgieron las complicaciones, pues un grupo de personas influyentes de la ciudad se quejó que fueran los patronos personas particulares, y no la ciudad. Ante esto el Concejo les retiró la licencia que antes les había otorgado, a pesar de que los frailes pidieron a las autoridades que se les diese una casa donde poder vivir hasta que se terminara su nuevo convento. El Ayuntamiento respondió que no tenia medios para mantener un edificio, pues la situación económica era muy deficiente. Y así, después de estar tres meses en el convento de la Puerta de Berrozanas se tuvieron que volver al antiguo convento de las Viñas de Calzones.

Viendo que pasaba el tiempo y no se solucionaba el problema de la ubicación, decidieron aceptar el sitio que les había ofrecido doña Beatriz de Trejo junto a la enfermería de la Puerta del Sol.
Y por fin, en el año 1641, el Domingo de Resurrección, consiguieron hacer el traslado del Santísimo al nuevo convento, y abandonar el viejo de Valsoriano.
En total se tardaron más de 70 años en construir el convento de san Miguel de la Puerta del Sol.

CONVENTO DE LA SANTA CRUZ DE TABLADILLA

El convento de la Santa Cruz de Tabladilla está situado al borde de la carretera nal. 110, cerca del pueblo de Navaconcejo, al lado de una garganta que se llamó antiguamente de la Fuente del Barbaldo, hoy se la conoce como garganta “Las Angosturas”.
La fundación del convento data del año 1540, siendo su fundador don Lope de la Cadena y su esposa doña Mencia de Carvajal. El sitio donde se construyó el convento era una finca del matrimonio fundador, la cual se la conocía por el nombre de Tabladilla.
Esta finca había sido comprada por sus abuelos a un labrador de Piornal. "Éste tenía en aquel sitio algunas viñas, olivares y naranjos, y vivía en una casa muy pequeña, fabricada y compuesta solo de tablas, de ahí el nombre de Tabladilla”.

El convento se construyó para los franciscanos descalzos, y era tanto el deseo de los fundadores de tenerlos con ellos, que habilitaron una pequeña casita que había en la finca para que se instalaran los frailes en ella.
Las obras del convento duraron dos años. Una vez terminado se le denomino como convento de la Santa Cruz de Tabladilla. El nombre de Santa Cruz viene porque doña Mencia era sobrina del cardenal don Bernardino de Carvajal, el cual tenía el título de Santa Cruz de Jerusalén, y para honrar a su tío se le llamó así.

Fue uno de los conventos de descalzos más pobre de la Provincia, y cuentan que a pesar de ser tan pobre, tuvo una de las mejores bibliotecas de su época. Esta biblioteca la regaló el fundador al convento, ya que la había heredado de cardenal don Bernardino de Carvajal, el cual fue obispo de Plasencia desde el 20 de agosto de 1521 hasta el 13 de diciembre de 1523.

Una vez terminado el convento, se hizo la entrega oficial del mismo a los frailes, siendo el encargado de recibirlo san Pedro de Alcántara, el cual era el Provincial en esa fecha.
Además de los fundadores, tuvo como mecenas a muchas personas de la ciudad, destacando entre ellas a los canónigos Pedro Martín y Francisco de Carvajal, este último era hijo de los fundadores.

Entre las dádivas recibidas destacó un relicario con un trozo del Lignum Crucis, con lo cual el convento ganó en fama, pues las reliquias representaban el poder para las iglesias que las poseían.

Con estas espléndidas ayudas los frailes casi no tenían que salir a pedir para su sustento, dedicando su tiempo al estudio y la oración.
Los fundadores del convento quisieron ser enterrados en la iglesia del convento: uno al lado del Evangelio y el otro al de la Epístola. Con la condición de que no se les pusiera ninguna lápida ni escudo. Cosa que su hijo Francisco incumplió ya que les puso lápidas y escudos sobre sus sepulturas, y él se enterró en medio de sus padres.

A finales del siglo XVIII (1793), se hace el Interrogatorio de la Real Audiencia, y en el cual se puede leer:

“En el territorio de esta villa de Navaconcejo, a distancia de media legua cerca de ella hay un Convento de Religiosos Descalzos de Nuestro Padre San Francisco de la Provincia de San Gabriel, nominado Santa Cruz de Tabladilla, cuya mantención y subsistencia pende de la limosna que piden y reciben de este pueblo y los demás de la guardianía, el número actual de religiosos que hoy tiene es el de veinte y tres y el de su fundación no podemos dar razón fija, solo podemos informar que jamás hemos conocido en este convento tan corto número de religiosos, sin que en él se enseñe facultad alguna pública ni privadamente”.
A este convento le afectó la exclaustración, teniendo que abandonarlo los frailes en el año 1835. Los objetos de culto fueron entregados al obispado de Plasencia, y de la iglesia se hizo cargo el párroco de Navaconcejo.
De los libros del convento se hizo una relación en la que figuraban, ciento diez y siete volúmenes en folio y forrados en pergamino. Doscientos cuarenta y dos de diferentes tamaños y de distintos idiomas, y un legajo con cuarenta y cuatro cuadernos de bulas y privilegios.
Pascual Madoz en su Diccionario Histórico Geográfico (1846-1850) dice del convento que ya está abandonado y en ruinas.
En la actualidad la finca donde estaba el convento se llama “la Casería”. Todavía quedan algunos restos de la iglesia del convento pegados a nuevas edificaciones destinadas al negocio de las casas rurales.

FABRICA DE SAYALES DE NAVACONCEJO

Uno de los problemas que se encontraban las autoridades franciscanas, era la compra de tela para los hábitos, ya que el tinte era distinto en cada lugar de fabricación, con lo cual parecían ser de distintas órdenes por la variación de la tonalidad del color.

Ante esto, pensaron hacer una fábrica de paños para uso de los frailes. Al principio se pensó en el pueblo de Tornavacas, pero se opusieron los vecinos alegando que les iban a hacer la competencia a las dos fábricas de paños que había en el pueblo.
Entonces se pensó en hacerla en Cabezuela del Valle, y así estuvieron varios años en este pueblo, aunque tenían el inconveniente de vivir los frailes en dos casas muy pequeñas y no poder reunirse todos para los rezos y oficios religiosos.
Por estos años había muerto el cura de Navaconcejo, el cual dejaba una buena y amplia casa muy bien situada, por lo cual los frailes decidieron comprarla. Después de vencer las reticencias de las autoridades del pueblo, se instalaron en él y estuvo funcionando muchos años la fábrica de sayales de los franciscanos.

El Real interrogatorio del año 1791, dice:
“En este pueblo no hay fabrica alguna de seda o lana, solo hay la de lienzos, reducida a las telas precisas para el surtimiento de las ropas interiores de los vecinos; ni se juzga combeniente establecerla por que en el tiempo que habia en esta la fabrica del sayal de los Religiosos Descalzos de Nuestro Padre San Francisco de esta provincia no se esperimento utilidad en los vecinos, antes si un conocido atraso en las haciendas por falta de operarios, debiendo escitarse hoy mas esta labor por la falta de los castañares, cuya tierra es preciso reducir a cultura.”
Hoy en día la casa pertenece al Ayuntamiento y se dedica a diversas actividades, pero todavía se la conoce en el pueblo de Navaconcejo como “La Fábrica”.



Pedro Luna Reina, de la A.C.P. “PEDRO DE TREJO”
Plasencia abril de 2012
                                         "SEMBRANDO INQUIETUDES"






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