jueves, 19 de junio de 2008

CRISTO DE LA VICTORIA

LA IMAGEN
Talla de madera, tamaño casi natural, abrazando la cruz con la mano izquierda, con la derecha se toca el corazón.
El pie izquierdo pisa una calavera, y la base de la cruz aplasta a una serpiente.
En el centro de la cruz se ve una corona, es un recuerdo de cuando estuvo en la Capilla Real de Madrid, en tiempos de Felipe IV.

FRANCISCA DE OVIEDO Y PALACIOS.
Nace en Plasencia, el año 1583, se bautiza en la iglesia de san Pedro. Al quedar huérfana se traslada a Trujillo. A los 20 años se va a vivir con unos parientes a Serradilla. Era miembro de la Orden Tercera de san Francisco, por lo cual se la denomina con el título de Beata.
Muere en el año 1659, a los 76 años de edad.
En Serradilla se dedicó a hacer obras de caridad. Le impactó mucho la muerte de una vida que solo tenía una estera como cama, y que al ir a levantar el cadáver este estaba pegado a la estera y se quedó la piel de la espada en ella. Ante este hecho decide fundar un hospital en el pueblo, para lo cual se marcha en 1630 a Madrid para pedir limosna en la Corte.
Al visitar la iglesia de Atocha se quedó maravillada de un Cristo que en ella había, y tomó la determinación de hacer una copia del mismo para llevarlo al hospital que quería fundar en Serradilla.
Se puso en contacto con el escultor Domingo de Rioja, el cual no la hizo mucho caso, pues no veía a Francisca con el dinero suficiente para pagar la talla.
La beata le pidió que le señalase el madero del cual saldría la Imagen, y una vez que lo vio, no se separaba de el. El escultor viendo tanta ansiedad, se decidió a tallar la imagen, y cuando la terminó, el mismo se quedó asombrado de su perfección, hasta el extremo de llega a decir: “ Esta no es obra mía, sino de Dios”.
Para recaudar fondos y que fuese adorada la Imagen, la puso al culto en la iglesia de san Ginés, donde creció tanto la fama de la talla que, llegó a oídos del rey, el cual quiso verla. Se trasladó el Cristo a la Capilla Real, donde fue durante algún tiempo visitada por el rey Felipe IV, y toda la Corte.
Cuando la beata, quiso recuperar la Imagen, se vio con muchas dificultades, teniendo que acudir a don Diego de Castrejón, el cual era Presidente del Real Consejo de Castilla, y que conocía a Francisca porque había sido Gobernador del Obispado de Plasencia, el cual consiguió recuperar el Cristo, llevándoselo a su casa hasta que fuera llevado a Serradilla.
El Cristo llegó a Plasencia en julio del año 1639 y, previo permiso del obispo don Plácido Pacheco, se instaló en la iglesia de san Martín. Fue mucha la devoción que inspiró en Plasencia la talla del Cristo, hasta el extremo de no querer permitir su traslado a Serradilla a pesar de los requerimientos de Francisca al Provisor de la Diócesis y al Consejo Supremo de Castilla.
El Oidor del Consejo se llamaba don Diego de Arce y Reinoso, el cual la dio largas alegando que no tenía poder para que la devolviesen la Imagen puesto que eso correspondía al obispo de la diócesis, puesto que estaba bacante en ese momento, pues el obispo don Plácido Pacheco había muerto el día 7 de octubre de 1639. Ante esto la beata le dice al Oidor: “Deme su Señoría su palabra de que si Dios le nombrase obispo de Plasencia me devolvería la Imagen”. Don Diego la tildó de loca y para que le dejase en paz se lo prometió. El día 8 de octubre del año 1640, don Diego fue promovido para obispo de Plasencia, al cual acudió al instante la beata para recordarle la promesa que le había hecho en Madrid
En el año 1641, mandó un auto bajo pena de excomunión, al cura de la iglesia de san Martín, por el cual le ordenaba la entrega de la Imagen a la beata Francisca. Ante esto el cura entregó la Imagen, la cual fue trasladada al Hospital de Santa María, estando en el mismo dos noches y un día.
Este tiempo fue aprovechado por los serradillanos para juntar ocho hombres, los cuales vinieron a la ciudad el día 13 de abril de 1641, a la una de la madrugada y cargando la talla, salieron por la puerta de Trujillo, con el mayor sigilo, camino de Serradilla.
Sin descanso, caminaron hasta llegar a la dehesa de la “Jerrera” en la cual les esperaban otros ocho hombres para relevarlos, así como gran número de vecinos de Serradilla.
A la entrada del pueblo se formó una procesión, que llevó al Cristo a la Plaza y desde allí a la iglesia.
Se le colocó en medio de la capilla mayor y allí estuvo durante 8 días, hasta que se arregló un altar donde debía estar.
Como era costumbre se celebraron diversos festejos, entre ellos se corrieron 2 toros, asistiendo mucha gente de los diversos pueblos de los alrededores e incluso de Plasencia.
El domingo siguiente se celebró la misa mayor presidida por el párroco de la iglesia del Salvador de Plasencia, a la cual pertenecía en esa época el pueblo de Serradilla. El sermón corrió a cargo de un fraile lector de Teología del convento de san Francisco de Plasencia. Terminado el acto, se representó una comedia en la puerta de la iglesia, y a continuación se trasladó el Cristo a la capilla de San Miguel, la cual había sido preparada para el.
El pueblo de Serradilla hizo votos de construir una ermita o iglesia para que la presidiera la Sagrada Imagen del Cristo de la Victoria. Pero surgieron dificultades, pues unos opinaban que sería mejor construir una nueva capilla en la iglesia y que se quedase la Imagen en ella, pero Francisca de Oviedo se oponía a ello, ya que su idea era fundar un hospital y que el Cristo presidiera el mismo. Al final se aceptó la idea de la beata, aunque minoritariamente, y se volvió a discutir el sitio donde se levantaría el hospital.
Francisca quería hacerlo en una casa que según la tradición había sido una mezquita, pero a eso se oponía casi todo el pueblo. En esos días visitó el pueblo el obispo don Diego, el cual enterado del problema, apoyó a Francisca e incluso se ofreció a contribuir a su construcción.
Ante esta imposición, los vecinos se retiraron y dejaron sola a la beata, bien por no estar de acuerdo, o bien por lo costoso que iba a ser la edificación del hospital e iglesia.
Francisca contaba en ese momento solamente con 200 reales para empezar las obras. Sin amilanarse, compró un farderillo, y se lanzó a pedir de pueblo en pueblo, recorriendo todo Extremadura y Portugal.
De esta manera se fue extendiendo la fama del Señor de la Victoria, y empezaron las primeras peregrinaciones, con lo cual las limosnas iban en aumento.
Por fin el día 14 de febrero de 1645, se llega a un acuerdo con el Concejo y se decide que se hará la iglesia en el plazo de un año, con la condición de que la propiedad de la Imagen pase a la Cofradía de la Vera Cruz y la Santa Misericordia y al Concejo y vecinos de la villa. Este plazo de un año no se pudo cumplir, y se tardaron 3 años en ver terminada la iglesia del Cristo
El día 14 de septiembre de 1648, se trasladó la Imagen a su nueva iglesia, siendo trasladado en medio de grades júbilos y festejos.
El Cristo de la Victoria es Patrón de la Villa de Serradilla desde el día 14 de septiembre del año 1662.
Este Patronazgo, dio pie a un pleito entre la Cofradía de la Pasión, la cual estaba establecida en la iglesia parroquial, y las monjas. El motivo era que la Cofradía alegaba que en las procesiones su estandarte debía de ir delante, pues era mucho más antigua que la del Cristo.
El pleito duró varios años, y termino resolviéndose a favor del Cristo por ser el Patrón de la Villa.
El fallo de la sentencia se realizó el año 1803.

PROCESIONES DEL CRISTO
Muy popular es la tradición de los milagros del Cristo para hacer que llueva, además de otros milagros.
La primera rogativa y procesión de la Imagen se realizó en el año 1685. Y llovió abundantemente.
El permiso lo concedió el obispo don José Jiménez Samaniego, el día 28 de abril de 1685.
El ritual de las rogativas es el siguiente:
Cuando la sequía es muy pertinaz y amenaza con destruir las cosechas, el pueblo pide al Alcalde que solicite un novenario al Cristo.
El alcalde convoca una junta a la que asisten los concejales, capellán del convento, el párroco del pueblo y demás sacerdotes que residan en el pueblo.
Si es aceptada la idea del novenario se nombra una comisión del Ayuntamiento para pedir permiso a las monjas.
Aceptado por las monjas, salen a pedir por el pueblo dos comisiones, una con el capellán y la otra con el párroco.
El novenario consiste en misa diaria, exposición del Santísimo, rogatorias, cantos penitenciales, etc..
Si cumplido el novenario no se ha conseguido el agua esperada, la madre priora se dirige al obispo pidiendo permiso para bajar al cristo de su camarín y sacarlo en procesión.
Obtenido el permiso se procede a bajar la Imagen por medio de un aparato especial que se conserva en el convento. El capellán y otros sacerdotes suben a camarín y le retiran la Cruz al Cristo, la cual es depositada en el altar del Sagrado Corazón de Jesús.
Al Cristo se le ponen dos túnicas, una blanca y la otra morada, y se le coloca en el aparato el cual mediante manivelas baja la imagen hasta depositarla encima del Altar Mayor.
Este acto está cargado de emotividad, pues mientras las monjas cantan el “Miserere”, el pueblo prorrumpe en gritos y sollozos pidiendo misericordia y perdón.
La imagen queda bajo dosel, y rodeada de velas, las cuales custodian dos hombres con las varas en la mano.
Al Cristo se le coloca para la procesión una cruz de madera de muy poco peso, la cual esta depositada en la clausura durante todo el tiempo que no hay procesión.
El Cristo permanece durante tres días en el Altar Mayor, recibiendo la visita de los pueblos de las cercanías.
El cuarto día se baja la Imagen del Altar y se la coloca sobre las andas, y por la tarde se realiza la procesión. Durante esta se realizan cuatro sermones; uno antes de salir, otro en la iglesia parroquial, otro en la plaza, y el último en el atrio de entrada del convento.
El Cristo procesiona bajo palio y con el estandarte de su advocación y con la cruz que tiene todo el año, la cual tiene el privilegio de portarla el párroco del pueblo de Torrejón.
Una vez terminada la procesión se vuelve a subir la Imagen con el mecanismo hasta su hornacina, con lo cual se da por terminada la procesión.

En señal de agradecimiento el pueblo de Serradilla hizo un “Voto de Villa”, es decir, se comprometió a celebrar una fiesta de acción de gracias en el domingo más próximo al de la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, (mes de mayo).
Vuelven a surgir los problemas entre el párroco y el capellán del Cristo, sobre la presidencia de los actos, teniendo que dictar la Curia eclesiástica de Plasencia a favor del capellán. Esto sucedió en el día 16 de marzo del año 1709. En el año 1879, otra vez surge el problema, esta vez estaba de obispo don Pedro Casas y Souto, el cual confirma la presidencia al capellán, y ratificando que las religiosas están exentas de la jurisdicción parroquial en las funciones de su iglesia, estando solamente sujetas al obispo de la diócesis.

LA IGLESIA
La primera iglesia del Cristo de la Victoria data del año 1648, era una iglesia pequeña, por lo cual, se plantearon derribarla y hacer otra con más capacidad. El permiso se consiguió el día 16 de mayo de 1672.
La planta de la iglesia es de cruz latina, de estilo renacentista, de una sola nave, rematada con una cúpula de media naranja. La fachada es de sillares, con tres hornacinas donde se alojan las imágenes del Cristo de la Victoria, san Agustín y santa Mónica. Remata la fachada el escudo de la Orden Agustina.
El encargado de la administración del dinero de las obras fue don Diego Sánchez, el cual era el capellán de la iglesia del Cristo, desde el año 1668 hasta el año 1695 en que murió.
La mayor parte del dinero la puso don Diego de Vargas, conde del Puerto y su esposa.
La edificación de la iglesia costó 20.000 ducados, cifra bastante elevada para la época.
En el año 1675 ya estaba terminada la nueva iglesia.

RETABLOS
Una vez terminada la iglesia se empezó con los retablos de la misma en el año 1699, y se terminaron en el mes de octubre del año 1701, valiendo más de 80.000 reales.
La iglesia tiene tres retablos, el mayor, el cual está dedicado al Cristo, y otros dos laterales, los cuales están dedicados al Sagrado Corazón y a la Virgen del Carmén.
El retablo central es obra del escultor madrileño Francisco de la Torre, el cual cobró 50.000 reales por su ejecución. La madera valió 10.694 reales.
Este altar está compuesto de tres cuerpos, base, medio y cuerpo superior. Cada cuerpo tiene varias hornacinas, separadas por columnas salomónicas.
En el centro del retablo está el camarín del Cristo, el cual tiene forma de urna cerrada con grandes cristales por los cuatro costados. En la base del camarín se encuentra una peana de plata, obra del platero Juan Domínguez, de Talavera de la Reina, la cual realizó en el año 1.705 y valió 6.600 reales.
Al lado del camarín del Cristo están las imágenes de san Agustín a la derecha y santa Mónica a la izquierda.
En la parte inferior del retablo, están colocadas las imágenes de Santo Tomás de Villanueva y de san Juan de Sahagún, santos de la orden agustiniana. Este Santo Tomás fue el que maltrataron los franceses.
Rematando el retablo está la imagen del Arcángel san Miguel
Los laterales fueron hechos por José de Pomar y Juan de la Rosa, los cuales cobraron 15.000 reales por su trabajo, y la madera importó 4.010 reales. Estos dos entalladores promovieron un pleito alegando que a ellos se les había ofrecido la construcción del retablo central. El convento, aunque ganó, tuvo que pagar la cantidad de 321 reales.
En el altar de la derecha podemos ver tres hornacinas, las cuales están ocupadas por la Virgen del Carmen en el centro, a la derecha santa Clara de Montefalco, y en la izquierda san Nicolás de Tolentino, santos agustinos los dos.
El altar de la izquierda tiene también tres hornacinas, ocupadas por el Sagrado Corazón de Jesús en el centro, a la derecha san José, y a la izquierda santa Rita de Casia,
Mucha de la madera para la fabricación de los retablos fue acarreada desde las riberas del río Tajo, llegando a pesar algunos troncos más de 80 arrobas. En esta labor participó todo el pueblo, tanto con sus trabajos como con sus animales.
Terminados los retablos se empezó a dorarlos, cosa mucho más cara que su construcción. Fue el dorador don Francisco Baliño, de Madrid, el cual cobró por el dorado 64.000 reales de vellón. Además de esto cobró en octubre de 1705, otros 10.000 reales por obras de dorado, pintado y estofado en el presbiterio de la Imagen del Cristo.
Así mismo se compraron en Madrid las imágenes de san Miguel, que valió 2.500 reales, santo Tomas de Villanueva y santa Rita de Casia, las cuales importaron 1.400 reales cada una.
Todo este dinero, en su gran mayoría provenía de las dotes y testamentos de las monjas del convento. Así como benefactores de familias nobles y acomodadas, las cuales hacían mandas y capellanías.

LA REJA Y EL PÚLPITO
Cerrando el crucero del cuerpo de la iglesia se encuentra una gran reja de hierro fundido, la cual se realizó en el año 1713. Para su fabricación se pensó en unos talleres de Vizcaya, pero otros opinaban que se realizara en Serradilla y se abarataría el coste. Al final se realizó en Talavera de la Reina. La reja está adornada con ángeles, floreros, cipreses, águilas y el escudo de la Orden. Una corona con una cruz remata el centro de la reja.
En esta reja se solían colgar los exvotos por los favores conseguidos.
El púlpito esta construido de hierro forjado y es contemporáneo de la reja. Lleva una inscripción que dice:
“Este púlpito dieron de limosnas los devotos de la santa imagen para el Convento de las Madres Recoletas de la Serradilla





SEMBRANDO INQUIETUDES. A.C.P. PEDRO DE TREJO

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Jose Antonio:Médico. Pedro:Industrial,Documentalista. Pero sobre todo, y desde hace cuatro décadas, personajes incansables rescatando el recuerdo de nuestras raíces culturales. Nuestro deseo es compartir esa experiencia, con el ánimo de continuar con la herencia de nuestros antepasados.