lunes, 17 de agosto de 2009

CONVENTO DE LAS CARMELITAS.1628-1963

Según nos comenta Fray Alonso Fernández, este convento fue fundado por Doña María de la Cerda Porcallo, sobre la casa en que vivía junto a la Iglesia de El Salvador, y nos decía que aún no habían entrado monjas en él, cuando lo escribía en 1627.
Las monjas ocuparon el convento según se lee en la inscripción del coro bajo de la Iglesia, el dia 27 de Enero de 1628.
Fue María de la Cerda la fundadora de este convento, era hija de Vasco Porcallo y de Isabel Moscoso y nieta de Hernado de la Cerda y de Catalina de Trejo.
Se caso dos veces, la primera vez con Juan de Villalba, sin sucesión de su enlace- La segunda con Luis de Camargo, del que tampoco obtuvo sucesión.
En este lugar estuvo Santa teresa de Jesús, para hacerse cargo del terreno sobre el que se iba a fundar el cenobio de la orden del Carmelo. Este momento se recuerda en una inscripción que se conserva a lo largo del coro bajo de la iglesia, es policromada, y en ella se puede leer : “EN ESTE MISMO LUGAR PREDIJO NUESTRA MADRE SANTA TERESA DE JESUS LA FUNDACION DE ESTE CONVENTO QUE SE EFECTUO EL 27 DE ENERO DE 1628” Apenas habían transcurrido 46 años desde el fallecimiento de la Santa de Ávila.
Con fachada a la calle de Santa Ana y a la Plazuela de El Salvador, este edificio de granito, mampuesto, ladrillo y adobe, acogía a las hermanas de la Orden del Carmelo. La portada del templo conventual de las religiosas Carmelitas, (Foto 3) tiene una esbelta arquitectura neoclásica. Es de muy fina piedra granítica. Ostenta dos grandes y hermosas columnas de fino granito, de orden jónico, que sostienen el cornisamento. El frontón es partido: en medio de el se yergue un magnífico escudo de doña María de la Cerda, de primorosa labra. Es cuartelado en cruz y lleva: en el primero y cuarto, dos castillos mazonados y dos leones rampantes (Castilla y León); en el segundo y tercero, tres flores de lis (Francia). Bajo este uno de las armas de la Orden del Carmelo (Descalzas), que lleva un monte en su color natural sumado de una cruz latina, acompañada de tres estrellas de seis puntas, es oval de granito, se acoda de una media luna, se timbra de un coronel y asienta sobre una cartela.
En la esquina de la Calle de santa Ana y el salvador se ve un escudo del Obispo José Jiménez Samaniego, y sobre una puerta de la calle de Santa Ana, dos escudos a la izquierda Trejo (Castillo sobre ondas) y a la derecha que trae una banda en el campo con un águila arriba y otro abajo).
En el interior se podía resaltar los altares, el mayor (foto 1 y 5 ayer y hoy) barroco y sobredorado, que cubría todo el frente del presbiterio, con buenos ejemplares, con buenos armeros policromados, los dos laterales, en uno de ellos se encontraba una imagen de santa Teresa, que se atribuye a Gregorio Fernández.
En el pavimento de la iglesia hay tres losas sepulcrales por el siguiente orden:
La primera losa, junto al presbiterio, cubre los restos de doña María de la Cerda y sus padres. Tiene en su parte superior el escudo de la señora. El epitafio dice así: “Aquí están sepultados Doña María de la Cerda Porcallo, fundadora de esta Santa Casa, y sus padres. Manda que no se pueda enterrar aquí ninguna persona jamás. 1616”.Recio estilo, imperativo y exclusivo, el de esta inscripción.
A mitad del templo hay otra laude. Tiene también en la parte superior un escudo, que es partido. En la mitad diestra hay seis roeles; en la siniestra, un castillo mazonado al que coronan tres almenas. En los márgenes laterales de la lápida se lee esta inscripción bíblica del libro de Job: “Expecto donec veniat immutatio mea”. En el centro muestra este epitafio: “Aquí yace Doña Catalina de Otenez, viuda de Jerónimo de Castro. Dótala el Licenciado Don Antonio de Castro Otenez, su hijo, Cura de la Catedral y Familiar del Santo Oficio de la Inquisición, Confesor de este Santo Convento para los hijos y sucesores de sus padres. 1651”.
Próximo a la cratícula, es decir de la ventanilla en que se daba la comunión a las monjas, está otro sepulcro en cuya piedra se lee: “Sepultura del Doctor Juan Jiménez Moreno, Presbítero, primer Capellán y Confesor de este Convento. Está dotada. Murió el 16 de diciembre de 1653”. No tiene esta laude el escudo (que es de heráldica simple) arriba, como las otras citadas, sino en su parte inferior. En el hay únicamente dos cervatillos.
Don Juan Jiménez Moreno fue rector de la parroquia de El Salvador, y por ello fue también testamentario de doña María de la Cerda. Trabajó mucho en la fundación de este monasterio y escribió la primera historia del mismo, como ya dijimos en el anterior número de este periódico. Trabajó al lado del Obispo placentino don Sancho Dávila y Toledo, el gran amigo de Santa Teresa y gran favorecedor de la Reforma Carmelitana. Y prosiguió laborando con el siguiente Obispo don Francisco de Mendoza en cuyo pontificado si inauguró este convento carmelitano, superándose muchas y graves dificultades y que resultaría muy largo narrar. Don Juan Jiménez acompañó personalmente a las Carmelitas Descalzas fundadoras en su viaje a Plasencia desde el convento de Nuestra Señora de la Imagen, de Alcalá de Henares; viaje que se realizó en los últimos días de enero de 1628. Bien mereció este buen doctor Jiménez Moreno el reposar para siempre aquí, en este templo de su ministerio.
Sobre el muro del Coro, otro escudo policromado con las armas de la Cerda (Foto 2)
Trescientos sesenta y cinco años después, en 1963, estas religiosa abandonaron este cenobio, trasladándose a uno mas moderno a las afueras de nuestra ciudad.

Esperemos que nos sea víctima de la ruina como otros muchos edificios ilustres , y que se sepan conservar estas inscripciones y losas funerarias que esperamos que aún existan. No he podido acceder al interior del convento, pues es privilegio de algunos que nos no permitirían divulgar al menos de momento lo que es patrimonio de todos los placentinos.

José A, Pajuelo Jiménez-Pedro Luna Reina de la A.C.P. “PEDRO DE TREJO”
SEMBRANDO INQUIETUDES.


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Jose Antonio:Médico. Pedro:Industrial,Documentalista. Pero sobre todo, y desde hace cuatro décadas, personajes incansables rescatando el recuerdo de nuestras raíces culturales. Nuestro deseo es compartir esa experiencia, con el ánimo de continuar con la herencia de nuestros antepasados.