domingo, 24 de agosto de 2008

LA CASA DE HERNANDO DE CARVAJAL



En el año de 1488 vivia en Plasencia, en la casa número 1 de la calle de Berrozana, finca que hace años ocupaba la Imprenta Sanguino, Sucesora, el ilustre placentino Hernando de Carvajal, que era propietario de la casa ( Imprenta Sandoval). Eran los Carvajales, la familia más ilustre y calificada de Plasencia, y siendo preciso a los placentinos, enviar un Embajador al rey Católico don Fernando, ofreciéndole la ciudad, acuerda ésta que sea Hernando de Carvajal el Enmbajador placentino que ofrezca al rey el dominio de Plasencia. Y Hernando de Carvajal fué el embajador que envió Plasencia al rey Católico y que fué recibido por don Fernando con todos los honores, en Valladolid, donde estaba el rey. Viendo los placentinos ocasión tan favorable para salir de los Zúñigas, el señor de Torrejón, Francisco de Carvajal, y su hermano Gutierrez de Carvajal, con otros deudos y aliados suyos, determinaron levantarse contra el Señorío de los Zúñigas. y apoderarse por las armas de PLASENCIA, llamando al rey para entregársela. Tomada esta resolución, enviaron a buscar al Rey a Hernando de Carvajal. Alegróse mucho don Fernando el Católico con la noticia que le llevaba el Embajador de los placentinos y a estos les dió las gracias. Al punto despachó correos a Salamanca, Zamora, Toro, Ciudad Rodrigo, Trujillo, Cáceres y Badajoz para que acudiesen con tropas a Plasencia, si de esta ciudad se las pedian. El rey vino por la posta a Plasencia, con pretexto de apaciguar aquellos alborotos, y se apoderó de la población de la manera siguiente: Puestos de acuerdo los placentinos con la gente de Cáceres y habiendo llegado de noche a la ermita de Fuentidueñas, Juan de Sande de Carvajal, hijo del señor de Torrejón con 50 caballos que traía de Cáceres, se armaron muchos deudos y amigos de Francisco y de Gutiérrez de Carvajal, su hermano, el cual con veinte labradores, con hachas y segurones rompieron las Puertas de Trujillo y por ella entraron, Juan de Sande con sus 50 caballos y los Carvajales con su gente, y levantándose los conjurados que había dentro de la ciudad, que eran muchos y bien armados, tomaron la voz del rey y clamaron: ¡Plasencia por los Reyes don Fernando y doña Isabel! Con la sorpresa se apoderaron aquella misma noche de la mitad de la ciudad hasta llegar a la plaza. Tres días duró el combate en las calles de la ciudad pero al fin triunfaron los del rey, por que los Zúñigas se rindieron. El dia 20 de Octubre llegó el rey a Plasencia, y en el mismo día tomó posesión de la ciudad acompañado de los independientes y nobles Caballeros, de los Regidores y de la gente del pueblo. Para esto llevaron al rey a la Catedral, donde le salió a recibir el Deán y el Cabildo con toda la Clerecía. Al entrar en la Iglesia le pidieron la ciudad, los Regios Caballeros y Capitulares que jurase solemnemente no enajenarla, y lo juró en Plasencia a 20 de Octubre del año 1488, en la Catedral


SEMBRANDO INQUIETUDES. A.C.P. PEDRO DE TREJO.

domingo, 10 de agosto de 2008

EULOGIO GONZALEZ


UNA VIDA EJEMPLAR
Sabéis que fue en Plasencia Maestro de varias generaciones de párvulos, habiendo dejado en su labor un surco imborrable. Aunque hombre de rectas costumbres y de buen corazón, fue Maestro de mano dura, en consonancia con la época, pues todavía no se había indultado al niño del delito de nacer, que dijo el clásico, ni se había descubierto que siendo la Escuela una continuación del hogar, que es amor, el amor debe ser el eje de la enseñanza. Eran los tiempos en que se sostenía la teses brutal de que “la letra con sangre entra”, y en que los padres, mal orientados en el asunto, cuando presentaban un hijo al Maestro le decían sentenciosamente, como si entregaran una res al matadero: -Con las orejas me responde usted.
Y para obedecer cumplidamente tan cariñosas indicaciones, en las cuales no sabemos que parte tendría el corazón, D. Eulogio tenía, aparte de su correspondiente cuarto de los ratones, un punterito se encina terminado en punta, de un negro charolado, que al rebotar sobre las uñas de los pobres infantes les hacía retorcerse en horribles convulsiones y enroscarse al brazo severo, trastornados por el dolor, y cerrados sus ojitos anegados en llanto. Y cuando el puntero era sustituido por las manos, sacudía con tal fuerza en las tiernas posaderas, (era hombre de complexión robusta) que en no pocos casos se hacía necesaria la presencia de la criada y el estropajo.
Muy duro, ¿verdad? En honor de la misma, hay que confesarlo. Pero volvemos a decir que el hombre es hijo de su época. Un monarca justiciero que lega a su sucesor prole bastarda y nobleza insumisa, puede muy bien hacerle desembocar en cruel.
Primero estuvo la Escuela en el lugar que hoy es plaza de mercado, aneja a la entonces Audiencia. Había para el recreo una ancha explanada, entre paseo y jardín, donde los niños jugábamos al toro utilizando como cuernos las retorcidas hojas de unos eucaliptos que allí crecían, mientras que D. Eulogio, sentado junto a un pozo con bomba, tomaba el sol y su tabaco en polvo, pues vivíamos en las postrimerías del rape, la canoa y el polisón. Al acordarse la construcción de la plaza de abastos, la Escuela fue trasladada a la calle Pedro Isidro, y últimamente, a la Plazuela de Leal.
Don Eulogio vestía de negro, y durante las clases se cubría la cabeza con un birrete del mismo color; y para dar compás a nuestras marchas escolares, tocaba un tambor que oprimía habilidosamente sobre el dorso de una mano con los dedos anular y meñique no obstante manejar con los pulgar e índice de la misma mano uno de los palillos. En la diaria labor le ayudaba su esposa Dª. Rufina, señora bajita de cierto aire monjil, que nunca pegaba, y también una muchacha blanca, guapa y saludable, llamada Tomasa, y otra, Lucía, alta y delgadita, de muy simpático aspecto, que nos acariciaba con los ojos porque no podía llegar a más.
Tenía D. Eulogio entre sus novedades pedagógicas, un alfabeto mímico con el que nos entendíamos a las mil maravillas sin mover los labios, aunque para nada nos haya servido después. Había compuesto una lección de Geografía local que nos hacía recitar con frecuencia y que decía así:

Niño, serás un bobalicón
Si no tratas con porfía
De aprender esta lección
Sencilla de Geografía.
Al norte está el Berrocal;
Al saliente, San Antón;
La Isla se halla al Mediodía,
Y al poniente la estación
De nuestra próxima vía.

Esto de próxima no sabemos si haría alusión a distancia o a que el ferrocarril estaba ya en vísperas de su inauguración.
También nos enseñaba de viva voz otra lección sobre urbanidad, que muy pudiera titularse “El suplicio de Pepín”, y que era la siguiente:

Lávate muy bien la cara,
Las manos, ojos y oídos:
Guarda los demás sentidos
Si es que están limpios y sanos.
La cabeza peinarás
Que es cosa muy buena y sana,
Y una vez a la semana
Las uñas te cortarás.

Por la escuela de este hombre activo y ejemplar desfilaron durante muchos años párvulos de todas clases sociales de la población, y su labor de derramó a todos por igual, pues a pesar de la enorme asistencia que pesaba sobre el, éramos muchos los niños de clase humilde que al cumplir los seis años salíamos de su Escuela leyendo y escribiendo con regular perfección.
Ya viejo, solo y achacoso, fue jubilado con una asignación irrisoria, por lo que vivía en extrema necesidad. En el barrio que lleva su nombre fue recogido por un discípulo agradecido en cuyo hogar vivió, para después ser trasladado a un asilo de Madrid, donde acabó sus días en total soledad y aislamiento, lejos del lugar donde había dejado diluida su alma.


SEMBRANDO INQUIETUDES. A.C.P. PEDRO DE TREJO.

viernes, 1 de agosto de 2008

MARTES MAYOR


DONDI JUERON LOS TIEMPOS AQUELLOS…
(GABRIEL Y GALÁN)

Casi desde que la ciudad se fundó por el rey Alfonso VIII, el cual en uno de sus privilegios otorgados figura el mercado del Martes, han pasado ocho centurias, o sea que sin interrupción son cerca los cuarenta y cinco mil los celebrados en Plasencia.
La visión o el aspecto folklórico del mercado ha cambiado por completo, la abundancia de productos alimenticios sigue siendo la misma, aunque se nota la falta de utensilios caseros y campestres de artesanía, sobre todo en lo que se refiere a nuestros vecinos los montehermoseños.
También faltan los consabidos paños de Torrejoncillo, con los que se confeccionaban los trajes y capas de “paño pardo” de todos los tan variados pueblos de nuestra extensa región, sobre todo en la indumentaria masculina, pues en Montehermoso existían telares primitivos para el pintoresco y lleno de color de los montehermoseños y los refajos de las mozas de toda la referida región, incluso para las placentinas, que también usaban ¿Cómo no? su traje típico.
El mercado de antaño resultaba rico de color y asaz pintoresco, con sus toldos de reminiscencias de “zoco moruno” de los que todavía se ven algunos ejemplares.
El progreso igualó la indumentaria, y nadie sabe a que pueblos pertenecen los vendedores, y así varió el medio de transporte que iguala así mismo cada pueblo con sus modernos vehículos de carga.
No faltaban en ningún mercado del martes los típicos “carteles de los crímenes” divididos en horrendas y populares pinturas en cuadriláteros con manifiesto uso de color rojo de la sangre derramada por el “criminal”, el que siempre terminaba en “garrote vil” en el patíbulo rodeado siempre por sendos guardias civiles simétricos y de idéntica ejecución “artística”.
El tío de los “crímenes” vendía las coplas a las “maritornes” y papanatas, y a golpes de violín destemplado campaba las coplas explicativas con voz gangosa.
Este era uno de los aspectos folklóricos que no faltaban, ni el alegre vocerío de las vendedoras, sobre todo de las placentinas.
¡Y que tomates muchachas, y que tomates…! Pero muchas veces los tomates eran peces del río…en tiempo de veda, y las autoridades hacían siempre la “vista gorda” porque era martes…
Todo pasó a la historia, las generaciones se suceden, y hoy los ruidos son de los motores con escape libre y en el ambiente el apestoso olor a gasolina quemada, pero el martes sigue y suma en abundancia pletórica de frutos de todas clases.
Así contemplando el martes de hoy, observamos como el tipismo folklórico, con su policromía pintoresca, se lo llevó la trampa…y el progreso.
Francisco Mirón.

SEMBRANDO INQUIETUDES. A.C.P. PEDRO DE TREJO

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Jose Antonio:Médico. Pedro:Industrial,Documentalista. Pero sobre todo, y desde hace cuatro décadas, personajes incansables rescatando el recuerdo de nuestras raíces culturales. Nuestro deseo es compartir esa experiencia, con el ánimo de continuar con la herencia de nuestros antepasados.