sábado, 26 de julio de 2008

DON JUAN PEDRO ZARRANZ Y PUEYO

EL OBISPO DESCONOCIDO

En 1973 murió el Obispo don Juan Pedro Zarranz y Pueyo, después de cinco lustos bien cumplidos al frente de la vida religiosa diocesana.
Si a los obispos, a la manera como se hacía con los reyes, hubiera que añadirles un sobrenombre para catalogarles, a don Juan Pedro yo le llamaría “el Desconocido”.
Se murio sin que los diocesanos, a pesar de los 27 años de su gobierno, conocieran los valores humanos y las virtudes sacerdotales que le adornaban; sin gustar del encanto de su trato amistoso, de su conversación correctísima, de la fina sal de sus agudezas inolvidables.
Quizás creyeron que su devoción acendrada a la Virgen María quedó satisfecha con las coronaciones resonantes en Plasencia, Bejar y Trujillo.
A lo mejor no se dieron cuenta de que todas y cada una de sus homilías terminaban con una alusión a la Señora, desahogo de su ejemplar devoción. No se comentaron como merecía sus esfuerzos por la instalación de la Adoración Nocturna en tantas parroquias del Obispado. ¡Cuántas buenas cosas de el que no se conocieron!
Llegó aquí mocetón navarro con arrolladora simpatía juvenil, con prestancia física poco común, con palabra fácil y convincente.
El día de su entrada en la capital diocesana nos dolían las manos de aplaudir y se ensanchaban los senos del alma con la gozosa expectación de las más grandes realizaciones. Yo le conocí un mes antes, en Pamplona, las vísperas de su consagración episcopal. Era insaciable su deseo de conocer cosas de Plasencia. Ya sabía muchas. Gozaba confirmándolas. Y planeaba empresas. Y nos hizo visitar ejemplares instituciones diocesanas de aquella ciudad con prisas de copiarlas aquí.
Los primeros tiempos de su estancia en Plasencia fueron pródigos en comunicaciones a todo nivel. Diálogos impresionantes. Gestos que suscitaban unánimes comentarios de aprobación y de aplauso.
Luego…circunstancias totalmente ajenas a su voluntad y a su intención, ajenas igualmente a la voluntad y a la intención de los diocesanos le hicieron recluirse en la intimidad del Palacio Episcopal. Temperamentalmente indeciso y tímido no supo defenderse. Tal vez no quiso. O estimó que todo era inútil en aquellas calendas. Tímido he dicho. Tengo de ellos pruebas abundantes. Tímido, a pesar de sus maneras a veces dictatoriales. Quizás dictatoriales como efecto de su timidez.
Desde entonces sus apariciones se redujeron a las obligatorias del cargo. En lo demás se entregó a sus deberes episcopales. Lo perdonó todo. Hasta la calumnia prolongada largos años.

De este modo, dejaron de brillar sus virtudes humanas y el ejemplo de su sacerdocio.
Fue capaz de tratar los problemas mixtos con el gran número de Gobernadores Civiles, que lo fueron en 27 años, de Cáceres, Badajoz, Salamanca y hasta hace poco, Avila (provincias en que había pueblos de su Diócesis) sin merma de los derechos de la Iglesia, sin estridencias dignas de tal nombre, manteniendo el decoro del cargo. Todos los Gobernadores le admiraron y le quisieron.
Era pasmosa su capacidad de conocimiento de personas y de cosas.
En tiempos en que pasaban de 200 los alumnos del Seminario les conocían a todos. No tan solo el nombre y los apellidos. También las respectivas condiciones personales, soñando futuros aprovechamientos para el Obispado.
Amó mucho a Plasencia. Era casi infantil su alegría cuando la Radio o la Televisión divulgaban algún acontecimiento placentino. Mis modestas investigaciones históricas tuvieron en el un buen panegirista. Era parco en alabanzas. Yo que lo sabía le agradecí mucho las que a solas me tributó. Que brotaban de su amor a la ciudad y a la Diócesis.
Con que tesón, hasta lograr el éxito, defendíó ante los Jerarcas Vaticanos a la Diócesis bien amada de la amenaza que para ella constituían algunas frases del último Concordato.
No olvidaré su resistencia al homenaje proyectado con motivo de sus Bodas de plata con el cargo. Pertenecí yo a la Comisión organizadora y ante su repetida prohibición de hacer nada conmemorativo, me vi obligado a decirle: “Perdone, pero por esta vez no le obedeceremos”. Todavía se obstinó en recortar detalles interesantes.
Se pasó muchos años los días enteros, aparte una breve salida al campo los domingos, en su despacho episcopal. Despachando de palabra y por escrito. ¡Que hermoso epistolario el que salió de sus manos!
Allí se volcó el alma de don Juan Pedro. No era tan solo el aticismo de sus líneas; era el acierto en el enfoque de los problemas y el corazón en las soluciones.
Pero no se le conoció. Se olvidaba que existía.
Luego le fuimos viendo morir. Era su envejecimiento rapidísimo comentario obligado de los que le observaban. Le vimos irse muriendo. Sin que el cediera. El pudor del cargo le impedía confesarse rendido.
La muerte salió a su encuentro en las primeras horas de la tarde del 14 de noviembre. Murió plácidamente, santamente.
No se si en vida se humilló. Puso sin menor disimulo sus mejores ilusiones en los Curas que el ordenó. Le dolieron muy hondamente las defecciones que se fueron sucediendo. Fue la gran cruz de su pontificado, No fue ello obstáculo para su amor desmedido a los sacerdotes. Les defendía siempre. Iba a decir que aun cuando no tuvieran razón.
No se si en vida se humilló. Pero si que está siendo ensalzado.

El desfile ininterrumpido de personas de toda condición por la capilla ardiente, la concurrencia incontable de asistentes al sepelio, la venida de todo el clero diocesano, la presencia de las autoridades civiles provinciales y locales, las lágrimas que observamos en rostros bien curtidos al darnos el pésame por las calles, la llegada de obispos de los sitios más dispares (Toledo, Huesca, Cáceres, Cartagena, Salamanca, Madrid, Badajoz, Avila, Palencia) resultaron una innegable exaltación. Y la piadosa, honda, exacta y correctísima homilía del Cardenal Primado.
Todos los días hay claveles frescos sobre su tumba.
Todos los días, junto al sepulcro, personas que rezan.
Descanse en paz, don Juan Pedro, el Desconocido.

Manuel López Sánchez-Mora .Canonigo Archivero



SEMBRANDO INQUIETUDES. A.C.P "PEDRO DE TREJO"

viernes, 18 de julio de 2008

RETABLO DE AZULEJOS TALAVERANOS EN LA ERMITA DE SAN LAZARO


Hallase fuera del cerco de la antigua ciudad la ermita de San Lazaro y es una humilde construcción del siglo XVI, reformada. Consta de tres naves, de a tres tramos, con pilastras y bóvedas por arista. La importancia de esta ermita no está en el edificio sino en lo que contiene, que vamos a describir.
Pinturas en tabla, aprovechadas en el moderno retablo de la ermita de San Lázaro y muy estropeadas. Aun así se reconoce su mérito. Deben datar del siglo XVI y debieron componer un retablo importante. Representan los conocidos pasajes bíblicos de Herodías y del rico Epulón, la resurrección de Lázaro, el lavatorio antes de la Cena, y la Virgen con el Señor difunto en los brazos. Son pinturas arcaicas de buena mano y de las que hemos hablado en el anterior articulo.

Virgen con el Niño, escultura en piedra, policromada. Siglo xv. Se halla en el retablo que vamos a describir. Retablo de San Crispín y San Crispiniano.—Es un retablo de azulejos de Talavera de la Reina. Se halla al fondo de la nave de la Epístola en la ermita de San Lázaro. Obra fechada y de las más antiguas de dicha fábrica, es ejemplar notabilísimo en su género. La composición de azulejos pintados, en número de 401, comprende frontal del altar de 2,07 metros de largo y 0,91 de alto, con 138 azulejos y retablo de 2,79 metros de alto y 2,10 de ancho, con 263 azulejos. EL retablo consta de zócalo, dos cuerpos de a tres compartimientos separados y bordeados por columnas corintias y coronamiento en forma de frontón en el que hay otro recuadro y dos columnas. Sobre el triángulo de remate que hay encima se ve el escudo franciscano con las cinco llagas. Unos jarroncillos sirven de acroteras en esta parte superior del frontón y en sus arranques inferiores. En el dicho compartimiento alto se representa de medio cuerpo sobre rayos. A los lados se ven querubines. En el cuerpo siguiente se representa en el centro a la Virgen con el Niño sentada y a los lados el martirio de San Bartolomé y San Francisco de Asís. En el cuerpo bajo aparecen representados en el medio San Crispín y San Crispiniano sufriendo su martirio en una caldera puesta al fuego y en los compartimientos laterales San Acacio crucificado y San Gil. En los tres recuadros del zócalo se representan en figuras pequeñas los Misterios de la Encarnación, la Natividad y la Epifanía.El frontal, que imita labor de bordado con bella ornamentación del Renacimiento, con su caída y fleco y sus guarniciones, muestra en un cuadro central rectangular una composición por demás curiosa, pues representa a los patronos de los zapateros, los dichos Santos Crispín y Crispiniano en su tienda de zapatería, tras del mostrador, y ante ellos dos clientes, uno de rodillas, viéndose en anaquelerías numerosos calzados, más otros colgados. Por bajo del zócalo del retablo, en una faja de azulejos se lee en letras capitales la siguiente curiosa inscripción:
ESTE KETAELO HICIER°N DE LIMOSNA LOS TRATATES DE LA ÇAPATERIA AN 1599
Por deterioro del último azulejo no se apreciaba bien la última cifra, la cual ha sido diversamente interpretada. Pero limpiado a instancia nuestra del yeso que lo tapaba dicho azulejo, resulta ser la lectura cierta 1599. A este retablo y al anteriormente descripto de Santo Domingo dedicaron un articulo publicado en el Boletín de la Sociedad Española de Excursiones (1. XXVII! 1919, p. 56), donde citan otros trabajos y hacen notar que el retablo de Santo Domingo es una obra de arte sabio y el retablo de San Crispín y San Crispiniano es por el contrario de arte popular. A este retablo dieron allí la fecha de 1590.



SEMBRANDO INQUIETUDES. A.C.P. PEDRO DE TREJO

jueves, 17 de julio de 2008

ERMITA DE SAN LAZARO



En el siglo XV, los santos aparecen en los altares no solo por su ejemplaridad moral, sino por advocación protectora de algunas enfermedades, fenómenos atmosféricos o patronos de gremios, esta ermita, hallase fuera del cerco de la antigua ciudad y es una humilde construcción del siglo XVI, reformada. Consta de tres naves, de a tres tramos, con pilastras y bóvedas por arista, así es descrita por Melida en su visita a Plasencia en 1924. San Lázaro el patrón de esta, y al que está dedicado el retablo, es patrón de los pobre y leprosos, Mandoz en su “Diccionario Geográfico” describe un hospital o casa de pobres a las afueras de esta ciudad para el recogimiento de los infelices pasajeros, posiblemente leprosos, por la iconografía que representaba su retablo.
La importancia de esta ermita no está en el edificio sino en lo que contiene, que vamos a describir.
Pinturas en tabla, aprovechadas en el moderno retablo de la ermita de San Lázaro y muy estropeadas. Aun así se reconoce su mérito. Deben datar del siglo XVI y debieron componer un retablo importante. Representan los conocidos pasajes bíblicos de Herodías y del rico Epulón, la resurrección de Lázaro, el lavatorio antes de la Cena, y la Virgen con el Señor difunto en los brazos. Son pinturas arcaicas de buena mano. Hoy desmontadas y restauradas, nos hace pensar que pudieron formar parte de un pequeño retablo, por las proporciones de la ermita, al estilo que ejecuto Correa de Vivar por los años 1525-1530.
En el cuerpo central de este, iría el tabernáculo, San Lázaro en escultura y en el remate la tabla de la Piedad, todo ello de abajo a arriba.
Los cuerpos laterales estaban dedicados a San Lázaro, y en este caso se unificaron las dos personalidades: el pobre de la palabra y el hermano de Marta y María: y ambos presididos por la imagen del pobre Lázaro.
En la parte izquierda de arriba abajo, Lázaro el pobre en casa del rico Epulón, y los Novísimos; y en la calle derecha, y también de arriba abajo, la Resurrección de Lázaro, y Cristo comiendo en casa de Lázaro o María ungiendo los pies de Cristo
En el banco la “Anunciación”, “El Nacimiento” y la “Epifanía”.
Todo ello hoy restaurado, por Don Pablo Rodríguez Mostacero y Pablo Javier Rodríguez Abad, recuperación posible gracias a la colaboración de Don Pedro Pérez Enciso y Dña. María Josefa Marcos Tome.
Obra restaurada por la inestimable colaboración de Don Juan Ángel Sayans Gómez.
Biografía. Isabel Mateos Gómez. Plasencia 1992.
Catalogo Monumental de Cáceres. J. Mélida. 1924

Fotos Vallejo



SEMBRANDO INQUIETUDES. A.C.P. PEDRO DE TREJO

lunes, 14 de julio de 2008

ARTISTAS PLACENTINOS DEL CORCHO


DON CASIANO SEVILLA

El año 1.914 visitó Plasencia el Rey Alfonso XIII, el cual venía a conocer las Hurdes, pues el doctor Marañón que era su médico de cabecera las había visitado anteriormente y quedó tan impresionado de lo que vio que se lo contó al Rey, el cual quiso verlo personalmente.
Entre los regalos que se le hicieron había una talla de corcho la cual le gustó tanto al rey que quiso saludar al artista. Este artista era Casiano Sevilla, padre de Antonio Sevilla, que también era escultor de corcho.
Al saludarlo el Rey le dijo que le pidiera algo a cambio de la talla y Casiano Sevilla le dijo al Rey: " Majestad a mí me gustaría tener el título de Don, para que la gente me llamase Don Casiano." Esto era lo que menos se podía esperar el monarca, y tanta gracia le hizo que le prometió que lo tendría. Al cabo de un tiempo recibió Casiano un certificado de la Casa Real en el que se le comunicaba que su Majestad le confería el título de Don. Y desde aquel día fue Don Casiano Sevilla.



ANTONIO SEVILLA GONZALEZ
En el día 25 de Agosto del año 1983, día de la Asunción de la Virgen se nos fue para siempre Antonio Sevilla, uno de los mejores artistas que ha tenido Plasencia y único en la muy difícil técnica de tallar el corcho, materia tan fácil como engañosa que él supo elevar a la categoría de talla artística, logrando hacer retratos, caricaturas, cuadros etc.de un realismo y belleza increíbles. Sus fabulosos Quijotes y Sanchos, su conde de Romanones, Manolete ( repetido más de cien veces), Marañón, Benavente y mil personas más de la vida pública de España. También personajes populares y pintorescos de la vida local realizados en maravillosas tallas; Pilouto, Martin Carona, Polo Taravillo, Palomero etc…
Las grandes estrecheces económicas, las mil y una enfermedades que le acecharon durante toda su vida le obligaron a dejar a la edad temprana su oficio de albañil y seguir los pasos de su padre (Cayetano Sevilla, notable tallador del corcho, de vida bohémica, artista que murió joven)
Su mujer María Lorenzo que fue una maravillosa compañera que nunca se quejo y supo estar apoyando a Antonio, en todo momento y circunstancias, pese al genio que en alguna ocasión sacaba el artista y al apoyo que le prestó su numerosa prole, que también desde muy pequeños ayudaban a sus padre en la elaboración de tapones, industria que era el principal ingreso de la familia, pues la venta de las tallas era escasa y mal pagada y en aquella época poco comprendida.
Los afanes de sus ansias de darse a conocer y ser apreciado, como que era y se sentía un Artista.
A continuación , reproducimos la entrevista del periódico “El Regional” del 9 de junio de 1970:Con motivo de la exposición de algunas de sus obras en el Círculo Placentino, de que dimos cuenta en nuestro número del 26 pasado, hemos charlado brevemente con este artista amigo y transcribimos algo de los que nos dijo.
Cuenta 65 años y es natural de Plasencia. Tiene seis hijos. Su padre, de quien heredó la vocación artística y la maestría, se llamó don Casiano Sevilla Bodeguero. Le preguntamos.
- ¿Hay en España alguien conocido que se dedique a este arte de las figuras en corcho?
- Ninguno; así categóricamente.
- ¿Cómo se explica esta vocación suya?
- Por recibida de mi padre, mi único maestro y único y original artista en este género.
- ¿Tiene Ud. discípulos?
- Ni siquiera mis hijos, solamente una hija tenía decidida vocación y actitud, pero ella, como los demás, tuvieron que trabajar para ayudar a la familia desde muy temprana edad; ésta además se vio precisada a prestar asiduos y penosos cuidados a su madre atacada de parálisis incurable y luego contrajo matrimonio y las obligaciones de su nuevo estado la impidieron ya definitivamente cultivar este arte del corcho.
- ¿Por qué siendo Ud. a nuestro juicio, único y original artista en este género no le vemos sobresalir nacional e internacionalmente?
- Por que he vivido en una situación constante de completo desamparo, falto de estímulos y medios económicos, todo lo cual me ha impedido una dedicación completa a mi arte y consiguientemente, el darme a conocer. Me he visto siempre obligado a trabajar en otras cosas para ganar el necesario sustento de toda mi familia.
- ¿Cuál es la situación actual de su producción artística?
- Más favorable, pero he de decir que esta producción es colocada mayormente entre extranjeros que directamente me lo solicitan, haciendo gran estima de mis trabajos, lo que en pocos casos sucede entre los nacionales.
- ¿No tuvo nunca algún mecenas o protector?
- Nunca en los tiempos pasados. En estos últimos años sólo la Caja de Ahorros me otorgó un donativo de ayuda para unas exposiciones que realicé en Valladolid y Toledo, donde obtuve franco éxito artístico y realicé algunas ventas estimulantes; y así es como me voy defendiendo.
-¿No trabaja más que el corcho?
- También la madera y escayola, pero estas materias las tengo abandonadas.
- ¿Por qué no abre Ud. una academia para dejar discípulos que aun pudieran aventajarle en este arte original?
- Lo haría con gran placer y sería la mayor satisfacción de mi vida, pero sigo sin medios para poder realizar esta idea, truncada ya en muchas ocasiones. Debo lamentar que cuando yo desaparezca este arte mío sufrirá un largo eclipse, porque pienso que a muy pocos puede seducir el mismo con su humilde apariencia, aunque entraña una exigencia de vocación y genio, como los demás y tiene su especial manifestación de belleza.
Terminamos con un fuerte apretón de manos y deseándole a nuestro buen amigo y gran artista Sevilla, que alcance a ver la realización de sus mejores aspiraciones.

SEMBRANDO INQUIETUDES. A.C.P. PEDRO DE TREJO.







lunes, 7 de julio de 2008

FRISOS DE AZULEJOS


Friso de azulejos de Talavera, que se conserva en la sacristía de la iglesia conventual de San Vicente. Corre este friso, según queda dicho, sobre la cajonería en todo el testero, cuya longitud, o sea la anchura, del recinto, es de 8,21 metros y se prolonga por ambos lados en sendos paños de 1,18 metros, siendo la altura total del friso 1,90 metros y la composición central 4,18 metros de altura por 2,06 de ancho. Forman en total este notable monumento cerámico 1.390 azulejos pintados. Constituye la composición decorativa un trazado arquitectónico sobre zócalo ornamental, con columnas corintias pareadas y entablamento de ornamentado friso, formando ocho compartimientos rectangulares en cada uno de los cuales, dentro de una cartela, de igual figura todas, se ve la imagen de un santo; más un compartimiento central mayor, esto es, más ancho y alto, según queda expresado, con doble orden de columnas, formando a modo de templete y con frontón partido en cuyo centro sobresale el escudo de la Orden dominicana entre dos ángeles niños. En tamaño pequeño el mismo escudo y alternadamente el de los fundadores sirven de remate sobre los indicados grupos de columnas. En dicho templete, bajo arco de medio punto se representa la escena del Calvario: Cristo en la cruz, entre la Virgen y San Juan, bella composición de artista español formado en las tradiciones de la pintura flamenca y en el gusto italiano. En el friso en una cartela se lee INRI; y en otra en el zócalo:
IN TE DNI
SPERAVI
En los recuadros más inmediatos se ven representados San Pedro y San Pablo; en los tres restantes de la izquierda y dos de la derecha, santos de la Orden dominicana y EN el del costado derecho Santa Catalina. El escudo oval, o sea eclesiástico, del donante, es de plata (blanco) con banda de sable (negro), con bordura de sotuers, y corresponde al apellido Carvajal que trae a la memoria al obispo de Plasencia D. Gutiérrez de Vargas y Carvajal, que falleció en 1573; pero no lleva el cápelo. Es en conjunto este friso- retablo una hermosa composición de azulejos de Talavera de la Reina, del siglo XVI. Algunos atribuyen la obra al flamenco Juan Flores, que vivió en Plasencia hacia la mitad del siglo XVI.
Hoy día permanece oculto en la antigua sacristía del convento de Santo Domingo, deteriorándose y pasando al olvido de muchos placentinos y de otros que no conocen su existencia, esta es nuestra aportación al recuerdo y a la exigencia de quien corresponda para que se proceda a su restauración y conservación de esta joya placentina, que heredamos de nuestros antecesores.
Biografía: Catalogo Monumental de España. Pag. 321

SEMBRANDO INQUIETUDES.A.C.P. “PEDRO DE TREJO”

martes, 1 de julio de 2008

PEDRO CASAS Y SOUTO


VIDA Y PONTIFICADO DE DON PEDRO CASAS Y SOUTO, OBISPO DE PLASENCIA,
EN EL PRIMER CENTENARIO DE SU MUERTE
(SOBRADO DEL OBISPO, 1.826-PLASENCIA, 1906)

No podíamos dejar pasar esta efemérides de la muerte del controvertido obispo Casas sin sacar a la luz algo de su biografía y del entorno ciudadano de su época.
Llama la atención que las autoridades eclesiásticas no han hecho ningún acto oficial para resaltar la figura del obispo que fue llamado “verdadero padre de los pobres”. Solamente un sacerdote – a título particular – publicó en la revista de Semana Santa un artículo sobre este personaje.
La Asociación Cultural Placentina “Pedro de Trejo”, como defensora del patrimonio, costumbres e historia de Plasencia y su Tierra, inauguró sus tertulias abiertas el día 9 de febrero, con el tema que da titulo a esta comunicación.

Don Pedro Casas y Souto, nació el día 15 de octubre de 1826 en el pueblo de Sobrado del Obispo de la provincia de Orense. Ingresó en el seminario de Orense en el año 1.839, cursando tres años de filosofía. En el año 1.842 quiso ingresar en la orden de los dominicos, pero su padre, a pesar de ser un “pequeño terrateniente”, se negó a pagarle la matrícula, con lo cual tuvo que seguir en el seminario de Orense.
Recibió las órdenes menores en el año 1848 y las mayores en el 1853.
En el año 1.852 empezó a desempeñar, como interino, la cátedra de Teología moral en el seminario de Orense; y en 1857 fue nombrado Licenciado y Doctor en Sagrada Teología en el Seminario Central de Toledo.
En el año 1.861 ganó el concurso de curato para la iglesia de san Ciprián de Cobas, en el cual estuvo once años.
En 1.868, empieza a mandar artículos al periódico “La Nacionalidad”, de Orense, donde ya deja ver su talante integrista y antiliberal. En esa época dio rienda suelta a sus dotes artísticas y realizó varias obras de escultura, con diversos meritos artísticos. Entre ellas destacaron una Purísima de un metro de altura y un San Pedro de unos 33 centímetros.
En 1.872 gana las oposiciones a Penitenciario de la catedral de Orense.
El día 6 de febrero de 1.875 - con casi 50 años - fue nombrado obispo de Plasencia, teniendo lugar la investidura en la iglesia de san Isidro de Madrid y siendo su padrino el Marqués de Mirabel, siendo el día 23 del mismo mes cuando toma posesión del obispado de Plasencia a través del Deán don Liberato Fernández, y a los dos días, el veinticinco, hace su entrada oficial en la ciudad.
Fue una época de grandes reformas la que le tocó vivir a este obispo.
En el contexto nacional había inestabilidad política; y en el local graves enfrentamientos que, aunque disfrazados de temas sociales o religiosos, en su trasfondo no eran más que temas políticos manejados por los caciques locales, los cuales se apoyaban en periódicos que ellos mismos habían creado. Para confirmar esto diremos que en Plasencia entre finales del siglo XIX y principios del XX vieron la luz más de 30 periódicos locales.
A nivel nacional, tenemos en el año 1.874 el golpe de estado del general Pavía, el pronunciamiento del general Martínez Campos y la proclamación de Alfonso XII como rey. En 1.876 entra en vigor la 5ª Constitución española y termina la guerra carlista; en 1.879 se funda el Partido Socialista Obrero Español, (P.S.O.E.). En el año 1.880 es abolida la esclavitud en España.
A su llegada a Plasencia Don Pedro Casas y Souto se tiene que hacer cargo de una diócesis que estaba bacante desde la muerte del anterior obispo, don Gregorio Mª. López Zaragoza, quien había fallecido siete años antes, lo cual, al parecer había causado una relajación doctrinal entre el clero diocesano, así como entre las relaciones del cabildo y estamentos locales.
En Plasencia, durante su pontificado, se hicieron célebres varios sucesos, entre los que cabe destacar el caso del Muerto Resucitado, la Monja Santa, el Cura Mora, el Capellán del Cementerio, la fundación de las Josefinas Trinitarias, la creación del Asilo de las Hermanitas de los Pobres, el desfalco del colegio de san Calixto y el dinero de la Caja del Seminario.
Es precisamente “El Cura Mora” –cuyo nombre real era el de José García Mora- la causa del mayor de los problemas, en el ámbito clerical, con que se enfrentó nada más llegar a Plasencia. Este sacerdote –“El Cura Mora”- era párroco del pueblo de Villanueva de la Vera y un acérrimo liberal, razón por lo cual sus ideas chocaban frontalmente con las del Obispo. El enfrentamiento llegó a tal punto que se realizo una especie de cisma, negándose el sacerdote a obedecer al obispo, y creando una nueva iglesia a la cual denominó “IGLESIA CRISTIANO-LIBERAL DE VILLANUEVA DE LA VERA”, a la cual dotó de los siguientes estatutos:


ESTATUTOS DE LA IGLESIA CRISTIANO-LIBERAL DE VILLANUEVA DE LA VERA

(CREADA POR “EL CURA MORA”)
1º) El ministerio sacerdotal se ejerce gratis en esta iglesia conforme lo hicieron y mandaron Jesucristo y los Apóstoles.
2º) En su virtud quedan abolidos los derechos llamados de estola y pie de altar en la Iglesia cristiana-liberal de Villanueva de la Vera.
3º) No obstante los sacerdotes de la Iglesia cristiana-liberal de Villanueva de la Vera y de cualesquiera otros puntos donde pudiera establecerse, estarán vigilantes y prontos de día y de noche a administrar los santos sacramentos a sus hermanos, los fieles de esta Iglesia cristiano-liberal.
4º) La Iglesia cristiano-liberal cree en Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo; en el misterio de la Santísima Trinidad y Encarnación; en la Santísima Virgen Purísima que continuará siendo su celestial Patrona y Abogada; en los Santos Sacramentos; y en fin, en todo cuanto Nuestro Señor Jesucristo y los Apóstoles enseñaron, ordenaron y mandaron.
5º) En su virtud, la Iglesia cristiano-liberal de Villanueva de la Vera y de otros puntos donde pueda establecerse, rendirá culto a Dios, a la Purísima Virgen, y a los Santos con el decoro que le permitan sus recursos

6º) Los sacerdotes de la Iglesia cristiana-liberal tampoco podrán recibir sueldo alguno del Estado, aún cuando llegara a ofrecérseles.
7º) Los mismos sacerdotes tendrán un cuidado excepcional por los pobres y desvalidos como lo tuvieron y mandaron que se tuviera, el divino fundador Jesús y los Apóstoles; intercediendo ante las autoridades locales para que se les ampare y socorra en la parte que ellos no puedan hacerlo por sí.
8º) La Iglesia cristiana-liberal obedeciendo al espíritu y a la letra de las palabras de Jesús cuando creó la oración dominical, prescribe pocas devociones, pero bien hechas, y muchas buenas obras que tan aceptas son a los ojos de divinos.
9º) También recomiendo el Santo Rosario a Nuestra Señora, Patrona general de España, y particular de esta Iglesia cristiana-liberal de Villanueva de la Vera.
10º) La Iglesia cristiana-liberal prohíbe todo petitorio y ofertorio en las funciones de tabla, pues éstas las celebran gratis los sacerdotes, como se ha dicho anteriormente.
11º) Tampoco aprueba la Iglesia cristiana-liberal ese sacrílego comercio de las bulas; y recomienda a los fieles que si no se les habilita de ellas gratis, como debieran darse, inviertan en limosnas a pobres infelices; lo cual es mucho más agradable a los ojos de Dios, y se gana más para la vida eterna.
12º) Como se ha dicho, los sacerdotes de la Iglesia cristiana-liberal no percibirán ni un céntimo por ejercer su ministerio, manteniéndose solo de su patrimonio, o de una industria honesta y lícita, como lo hacían los Santos Apóstoles.
13º) Tampoco podrán ser sacerdotes de esta Iglesia cristiana-liberal los que no sean de buena vida y costumbres, y presenten buenos antecedentes religiosos-políticos.
14º) Los sacerdotes de la Iglesia cristiana-liberal son en todo iguales a los demás fieles en cuanto a rango y consideración social y se titularán los hermanos Directores en conformidad con las obras y doctrinas de Jesucristo y los Apóstoles.

Después de muchas negociaciones, “El Cura Mora” se arrepintió y se le trasladó a Plasencia para poder controlarle más de cerca. Fue nombrado párroco de la iglesia del Salvador...pero volvieron los enfrentamientos; esta vez debido a que como el santuario de la Virgen del Puerto pertenece a la parroquia del Salvador y, por lo tanto, está bajo la jurisdicción de su párroco, cuando el obispo quiso poner al frente de el santuario a otro sacerdote se negó el cura Mora. Se presentaron denuncias en Plasencia, luego en Toledo, después en Madrid, y se terminó recurriendo a Roma para solucionar el conflicto. Ante esto el obispo tomó la decisión de suspenderle de sus funciones y confinarle en su casa, cosa que se cumplió hasta la muerte del prelado, siendo posteriormente el cura Mora restituido a su anterior cargo y absuelto de las penas a el impuestas.
Como se puede apreciar todo el pontificado de don Pedro Casas estuvo presidido por los pleitos contra don José García Mora.

El caso de la “Monja Santa” fue un suceso de superchería colectiva, dirigido por una joven religiosa llamada sor Maria Ana, que había llegado de Cuba y que traía una imagen del Niño Jesús, al cual se le atribuyeron ciertos milagros -como unos estigmas que le salían en las manos y los pies- con lo cual se creó en el convento una paranoia colectiva, la cual terminó por saltar a la calle, llegando a enfrentar a los mismos sacerdotes, y teniendo que intervenir el obispo para poner las cosas en su sitio.
La monja se arrepintió en su lecho de muerte y confesó que todo había sido un engaño para tener mejor posición en el convento; que la imagen no era cubana, sino que se la había regalado su cuñado cuando llegó a Barcelona procedente de Cuba.
Así y todo, incluso después de muerta, el fanatismo continuó, y el prelado tuvo que hacer pública una carta donde explicaba la verdad de este suceso.
La imagen del Niño Jesús se conserva en el convento de las Madres Capuchinas; se le conoce con el nombre de “El Niño Jesús Cubanito” y sigue inspirando mucha devoción.
En el Boletín Eclesiástico de 13 de mayo de 1906, se publicó la carta del obispo en la cual explicaba el porque de su silencio en el caso de la Monja Santa, también llamada La Monja del Niño Jesús Cubanito. En ella decía el obispo que sor Maria Ana, monja capuchina, solo fue una enferma y que todo el espectáculo que se montó a su alrededor no fue mas que superchería, no existiendo ningún milagro, siendo propagadas estas mentiras por un grupo de fanáticos ansiosos de cosas sobrenaturales.


El Capellán de la Cárcel Real y del Cementerio Municipal se llamaba Gervasio Keerse y había venido de Ciudad Rodrigo. Este capellán era otro liberal acérrimo, con lo cual no tardo en tener enfrentamientos con el obispo Casas.
Tales enfrentamientos llegaron al punto de que el obispo le suspendió de todos sus cargos, dejándole sin medios de subsistencia, debido a lo cual tenía que vivir de lo que le daban los familiares y amigos, es decir, de la caridad.
Aunque mando al obispo varios escritos pidiendo explicaciones del porque de esa forma de tratarle, el obispo solamente le contesto que se fuese a Ciudad Rodrigo que era de donde había venido.
Ante esta situación el sacerdote editó un folleto de 41 páginas donde explicaba sus problemas con el obispo y el trato que había recibido por parte de este.
A pesar de los escritos de protesta del obispo y cabildo, así como la adhesión de gran numero de sacerdotes, el folleto fue impreso en el año 1.889, en la imprenta del Cantón Extremeño, la cual era propiedad de don Evaristo Pinto.
Este caso fue muy parecido al del cura Mora, pero con la variante de que don José pertenecía a una de las familias más pudientes de la ciudad y pudo mantener los pleitos contra el obispo, y el cura Keerse no poseía fortuna de ningún tipo.

Otro de los problema que se le planteó fue el de sor Ramona Vázquez, llamada la “lega apóstata”. Esta monja, lega de un convento de clausura de Trujillo, solicitó abandonar el convento alegando para ello falta de vocación, pero nuestro obispo no lo considero suficiente y se lo denegó, basándose en los votos que tenia hechos la religiosa. Ante ello se recurrió a la justicia y esta le dio la razón a la monja, pero como no se aceptó el veredicto judicial, se ordenó por parte del Gobernador Civil la entrada de la fuerza publica en el convento la cual, después de forzar las puertas de entrada y de clausura, rescataron a Ramona sacándola al exterior. Ante este hecho –calificado de sacrílego por el obispado– el obispo se dirigió a sus superiores y al ministro de Gracia y Justicia con sendos escritos, pero el hecho ya estaba consumado y nada pudo sacar de ello.
El caso del “Muerto Resucitado” fue una manipulación flagrante por parte de los políticos locales de un caso de ámbito particular, que con un apoyo de la prensa por ellos creada, llegó a tener repercusiones a nivel nacional.
El tal “Muerto Resucitado” se llamaba Eustaquio Campos Barrado, y por una serie de sucesos familiares terminó internado en un manicomio de un pueblo de Madrid, donde tiempo después se certificó su muerte. Pero pasado un tiempo, alguien lo reconoció en otro centro de salud de las mismas características - este en Cataluña – y lo denunció, con lo cual se le tuvo que traer a Plasencia para confirmar su identidad, cosa que aprovechada por ciertas personas, llevo a dividir a la población en dos bandos, con continuos enfrentamientos verbales y físicos, causando incluso un muerto en uno de los alborotos.
No son para olvidar sus continuos enfrentamientos con los ayuntamientos de la diócesis, entre ellos el de Béjar, Navalmoral, Jarandilla, Don Benito, Losar de la Vera y el ayuntamiento placentino.
Uno de estos enfrentamientos fue por el llamado “rompimiento de tumba”. Este rompimiento no era otra cosa que el pago que había que realizar a la iglesia por enterrarse en sagrado, cosa que hasta entonces se hacia en los cementerios anejos a las iglesias, y que ha partir de esas fechas se empezaron a realizar en el nuevo cementerio municipal de Santa Teresa. El enfrentamiento se enconó de tal manera que llegó al punto de dejar cadáveres sin enterrar durante varios días.
A tanto llegó el conflicto con el ayuntamiento placentino, que la decisión la tuvo que tomar el rey editando una Real Orden, fechada el 22 de enero de 1.883, por la cual se ordenaba que tuviesen una llave del cementerio el obispado y otra el concejo; que la iglesia enterrase a los católicos y el ayuntamiento a los no creyentes.
Otros enfrentamientos se originaron por la decisión del obispo de no dar la Comunión al Alcalde al mismo tiempo que al Deán, negarle la llave del Monumento del Jueves Santo, derechos que tenían -y tienen- los Alcaldes de Plasencia, y dejar que se sentara el juez de 1ª instancia en la silla del coro reservada al Alcalde de la ciudad.
Ante estas situaciones el Ayuntamiento se negó a dar permiso al Cabildo para poder enterrarse dentro de la ermita de Santa Teresa, la cual había pasado a ser cementerio civil. Después de muchas disputas otra vez se recurrió al Rey, el cual dio la razón al obispo y a los canónigos.
Tan cansado estaba el consistorio placentino del obispo Casas, que el día 21 de enero de 1883 se tomó la decisión en pleno –y así consta en las actas- de dirigir una carta al ministro de Gracia y Justicia pidiendo el traslado del obispo a otra diócesis.

El antecesor de don Pedro, el obispo López Zaragoza, había empezado la construcción del nuevo seminario, pero por diversos problemas –entre ellos el económico- no se remataron las obras. Ya estando don Pedro de obispo, se solicitó por el ayuntamiento el alquiler del edificio para instalar provisionalmente en el la Audiencia de lo Criminal, cosa a la que aunque con muchos reparos accedió el obispo. Pero cumplido el tiempo acordado no se desalojó el edificio, con lo cual y después de varias discusiones se acordó darle una prorroga, la cual tampoco se cumplió.
Por fin, en octubre de 1884, se vació el edificio y se hizo el traslado de los seminaristas desde el convento de San Vicente –Santo Domingo- al nuevo edificio, empezando en el mismo el curso 84-85.
Como quedó libre Santo Domingo pensó el obispo traer al alguna orden religiosa para instalarla en él, y se decidió por los padres Claretianos con los cuales, el día 18 de enero de 1886, se firmaron los acuerdos. En estos se especificaba que serian cinco padres y cuatro o cinco hermanos coadjutores los que vendrían de principio a la ciudad, para impartir clases a unos cincuenta niños internos. Estos padres Misioneros del Inmaculado Corazón de Maria estuvieron el la ciudad hasta el año 1931, en el cual por seguridad abandonaron el convento y se fueron de Plasencia a Zafra.
Don Pedro Casas fue senador dos veces: una por la provincia de Guipúzcoa en la legislatura de 1.891-1.893, y otra por el Arzobispado de Toledo en 1.896-1.898 -aunque esta no llegó a jurarla. Esta distinción de representar a la iglesia, le fue concedida gracias a su gran conocimiento y oratoria, siendo en su época uno de los obispos más preparados con los que contaba la iglesia española.
Fue muy enconado su enfrentamiento con el Gobierno Liberal, al cual atacaba todas las semanas desde el púlpito de la catedral, por lo cual eran constantes las protestas del Gobierno de la Nación a Roma, y muy comentados sus sermones en toda Europa. El Presidente del Consejo de Ministros, D. Práxedes Mateo Sagasta, llegó a ordenar al Fiscal de la Audiencia que asistiera a todos los sermones de este obispo y tomara cuenta de ellos, por si eran constitutivos de delito.
De este obispo se cuenta la anécdota de que era tan gran orador que se le olvidaba el paso del tiempo y se pasaba las horas enteras subido al púlpito declamando sus sermones. Para controlar esto, había enseñado a un monaguillo -el cual se sentaba detrás del obispo- a que cuando veía que llevaba mucho tiempo hablando, le diese un tirón de la capa y le dijese bajito “Señor obispo, que se están cansando”, con lo cual el prelado recobraba el sentido del tiempo y ponía fin a su discurso.
En una visita pastoral a uno de los pueblos de la diócesis empezó a predicar desde el púlpito y pasadas más de dos horas su secretario, don Pertego Megid, le tiró de los capisayos, para advertirle de que fuese terminando, pero pasados varios minutos sin que pusiese fin a su perorata volvió a repetir los tirones de la sotana, y así una tercera vez en la cual el obispo, en voz alta y con tono agrio, se dirigió a el diciendo: “¿Pero quién se cansa, ellos o tu?”.
Su forma de vida fue también muy peculiar, pues a pesar de su longevidad, desde muy joven se vio afectado por diversas dolencias, quizás debido a su forma de vida, pues fue de un continuo ayuno viviendo en una gran austeridad, hasta el punto de que los empleados del Palacio Episcopal pasaban hambre.

Para darnos una idea de cómo se vivía en dicho Palacio solamente tenemos que ver lo que era un día en la vida del obispo: se levantaba a las cuatro de la mañana o antes, tenia una hora de meditación, decía la misa y a continuación oía otra de rodillas, después tomaba chocolate hecho con agua, el cual rebajaba con media copa de agua, no tomando nada sólido con el.
La comida consistía en un caldo gallego, patatas cocidas con agua y sal, carne de vaca, muy triturada en sus últimos años por faltarle la mayor parte de los dientes, y un postre de fruta.
La cena consistía en sopa de pan, la cual el no solía tomar, patatas cocidas y alguna vez una fruta. Tanto en la comida como en la cena tomaba un vaso de vino.
Este régimen de comidas solo se alteraba cuando había invitados, entonces los alimentos eran abundantes, variados y de calidad.


REGLAMENTO DE SIRVIENTES


El obispo redactó de su propia mano un reglamento para los sirvientes del Palacio, el cual decía así:

1º - No habrá en Palacio mas de dos sirvientes ordinarios; el cocinero y su ayudante.

2º - Estará a su cargo el guisar por semanas y ejercer las demás funciones de aseo de casa, servicio de mesa y demás particulares.

3º - Se tomaran informes secretos de personas competentes sobre la actitud, conducta y religiosidad de los que hayan de admitirse como sirvientes.

4º - Una vez admitidos y convenida la cantidad que hayan de percibir como retribución de su trabajo, se cuidara de ellos como lo hacen los buenos padres de familia cristianos.

5º - Al efecto, si se observaren algunos vicios notables de que antes no se tuviese noticia, se vera si se corrigen haciendo una y otra vez caritativas advertencias. Si a pesar de esto no se enmiendan, y siguen siendo chismosos, indolentes, mal hablados, etc…; y sobre todo si hubiese fundamento para sospechar de tratos no lícitos o muy familiares con personas de distinto sexo, sea de las que entren en Palacio con motivo de algún asunto que se les ha encargado, o estén fuera, se procederá cuanto antes a buscar otro que le sustituya.

6º - Todos los días oirán misa en la capilla, y al efecto sonará la campana dos veces al comenzar a celebrar el obispo y al dar principio la de acción de gracias, a fin de que puedan sin faltar a sus quehaceres del momento asistir a una o a otra.

7º - A las ocho de la noche les rezará el Santo Rosario el mayordomo, de suerte que al concluir en la capilla ya estén despachados y dispuestos a servir la cena o colación.

8º - Se confesaran indefectiblemente en la semana que precede al primer domingo de cada mes, comulgaran en el de manos del obispo, y solo teniendo motivo razonable podrán diferir la comunión a lo mas hasta el domingo segundo.

9º - El mayordomo tendrá cuidado de velar sobre el cumplimiento de estos ejercicios espirituales, de enterarse a la vez de la instrucción que tienen en la doctrina cristiana, sobre la que también deberá hablarles en los días festivos, ya antes, ya después del Santo Rosario, que trasladara a otra ora si lo juzga mas oportuno.

10º - También cuidara de que se hagan bien y diligentemente, no solo los quehaceres ordinarios, sino los que se les manden por el obispo, u otros que puedan hacerlo, no permitiendo en tiempo alguno se desentiendan de lo que se les mandare, sin legitima excusa, que expondrán con mesura y respeto a quien corresponda.

11º - Como la ociosidad enseña mucha malicia, y es imposible que dejen de malearse si estuviesen los sirvientes sin ocupación una parte del día, como hasta ahora ha sucedido; procurara nuestro mayordomo emplearlos en el cultivo y riego del huerto y barbacana en los tiempos en que puedan hacerlo sin faltar a las perentorias obligaciones de su oficio. Y si a pesar de esto tuvieren tiempo desocupado podrá serviles de mucho provecho algún buen libro, cuya lectura los instruya y edifique.

12º- Tampoco permitirá contraigan relaciones intimas con familia alguna del pueblo, frecuenten su casa, ni estén entre día o de noche fuera de palacio sin saber en donde y con que objeto.

13º - La soldada convenida será satisfecha por meses vencidos, como se acostumbra con el portero; y si hubiese necesidad de aumentarla o disminuirla por alguna causa razonable, solo podrá hacerlo el mayordomo dándonos conocimiento de todo y obteniendo “in criptis” nuestro expreso consentimiento.

14º - En las enfermedades de los sirvientes les asistirá el medico de casa, y si solo durasen algunos días, se les cuidara caritativamente. Pero si fuesen largas y graves y fuese preciso hacer gastos en medicina y otros extraordinarios, llevara de todo cuenta la mayordomía para indemnizarse a su tiempo o poder presentar la cuenta al obispo a fin de que condone lo que le parezca bien.

15º - Si por indisposición de un sirviente hubiese de tomarse otro, por mas que sea solo temporalmente, si esta indisposición excediese de quince días, deberá disminuírsele progresivamente la soldada o retribución que a esos días corresponda; pero si no fuese preciso otro sirviente nada se le disminuirá en el pago.

16º - Los sirvientes solo podrán dar de limosna la comida que sobre y nada mas. En los casos particulares que se les autorice, podrán hacerlo en el modo y forma que se les señalare.

17º - El mayordomo, por ultimo, solo confiara las llaves a los sirvientes cuando el no pueda asistir a que tomen lo que sea preciso; pero inmediatamente volverá a recogerlas y conservarlas en poder suyo.


Debido a su edad se realizo en Plasencia, en 1.903, la Conferencia Episcopal, en vez de hacerlo en Toledo, y gracias a que se supo a tiempo se pudo amueblar el Palacio Episcopal, en el cual solo había cuatro sillas de enea y unas mesas desvencijadas, y así recibir dignamente al Arzobispo Primado de España y a los obispos de Madrid-Alcalá, Coria, Sigüenza, y Cuenca.
En amueblar el palacio rivalizaron las familias pudientes de la ciudad, ofreciendo cada una de ellas sus mejores ajuares.
Este estado de pobreza era consecuencia de que todos los muebles –o casi todos- y los utensilios del palacio episcopal eran de propiedad privada de los obispos, y tras su muerte se desmantelaba el palacio siendo vendidos o donados, con lo cual el obispo entrante debía amueblar nuevamente el edificio. Estos objetos se solían llamar “los despojos del obispo”.
Y por lo que se deduce, don Pedro no debió gastarse mucho en “amueblamientos”.

En el año de 1903, el día 24 de septiembre, se celebraron las bodas de oro de su ordenación como sacerdote. Se hicieron funciones religiosas, veladas literarias, limosnas extraordinarias a todas las comunidades religiosas, comidas a los presos de las cárceles de la diócesis, prendas de ropa y comida para cien pobres etc…
Este obispo fue uno de los pocos que visitó cuatro veces todas las iglesias de su diócesis, y siete las parroquias -aunque no todas-; escribió cuarenta y tres pastorales; y convocó un sínodo diocesano en el año 1891. También realizó, en 1878,la primera visita “Ad Limina” al Papa. Luego realizó cuatro más, pero esta a través de procurador.

El día 25 de julio de 1906, a las ocho y diez de la tarde, murió don Pedro Casas. Se le amortajó, pero no se le embalsamó, y se le expuso en el salón de recepciones del palacio episcopal.
Al no ser embalsamado hubo necesidad de enterrarle al día siguiente, no esperando ni a los funerales, pues el calor era muy fuerte y el cadáver empezaba a descomponerse.
Fue enterrado, según su deseo, delante del altar de la Virgen de la Asunción, poniendo una lápida de mármol blanco en la cual se gravó y rellenó con plomo la siguiente inscripción:

“EL DOCTOR D. PEDRO CASAS Y SOUTO, natural de Sobrado del Obispo (Orense). Obispo de esta Diócesis, falleció santamente en su Palacio, a las ocho y diez minutos de la noche del 25 de Julio de 1.906, contando 79 años de edad, 9 meses y 11 días, y después de 30 años y cinco meses de Pontificado en que con el ejemplo y la palabra fue modelo de pastores y martillo del liberalismo; siendo por ello admirado y temido por los que andan en las tinieblas y en la sombra de la muerte se sientan.
Desde el cielo vela por su amada Grey y por el triunfo de la fe católica.”
R. I. P.

Los funerales se tuvieron lugar el día 27, siendo realizados con los honores y pompa que le correspondían por su cargo.

Como datos curiosos veremos el estado de cuentas del Obispado durante su pontificado que, como dijimos, fue de 30 años y cinco meses:


BIBLIOGRAFÍA Y DOCUMENTACIÓN

Vida y Pontificado del Ilmo. Sr. Doctor don Pedro Casas y Souto, obispo de Plasencia.
Inocencio Portabales Nogueira – Lugo 1.911

Folleto el Obispo de Plasencia y el Capellan del Cementerio Público de la misma ciudad
Gervasio Keerse – Plasencia 1889

Archivo del Senado, Madrid:
Actas de toma de posesión como senador en los años 1.891 y 1.896.


Periódicos de la época:
“El Dardo”, de Plasencia - “El Estremeño”, de Plasencia - “El Canton Estremeño”, de Plasencia - “El Eco Extremeño”, de Plasencia – “La Integridad”, de Tuy –

Articulo: Una legión de Claret en la Extremadura de los Conquistadores
Sánchez Alegría, Eleuterio -

Archivo Municipal de Plasencia:
diversos documentos.

Archivo de la Catedral de Plasencia :
Diversos documentos.

La Perla de la Habana- Sor María Ana de Jesús Castro
R. P. Juan de Guernica – Zaragoza- 1914

(Comunicación presentada por D. Pedro Luna, para la Memoria Histórica de Plasencia y Comarcas. Universidad Popular Fray Alonso Fernández -VI edición – Plasencia 2006)

DOCUMENTACIÓN CEDIDA POR EL DEPARTAMENTO DE RECOPILACIÓN E INVESTIGACIÓN DOCUMENTAL Y PATRIMONIAL DE LA ASOCIACIÓN CULTURAL PLACENTINA “PEDRO DE TREJO”

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Jose Antonio:Médico. Pedro:Industrial,Documentalista. Pero sobre todo, y desde hace cuatro décadas, personajes incansables rescatando el recuerdo de nuestras raíces culturales. Nuestro deseo es compartir esa experiencia, con el ánimo de continuar con la herencia de nuestros antepasados.